Todo lo se

Las primeras veces siempre son difíciles, sea lo que sea. A mí, por ejemplo, hacer entrevistas de trabajo me costó mucho ídem por que, como todo en mi vida, llegó de madrazo.

Como en los memes que circulan en la red, "será fácil", decía mi jefe. "Tu nada más invéntate un ejercicio de código y uno de base de datos para ponérselos al chico que vamos a entrevistar mañana que no sea tan básico", decía mi jefe. "Vamos". "VAMOS", decía mi jefe.

La palabra me retumbaba un poco en la cabeza de regreso a la casa, debo confesar. Como sea, estaba lloviendo y al río de coches no se le veía fin, así que entre que me hacía pipí (y no se si de nervios), platicaba con amigos desde el celular y tenía frío le empecé a dar vueltas a dos ejercicios que mostraran, al mismo tiempo, que conoces el lenguaje, tienes lógica e imaginación, sabes algo de lo más nuevo en los frameworks, y capacidad de escuchar el problema completo sin que fuera algo verdaderamente manchado -el amigo a entrevistar debía tener nivel de junior.

Al día siguiente estuve puntual. Un poco sudado de haber corrido para llegar con diez minutos de anticipación, pero todo en orden. Mi jefe no llegaba pero el entrevistado ya estaba ahí con su cara de nervioso tomando con fuerza el folder con su currículum... yo mismo estaba así no hacía 15 días.

Pasé a la sala donde me había confrontado mi ahora jefe y traté de guardar la compostura lo más posible. Después de todo, ¿qué hacía yo ahí? ¿Yo, decidiendo quién quedaba y quién no? ¿Basado en qué? ¿Mis muchos años de estar en estos desmadres? ¿Acaso lo sabía todo, o debía de actual como tal?

Estaba en Babaria cuando llega el jefe. Me saluda, deja su mochila y me pregunta que si estoy listo. Mi pancita decía que no, pero tuve que poner la cara que ponía mi mamá cuando las cosas se ponían color de hormiga y dije muy resoluto "sí, cuando quieras".

Todos hemos sufrido las entrevistas de trabajo. Algunas más que otras (y algunos de nosotros más que otros de ustedes, también). Pero estar del otro lado y saber que tienes que ver desde la actitud del cuerpo con las preguntas hasta la respuesta en sí sin parecer que estás juzgando teniendo poker face todo el tiempo es verdaderamente cansado. Y cruel, sobre todo cuando corriges los ejercicios y ves la cara de frustración y de "¡es verdad!" de la gente.

Ya casi para terminar la entrevista entra el chico de Recursos Humanos con un folder y le hace señas a mi jefe, que sale. Mis 1.62 de estatura dando explicaciones sesudas de por qué el boxing es necesario se estremecieron tantito, pero seguí cual catedrático omnisciente hasta que mi jefe regresa y nos pone atención antes de hacer una pregunta del código y mandarnos a sentar. Ésta entrevista casi se acaba.

¿"Ésta"? : el folder misterioso era de otro chico que había venido ese mismo día a hacer entrevista. Así a la de sin susto.

Total que se va uno y entra otro, como escorts de catálogo (me han contado). Mismo ritual: nos presentamos, pedimos el CV (que ya venía en el folder... ¿por qué hacerlo a uno imprimir doble?), y empezamos con las preguntas de donde habías estudiado el kinder y como te ves de viejito sin dientes antes de pasar a los ejercicios; que como se quedaron en la paredpizarrón ahora la idea era que nos dijera el candidato B qué carajos quiso hacer el candidato A.

¿Más entrevistados? Cómo no, que no se note la pobreza. CUATRO entrevistas de una hora y pedacito, con cinco minutitos de chisme entre entrevistadores acerca de cómo vimos a quien se acaba de ir con cara de susto. No les haré el cuento (más) largo (aún), pero con todos pasó el mismo numerito de "¿cuándo saliste?" "¿cuáles son tus fortalezas?" "¿qué opinas del conflicto del Medio Oriente?" y tal.

Se acabaron los postulantes y viene lo divertido: quién es el rival más fuerte. Pero como fueron muchos, había que escoger a dos.
Entró el mismo chico de RRHH de hace como 20 líneas y empezó a platicar con mi jefe de los tres jóvenes y el señor que acaban de ocupar nuestra mañana. Yo los oía y asentía como Japón me enseñó hasta que me preguntaron "¿y tu qué opinas?". Di mi opinión de A, de B, de D y mejor omitimos a C que a nadie nos cayó bien.

"Ok. ¿Y con quién te quedas?" Reflector sobre Toño.

No se si puse cara de horror, pero sí sentí el impulso de aventarme por la ventana. Yo tenía que decidir que en el equipo de trabajo al menos uno de ellos se quedara y los demás no. Creo que ya no juego a esto, ¡me quiero salir!

Miradas de hambre y cansancio de los dos enfrente de mí.

-"Eh... este... bueno... pues creo que ~ lo hizo muy bien en ~. Si tuviera que elegir [que no quiero >.<] me quedaría con él".
>"Ya estás, y yo con ~ por que ~"
*"Si, a mí también se me hicieron los mejorcitos. Entonces les marco a ellos y luego a los otros dos para decirles que no se quedaron" 
...DE LA MANERA MÁS FRESCA. Lo que hace la costumbre, carajo.

Tres de la tarde, gente. Estamos desde las diez de la mañana haciendo preguntas y yo desde las 7 sin comer. Y no teníamos a la mano ni unas galletitas, carajo.

Pues ya que estamos vestidos y con zapatos, ¿por qué no esperamos a la jefa de Recursos Humanos y nos vamos todos a comer?

A veces se nos olvida que la gente con la que trabajamos son humanos, como con los maestros. Van al cine, tienen hambre, tienen problemas, tienen planes, dicen groserías... y todo eso fue la definición de la plática en la comida con mi jefe y el equipo de Recursos Humanos.
Me enteré, por qué no, antes que nadie de la hora y lugar de la cena de fin de año y los bretes para conseguir el espacio. Que se iban a ir a un concierto la jefa y el jefe junto con otra chica de la oficina. Que las clases de idioma no le entran a Perenganita pero ni por favor.

A mí todo me llega de madrazo, les digo.

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Oyendo: Soul hunter - Friends



De como Ghibli le deja enseñanzas a uno

Creo que soy el único por aquí que no había visto "Kiki's delivery service" hasta ahora. No me peguen, solo no se había podido.
Pero las cosas pasan cuando tienen que pasar, no antes ni después. Y así sucedió con Kiki.

En el muy remoto caso de que alguien más no la haya visto, independientemente de recomendarla mucho (es de las películas más fáciles de ver de Estudio Ghibli y es terriblemente divertida) solo diré que me vi proyectado clarito cuando una (en gran parte) desconocida, Úrsula, le da un discurso acerca de encontrar las motivaciones que le faltaban a Kiki y como el secreto radica en encontrarlo dentro de uno mismo y no por fuera y básicamente en no dejarse vencer. El final de la película lo sumariza todo y no puedo negar que se me salió alguna lágrima por ahí.

Quien tuvo la mala fortuna de platicar conmigo las dos semanas anteriores sabrá que era un huracán de malas vibras y, fiel a mi costumbre, no me lo quedaba para mí. Todo salió de la peor forma posible.

Pero justo después de ver a Kiki darse de topes en la misma pared que yo y salir con mucho menos apoyo externo que yo pero con más fuerza de voluntad sí me hizo pensar que el enfoque que había tenido estuvo mal desde... bueno, quizá desde que regresé de Japón.

Aparentemente el efecto fue inmediato. Voy cada vez mejor de la infección terrible del estómago que me está acosando, tengo más propuestas de trabajo y, al final, tengo la mente clara acerca de qué quiero y como quiero llegar ahí.

Propósito, que le dicen.

Acuérdense que el Universo toma nota de todo lo que hacemos y pensamos. La energía que le mandamos se nos regresa... en nosotros está la calidad de la energía que tenemos.


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Oyendo: Tunacola - Sol



Libélulas

Hace algún tiempo estuve en un grupo de danza con el que tuve la suerte de conocer Corea del sur debido a un concurso internacional acompañado de una pequeña gira por varias ciudades.

La ciudad sede del concurso, Cheonan, está llena de jardines y parques y la mayor parte de las actividades se harían al aire libre para aprovechar los foros amplios. La gira ya fue reseñada ampliamente en Twitter con correspondencia en Facebook y en este su blog suyo de ustedes. Pero lo que viene a continuación no lo había puesto hasta hoy.

En el segundo día que llegamos a esa bonita ciudad nos llevaron a reconocer el espacio donde serían las presentaciones finales, claro, en medio del parque más grande del lugar, Samgori. Entre mediciones de entradas y salidas, selfies y fotos de las flores salió de atrás de una fuente una libélula de escamas tornasol. Cuando una amiga la señaló, el director se limitó a decir "Son de la suerte. No se les vaya a ocurrir molestarla, déjenla volar" y como si nos estuviera oyendo se alejó rápido del grupo de 20 extranjeros.

Lo que no nos dijo el director es que aparentemente cuando se alejan también se llevan la bendita suerte que se supone que tienen. Todo lo bien que nos habían salido las funciones de gala de las dos semanas pasadas nos falló en los días del propio concurso: se olvidaron entradas y salidas, se olvidó (o cayó) utilería y hasta dos de los bailarines fueron a parar al hospital.

Sin embargo, y seguramente debido a lo bien que lo hicimos en las otras funciones, pudimos quedar entre los diez países finalistas, y aunque eran buenas noticias el ánimo estaba por los suelos. Con tantas fatalidades y a pesar de las porras que nos echaban algunos de los voluntarios, un día antes de la ronda final todo lo que queríamos era terminar y salir de ahí. Teníamos dos semanas de descanso en Seúl al día siguiente de terminar la competencia y de ahí solo quedaba regresar a casa.

Como fuera, llegó el último día completo de nuestra visita a Cheonan. Al día siguiente tendríamos los videos para regodearnos en nuestro dolor. Por ahora, a esperar nuestro turno, el sexto según había salido en el sorteo, y la pesadilla habría pasado.

Pasaban país tras país. Acabando las presentaciones se oían aplausos, cada vez más entusiastas, y detrás del escenario la tensión crecía hasta que al fin le tocó el turno a México. En uno de los momentos de cambios rápidos (donde por cierto le di espectáculo premier a las chicas de un país de medio oriente, que no sabían si taparme o taparse los ojos) pasó lo extraordinario: de entre el vestuario que había dejado en una banca detrás del escenario salió la misma libélula de cuatro días antes y extrañamente nos quedamos viendo por unos segundos. El brillo sostenido de sus escamas era hipnotizante.

Solo hasta que oí mi nombre en la angustiada voz de un compañero reaccioné y jalé con ganas de la camisa donde estaba parada la libélula, que tuvo que salir volando a la fuerza una vez que hubo regresado la suerte que se llevó.

Esa función, la última de México, fue prácticamente perfecta: coreografía precisa, vestuario completo, manos seguras para la utilería, el ánimo al tope de todos los mexicanos arriba del escenario y el poderoso aplauso de 2,000 personas que reconocían nuestro trabajo. Al fondo, en la cabina de audio, se veía la pequeña figura del director con una mano secándose las lágrimas y nuestro guía, Sun, brincando de emoción. Para cuando nos alcanzó detrás del escenario no nada más ellos dos, si no todos nosotros con la adrenalina al tope por haber hecho, en el último jalón, un gran trabajo.

El daño, desafortunadamente, ya estaba hecho y si bien no logramos el primer lugar quedamos en un decoroso quinto sitio, junto con el reconocimiento del alcalde de la ciudad y de compañías profesionales de danza además de invitaciones a varios festivales por los siguientes dos años.

En un giro raro del destino lo que pintaba para ser una historia triste se convirtió en fiesta esa noche y más celebración regresando a nuestro país. La vida me llevó por otros rumbos y tuve que salirme de esa compañía, pero entiendo que aún ahora debido a ese raro empuje de suerte ellos se van una vez al año de gira por el mundo.

Y yo, cada que me encuentro con una libélula me detengo a verla y decir "gracias" por lo bajito aunque parezca loco.

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Oyendo: Megaman X - Spark Mandrill



¿Más vale solo?

El lunes de hace dos semanas me diagnosticaron en la oficina con rinofaringitis alérgica, que para como me sentía yo pensé que era un eufemismo de "te quedan dos semanas de vida". Tanto así, que el día siguiente no fui a trabajar y básicamente fui un mueble consumekleenex de mi casa. Ese mismo martes mi familia me suelta la noticia de que como a mi hermano le dieron vacaciones en el trabajo se iban a ir tres días fuera empezando... el miércoles. Si yo hubiera tenido 10 años y 400 antibióticos menos el viernes hubieran encontrado mi casa peor que la del proyecto X.

Pero no. Entre la temperatura y mi sentido de la responsabilidad hice mi rutina tal como todos los días: pararme 5:30 a.m. y regresar cerca de las 8 p.m. a dar de cenar, cenar yo, lavar los tres pinchurrientos trastes que usé, preparar mis cosas del otro día y llorar en mi cama quedarme dormido viendo una película. Sin embargo, debo reconocer que tres días de vivir solo me recordaron que del otro lado del mundo actué el papel y me salió bastante bien. Exceptuando la parte donde hay que cocinar, me gusta mucho esto de llegar a casa y no encontrarte a nadie.

Debería salirme del departamento donde estamos ahora (que ya más que departamento de familia parece dormitorio de estudiantes), yo lo se, pero la cosa es que aún con peleas y GRANDES diferencias de opinión quiero mucho a mi familia y fue de lo que más me costó dejar cuando me fui a Japón. Ser responsable de las cosas que haces, compras, usas o comes es divertido aunque parezca pesado, pero también está padre llegar cansado después de un día pesado y tener con quien platicar cosas que a otras personas no tendrías la confianza de contar.

Como sea, pasaron los tres días sin novedad en el frente y justo JUSTO cuando decidí portarme "mal" (intenté visitar lugares non santos que, por fortuna, estaban cerrados) acabé regresando empapado, tarde y enojado. Sin embargo, al entrar a la casa y oir la televisión prendida tuve una sensación rara entre "Están invadiendo mi espacio" y "¡Qué bueno! ya regresaron".

De ahí para acá he escuchado la misma historia del viaje (con escenas editadas y material nunca antes visto) contada como 15 veces y aunque es tedioso los tengo de regreso y me da gusto que estén acá. Se oye un poco de vida en la casa.

Ya saben todos que me fui a Guadalajara con miras a quedarme allá y acabé regresando, pero al final teníamos mi hermano y yo algunas pláticas por Skype o Facetime y hablaba con mi papá por teléfono seguido, que es como lo mismo pero más barato. El día que de verdad me vaya y no vuelva no se que vaya a pasar. De mis amigos tengo experiencias mezcladas,a ver qué pasa con la mía.

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Oyendo: Disparaste a matar - Paulino Monroy



Postales

Si usted no lo sabe, en 2011 tuve la fantástica oportunidad de viajar a Corea del sur para participar en una competencia internacional de danzas folklóricas. Fue un viaje un poco accidentado pero muy divertido que ya fue narrado por aquí.

Corea me dejó muchas cosas, pero lo más valioso que obtuve de estar allá fueron amigos desperdigados por el globo.

No muchos (nunca se me dio ser súper amiguero) pero los que tengo son grandes personas con las que comparto, primeramente, el gusto por bailar. La plática (un poco rota por las horas raras en las que podemos estar en contacto) ha demostrado que tenemos más cosas en común.

Especialmente con uno la comunicación es de lo más curiosa: me mando postales con el.

Sí, postales. Cuadritos de cartón con imágenes y un parrafito escrito a mano por atrás.

En estos tiempos modernos de comunicación instantánea parece una locura usar un medio que tarda a veces hasta dos meses en llegar, pero tiene un encanto especial escoger una postal, elegir lo que vas a escribir a manita (ya que no cabe todo lo que quisiera uno decir), tomarse el tiempo de ir a la oficina, comprar un timbre y repetir cada tanto el ritual de señalar en el mapa la ubicación y responder "sí, hasta allá", pegar la estampita, meter la misiva en el buzón y esperar a que llegue. Quiero pensar que de su parte pasa más o menos lo mismo y me da emoción saber que lo que recibo fue seleccionado casi como un regalo.

Mientras estuve en Japón mandé tres postales que fueron recibidas con mucha alegría, o eso quiero pensar. Y sí, al amigo con el que me carteo (curioso verbo) también le mandé su postal de Kioto.

La sensación de recibir una postal, a estas alturas, es rara. Es como un regalo recurrente: si no reviso yo el buzón y la veo, mi papá lo hace y la deja en la mesa, esperando a que llegue y yo ponga cara como de que acabaran de llegar los Reyes Magos o algo así. La leo, reviso la ilustración, me planteo seriamente ir a conocer ese lugar en algún momento de la vida y la guardo en el cajón de los regalos especiales. Acto seguido empiezo a pensar en qué postal le voy a enviar que diga algo de mi país o mi ciudad.

Con otro amigo (con quien también me escribo por Facebook) acabo de empezar a hacerlo igual. Sospecho que me va a dar mucha risa decirle a la vieja mal encarada de Sepomex "no, ahora no es acá; es aquí" alternando cada dos meses.

Placeres pequeños y anacrónicos de la vida, pues.

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Oyendo: a la gata roncar.



30 cosas (muy inútiles) que (no) necesitaban saber de mí.

Ya que nadie se dignó invitarme a la bonita moda de las 10 cosas de mí repartidas en tres tandas (putos ¬¬), me autoinvito, como Maléfica.
ACLARO, antes de que digan "ay qué hueva con tu post", si se aburren se vale cerrar la pestaña. No me enojo.

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1. Siempre siempre SIEMPRE quise tener un segundo nombre, y normalmente la gente que no me conoce supone que me llamo José Antonio. Casi le atinan, pero mi papá no quiso por que cuando era niño tenía un vecino que se llamaba así y era re puto... oh wait.

2. Hablando del tema, tuve solo dos novias antes de ver al novio de mi mejor amiga de la secundaria bastante guapo y decidir que ese bien podría ser mi camino (el señorito era capitán del equipo de fútbol y aunque a la distancia no es atractivo tenía las piernas del millón, así quién no).

3. Si ahora me enferma ver faltas de ortografía en publicaciones, especialmente de amigos o conocidos, antes lloraba cuando las veía. Bueno no llorar, pero si gritaba.

4. Me gusta más el acento británico que el americano en el inglés.

5. De igual manera el humor, y sospecho que por eso me aburrí como vil ostra las dos semanas que duré en Estados Unidos.

6. No me se estar quieto, y no tiene que ver necesariamente con estar en movimiento. Aún sentadito viendo una película estoy pensando en la escena, la música, el diálogo, la iluminación, eso estaría padre si uno lo pudiera hacer en la vida real, lo que tengo que hacer mañana, como se llamaba esa canción que escuché en la mañana y probablemente planeando la hora de dormir. Quiero ver el primer valiente que me logre hacer que ponga la "mente en blanco".

7. Tengo un caso ligero de claustrofobia. Por supuesto, fue una completa pesadilla cuando me tuvieron que meter en una máquina para tomografías. Dos veces. En una casi me salgo a la mitad.

8. Hablando de trastornos nerviosos, también soy un poco hiperactivo (muerdo todo lo que sea mordible) y me da por organizar las cosas, aún las ajenas (creo que eso es T.O.C.). Ya me ha causado problemas, claro.

9. A partir de que mi mamá murió, para estar más cerca de mi papá me empecé a interesar en el futbol y ahora puedo decir que me gusta verlo pero no soy exactamente fan.

10. Me da la más grande de las flojeras bailar Jalisco o Veracruz académico/Sotavento.

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11. Tengo una obsesión con encontrar gente zurda. Obsesión, no pendejadas: voy por la vida viendo la mano que más mueven las personas.

12. Casi no lloro; bostezo en su lugar.

13. Empiezo una cosa y la dejo a la mitad para seguir otra. Este era el punto 6, por ejemplo.

14. Me gusta aprenderme los nombres completos de la gente a mi alrededor, y salvo raras excepciones le digo a la gente por su nombre o hipocorístico (el "nombre cortito", pues) y no por su apodo, o su apellido.

15. Asocio números con colores. Y van cambiando.

16. Los idiomas "raros" (coreano, hebreo, hindú, rumano) me llaman la atención. Los comunes (francés, italiano, and the like) me dan una flojera INMENSA.

17. Si algo no me gusta acerca de mí es verme en video. En foto no tengo problema.

18. Tiendo a asociarme con gente sumamente extrovertida para que no se note que yo no lo soy.

19. Tuve pesadillas la noche del día que vi por primera vez un fatality de Mortal Kombat (el de Sub-zero, para ser exactos).

20. Mi primer beso sí fue de película: fue en el cine del W.T.C. cinco minutos antes de empezar "Mi vecino el asesino" ("The whole nine yards") con Bruce Willis... zurdo, claro.

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21. No es jalada: después de regresar de Japón yo sí pienso en tres idiomas. Aunque lo haga mal.

22. Pero eso no significa que pueda hablarlos con fluidez. Ni el español. Pienso más rápido de lo que lo puedo poner en palabras y -en una analogía burda- ese tren se descarrila de tanto aumentarle y quitarle vagones antes de que llegue a la estación.

23. Tengo cuatro enfermedades crónicas perfectamente identificadas. A tres las tengo al margen, una me sigue ganando la batalla.

24. Tengo el peor timing del mundo para hablar por lo bajo. Pero así malo con ganas.

25. (Vea el punto 13, por favor) Que no llore seguido no significa que en algunos momentos no especialmente sensibles se me salga alguna lagrimita.

26. Me apasiona saber el origen/etimología de las palabras.

27. Algo que siempre he querido hacer (pero se que jamás podré) es doblaje.

28. Empecé a usar lentes en la universidad, después de rogar por un examen de la vista al mes de dolor de cabeza imparable cuando leía.

29. Los tres segundos al año que verdaderamente no hago nada estoy en modo automático. Así, floto por la vida. Toño necesita una cantidad no tan moderada de estrés para funcionar.

30. Soy la peor persona para autoestudiar que se puedan encontrar.

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Y pues ya, no prometo escribir más seguido pero se hará lo posible.

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Oyendo: Astrud con el col·lectiu Brossa - Hay un hombre en España



Miedo

Hablando con un ex novio salió el tema de que tengo un poco de miedo de lo que viene para mí en la vida. El chaparrito me responde esto: "¿Te digo algo? se me hace raro oirte decir 'me da miedo'; tengo la idea que eres de esas personas que no tiene miedo."

No voy a mentir, es una fama que me he ganado a pulso. Otro amigo me ha descrito incluso como "insensible"... si bien la realidad es bastante diferente.

En algún temblor en la secundaria en el que ayudé a evacuar, la maestra de la clase donde nos agarró (el temblor) lo describió a la perfección: "uno tiene que ser fuerte y reaccionar, aunque se esté haciendo pipí de los nervios".

Incluso en lo que más me gusta hacer, que es bailar en un escenario, soy el primero en calmar a la gente que va a bailar conmigo aunque yo le esté rezando a Yisuscráist, Vishnú y Buda juntos y ya estando arriba vea a un punto no fijo directamente enfrente de mí (gracias, técnicas teatrales) por que cuando veo a alguien especial en el público me equivoco, como ya ha pasado varias veces.

Especialmente tengo problemas cuando hablo enfrente de mucha gente. Por cuestiones de trabajo me ha tocado ser intérprete arriba de un escenario y la parte más difícil no es escuchar (o hablarle) a quien debo ofrecer el servicio, si no hacerlo enfrente de 500+ personas que quieren saber qué dijo su ídolo o quieren que lo que ellos sienten por el/ella sea transmitido con fidelidad.

Pero no nada más se trata de presentaciones en público; cualquier cambio en mi vida (como dije en la primera línea de este proyectado post) me aterra durísimo, empezando en cambios de escuela pasando por mudanzas DENTRO DE LA MISMA COLONIA, un nuevo trabajo, un cambio de hábitos o que me diagnostiquen alguna enfermedad que yo no haya tenido contemplada.

Por eso siempre trato de tener el control de todo, para que lo que sea que venga ya no me agarre por sorpresa. Claramente he fallado en mi intento de dominaciDigo, de controlar todas las variables a mi alrededor, y aunque ya me he relajado bastante, aun hoy puedo decir que el futuro incierto y yo no somos amigos. Ni nos saludamos, pues.

Sin embargo, cuando todo pasa (o todo ha caído estrepitosamente) me procuro un lugar y un momento solo -donde no me vea nadie conocido, al menos- y lloro, al menos una vez por mes, como Shakira. Creo que solo me he derrumbado bien enfrente de tres personas y no es algo de lo que me encante hablar.

Hablando se entiende la gente, dice el dicho, pero para mí no vale eso. De modo que la próxima vez que me vean, un abrazo tronador (o un besote ídem, dependiendo de quien sea) se agradecerán bastante. En mi caso necesito cosas un poco más concretas todo el tiempo.

En serio, todo el tiempo tengo miedo y necesito un abrazo. Aunque los haga a un lado (salvo que no me dejen respirar o algo así).

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Oyendo: Guardians of the Galaxy (es muy divertido ver a Batista hablar como todo un caballero en inglés)



Peligro: no se acerque

Hay días en los que nada sale. Pero el lunes esto rayó en el exceso.

Todo pintaba para ser un buen día, iba a ir por el finiquito de hace dos trabajos y regresaría al que tengo actualmente. Nada muy fuera de la rutina pero con el agregado del dinero las cosas siempre se ven más bonitas.

Iba tarde para llegar puntual a las 9 de la mañana a donde recogería mi cheque, así que aventé mi comida al morral y corrí para alcanzar el pesero. Aquí es donde la diversión comienza.

Quiero poner mi último descubrimiento musical en el celular y no lo encuentro. "Bueno, pongamos a ~". No está. "Mmm... entonces Hikaru". Tampoco. Pongo algo (lo que fuera) y me doy cuenta que mi celular tenía nada más 165 canciones. Casualmente, solo las que he comprado a través del teléfono. Las otras dos mil, desaparecidas. Claro, no me iba a regresar a ponerle algo más, así que hice puchero y seguí corriendo.

No estoy seguro de haber dejado al DF con tanta gente o tanto tráfico cuando me fui a Guadalajara, pero desde hace dos semanas parece que regalan algo en la calle. El lunes no fue la excepción y obvio, tanto la calle como el metro estaban a reventar.

Llegué al metro 40 minutos antes de las 9, y me faltaba atravesar la ciudad. No me iba a esperar al siguiente tren, de modo que me aventé cual Niño héroe hacia adentro del vagón. Caí en blandito y luego no: una panza amortiguó la empujadera y un codo frenó mi avance.

Al final de este no tan breve pero accidentado recorrido en metro llegué a esa oficina cerca de la 9:30, la hora a la que estoy llegando a donde estoy trabajando ahorita. Todavía esperé por mi cheque y fui a depositarlo. Terminando el movimiento, nomás por pura curiosidad, revisé mi saldo en el cajero y... no había mucha diferencia de como estaba hace veinte minutos. Espantado, molesto y nervioso por llegar súper tarde a mi oficina volví a hacer fila para mentarle la madre al cajero por no depositar mi cheque completo. El cajero (que se ve que ya tenía callo en estos desmadres) me explica muy calmado que no, el cheque está completo ahí pero que "por seguridad" en el cajero sólo se muestra cierta cantidad. Un coraje y 20 minutos después salí de la sucursal para volverme a enfrentar al metro de camino a mi trabajo actual.

Dentro del metro, yo luchaba por mi vida cuando una doña sacó su bolsa de entre la masa de gente con tal fuerza que me pegó a mí en la barbilla y con el rebote le pegué a alguien atrás de mí en la cabeza. Este día, definitivamente, la traía contra mí.

Bueno, salí del metro (¡A Dios gracias!) y me enfilé a mi trabajo.
Para estas alturas hasta mi maestro de Japón sabe que la oficina donde estoy no me gusta, pero sobre todo no me gusta que mi jefa cuestione TODAS las decisiones que tomo con mi chamba, máxime que con los demás es bastante alivianada.

Con todo y que avisé que iba a llegar tarde, la mujer me vio con ojos de infinito desprecio que verdaderamente me costó trabajo pasar por alto. El horno no estaba para bollos en ese momento.
Pero cual si fuera a propósito, me llama ¡para regañarme! ¡y por cosas que ella me indicó que hiciera!

-Toño, es la tercera vez que te digo que no hagas esto así
>Pero así me pediste que lo hiciera.
-¿Yo? ¿Cuando?
>Cuando te pregunté cómo guardar estos archivos de aquí y me dijiste que con estos de acá.
-...
> :) ?
-...pues seguramente te confundiste. Para esos hay una tarea especial.
>¿Ah si? ¿Cual?
-Pues la... la... laaaaaa...
> :) ?
-...ah. No hay. Pero tu debiste haberme dicho que no tenías una tarea especial.
>Te lo pregunté. ¿Te acuerdas? [Además es tu trabajo, pinche vieja]
-Uh. Pues la hago ahora. Además hay otra cosa. Acuérdate de no ligar llamadas desde aquí hasta acá, hay una capa en medio.
>Sí, X ya me había dicho y está solucionado desde la semana pasada.
-Pues siguen apareciendo.
>¿En serio? ¿Donde?
[busca en el código]
> :) ?
-... eh, no hay. Pero tienes que tener cuidado con esas cosas.
>Sí, no te apures. ¡Muchas gracias!

Toño 3, jefa 0. Algo de luz iluminaba mi día.

O no. Quiero comprar un disco desde la iTunes store para variarle al pop español que me acompañó desde las 7:30 de la mañana y me dice que no tengo saldo suficiente. El depósito que hice desde la semana pasada no aparece en mi cuenta. Hay que hablar al banco para hacer la aclaración.

Llega la hora de la comida y voy a comer al minicomedor que tienen ahí. Todo ocupado por las chicas que trabajan con el cliente en pleno chisme, así que no me iba a quedar ahí, pero pude calentar mi sopita para irme a comer a mi lugar -algo que ya me habían dicho que no hiciera pero tampoco quería estar ahí en medio de la plática. Llego con mi sopa a mi lugar y la jefa sigue ahí. Obvio, viene el regaño.

-Te sugiero que no comas acá, ya nos han regañado por el olor a comida.
>Yo se, pero está todo el cliente en el comedor, no estaría padre comer allá.

Por fortuna, en ese momento las chicas sueltan una carcajada que hasta espantó a las palomas del árbol de afuera.

-Pues igual no puedes comer aquí.

No soy de aquí ni soy de allá, como en la canción. Mi única solución, para no morir de hambre, era tragarme la sopa como pollito y salir a comerme el atún a la fuente que está cerca (así, además, podría hablar para la aclaración). Pues como lo digo, me tragué la sopa, saqué los datos para la aclaración y cuando voy a sacar el atún siento el morral mojado. Nomás meto la mano y siento el tupper empapado además de un olor que de salir del tupper estaría bien padre, pero de la tela no.

La tapita estaba mal puesta y llevaba así desde las 7:30 a.m. Otro frustrante caso de "no puedo hacer nada" para el día. Como fuera, el morral se lavaría en la noche pero me preocupaba mucho que mi dinero desapareciera.

Así fue como mi alma Godínez se llenó de orgullo cuando salí con el tupper de la comida a comer en la fuente de Circuito Ámsterdam mientras hablaba al banco entre bocado y bocado. Mi foto podría haber salido en la extinta Orgullo Godínez, pues.

Como fuera, estaba comiendo rodeado de condeseros y oficinistas intentando no manchar el papelito de los datos de mi cuenta para hablar al banco. Cuando por fin me pude comunicar, el menú automático me pide una contraseña que no me acordaba que necesitaba. Pensé que la de siempre funcionaría pero como Pedro, tres veces me negó (aunque ahora fue nomás el acceso). Después del tercer intento, banco al fin, mi tarjeta se bloquea y no podría hacer nada hasta el día siguiente -tiempo suficiente para acordarme del bendito password o suplicar en una sucursal, lo que pasara primero.
Este día lleno de frustraciones y mala pata verdaderamente no podría ir a peor.

¿No? Masticando un popote (que es lo que hago para controlar la ansiedad o controlar el impulso de mentar madres) siento un crac en la boca seguido de algo demasiado duro. Sí amiguitos, como me había pasado años antes, me rompí un pedazo de diente por hacer algo contra el impulso de estallar en ira. Ya, definitivamente, o saliendo me atropella el metrobús o la mala suerte de mi día terminaría ahí mismo.

Por suerte alguien allá arriba se apiadó de mí y, aunque tarde, llegué sano y salvo a mi casa a trabajar, pelearme con iTunes y tratar de ubicar y volver a meter las canciones que se perdieron en ese aciago día.

Soy fiel creyente en que no hay mal que por bien no venga, así que sigo esperando ganarme la lotería. Pero mientras, con las muchas chambas que tengo (y los amigos que me aguantan) estoy bien.

Hasta que en serio no me explote una bomba o el siguiente temblor nos mate a todos.

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Oyendo: No confíes en mí - Camilo séptimo.