30 cosas (muy inútiles) que (no) necesitaban saber de mí.

Ya que nadie se dignó invitarme a la bonita moda de las 10 cosas de mí repartidas en tres tandas (putos ¬¬), me autoinvito, como Maléfica.
ACLARO, antes de que digan "ay qué hueva con tu post", si se aburren se vale cerrar la pestaña. No me enojo.

--

1. Siempre siempre SIEMPRE quise tener un segundo nombre, y normalmente la gente que no me conoce supone que me llamo José Antonio. Casi le atinan, pero mi papá no quiso por que cuando era niño tenía un vecino que se llamaba así y era re puto... oh wait.

2. Hablando del tema, tuve solo dos novias antes de ver al novio de mi mejor amiga de la secundaria bastante guapo y decidir que ese bien podría ser mi camino (el señorito era capitán del equipo de fútbol y aunque a la distancia no es atractivo tenía las piernas del millón, así quién no).

3. Si ahora me enferma ver faltas de ortografía en publicaciones, especialmente de amigos o conocidos, antes lloraba cuando las veía. Bueno no llorar, pero si gritaba.

4. Me gusta más el acento británico que el americano en el inglés.

5. De igual manera el humor, y sospecho que por eso me aburrí como vil ostra las dos semanas que duré en Estados Unidos.

6. No me se estar quieto, y no tiene que ver necesariamente con estar en movimiento. Aún sentadito viendo una película estoy pensando en la escena, la música, el diálogo, la iluminación, eso estaría padre si uno lo pudiera hacer en la vida real, lo que tengo que hacer mañana, como se llamaba esa canción que escuché en la mañana y probablemente planeando la hora de dormir. Quiero ver el primer valiente que me logre hacer que ponga la "mente en blanco".

7. Tengo un caso ligero de claustrofobia. Por supuesto, fue una completa pesadilla cuando me tuvieron que meter en una máquina para tomografías. Dos veces. En una casi me salgo a la mitad.

8. Hablando de trastornos nerviosos, también soy un poco hiperactivo (muerdo todo lo que sea mordible) y me da por organizar las cosas, aún las ajenas (creo que eso es T.O.C.). Ya me ha causado problemas, claro.

9. A partir de que mi mamá murió, para estar más cerca de mi papá me empecé a interesar en el futbol y ahora puedo decir que me gusta verlo pero no soy exactamente fan.

10. Me da la más grande de las flojeras bailar Jalisco o Veracruz académico/Sotavento.

--

11. Tengo una obsesión con encontrar gente zurda. Obsesión, no pendejadas: voy por la vida viendo la mano que más mueven las personas.

12. Casi no lloro; bostezo en su lugar.

13. Empiezo una cosa y la dejo a la mitad para seguir otra. Este era el punto 6, por ejemplo.

14. Me gusta aprenderme los nombres completos de la gente a mi alrededor, y salvo raras excepciones le digo a la gente por su nombre o hipocorístico (el "nombre cortito", pues) y no por su apodo, o su apellido.

15. Asocio números con colores. Y van cambiando.

16. Los idiomas "raros" (coreano, hebreo, hindú, rumano) me llaman la atención. Los comunes (francés, italiano, and the like) me dan una flojera INMENSA.

17. Si algo no me gusta acerca de mí es verme en video. En foto no tengo problema.

18. Tiendo a asociarme con gente sumamente extrovertida para que no se note que yo no lo soy.

19. Tuve pesadillas la noche del día que vi por primera vez un fatality de Mortal Kombat (el de Sub-zero, para ser exactos).

20. Mi primer beso sí fue de película: fue en el cine del W.T.C. cinco minutos antes de empezar "Mi vecino el asesino" ("The whole nine yards") con Bruce Willis... zurdo, claro.

--

21. No es jalada: después de regresar de Japón yo sí pienso en tres idiomas. Aunque lo haga mal.

22. Pero eso no significa que pueda hablarlos con fluidez. Ni el español. Pienso más rápido de lo que lo puedo poner en palabras y -en una analogía burda- ese tren se descarrila de tanto aumentarle y quitarle vagones antes de que llegue a la estación.

23. Tengo cuatro enfermedades crónicas perfectamente identificadas. A tres las tengo al margen, una me sigue ganando la batalla.

24. Tengo el peor timing del mundo para hablar por lo bajo. Pero así malo con ganas.

25. (Vea el punto 13, por favor) Que no llore seguido no significa que en algunos momentos no especialmente sensibles se me salga alguna lagrimita.

26. Me apasiona saber el origen/etimología de las palabras.

27. Algo que siempre he querido hacer (pero se que jamás podré) es doblaje.

28. Empecé a usar lentes en la universidad, después de rogar por un examen de la vista al mes de dolor de cabeza imparable cuando leía.

29. Los tres segundos al año que verdaderamente no hago nada estoy en modo automático. Así, floto por la vida. Toño necesita una cantidad no tan moderada de estrés para funcionar.

30. Soy la peor persona para autoestudiar que se puedan encontrar.

--
Y pues ya, no prometo escribir más seguido pero se hará lo posible.

---
Oyendo: Astrud con el col·lectiu Brossa - Hay un hombre en España



Miedo

Hablando con un ex novio salió el tema de que tengo un poco de miedo de lo que viene para mí en la vida. El chaparrito me responde esto: "¿Te digo algo? se me hace raro oirte decir 'me da miedo'; tengo la idea que eres de esas personas que no tiene miedo."

No voy a mentir, es una fama que me he ganado a pulso. Otro amigo me ha descrito incluso como "insensible"... si bien la realidad es bastante diferente.

En algún temblor en la secundaria en el que ayudé a evacuar, la maestra de la clase donde nos agarró (el temblor) lo describió a la perfección: "uno tiene que ser fuerte y reaccionar, aunque se esté haciendo pipí de los nervios".

Incluso en lo que más me gusta hacer, que es bailar en un escenario, soy el primero en calmar a la gente que va a bailar conmigo aunque yo le esté rezando a Yisuscráist, Vishnú y Buda juntos y ya estando arriba vea a un punto no fijo directamente enfrente de mí (gracias, técnicas teatrales) por que cuando veo a alguien especial en el público me equivoco, como ya ha pasado varias veces.

Especialmente tengo problemas cuando hablo enfrente de mucha gente. Por cuestiones de trabajo me ha tocado ser intérprete arriba de un escenario y la parte más difícil no es escuchar (o hablarle) a quien debo ofrecer el servicio, si no hacerlo enfrente de 500+ personas que quieren saber qué dijo su ídolo o quieren que lo que ellos sienten por el/ella sea transmitido con fidelidad.

Pero no nada más se trata de presentaciones en público; cualquier cambio en mi vida (como dije en la primera línea de este proyectado post) me aterra durísimo, empezando en cambios de escuela pasando por mudanzas DENTRO DE LA MISMA COLONIA, un nuevo trabajo, un cambio de hábitos o que me diagnostiquen alguna enfermedad que yo no haya tenido contemplada.

Por eso siempre trato de tener el control de todo, para que lo que sea que venga ya no me agarre por sorpresa. Claramente he fallado en mi intento de dominaciDigo, de controlar todas las variables a mi alrededor, y aunque ya me he relajado bastante, aun hoy puedo decir que el futuro incierto y yo no somos amigos. Ni nos saludamos, pues.

Sin embargo, cuando todo pasa (o todo ha caído estrepitosamente) me procuro un lugar y un momento solo -donde no me vea nadie conocido, al menos- y lloro, al menos una vez por mes, como Shakira. Creo que solo me he derrumbado bien enfrente de tres personas y no es algo de lo que me encante hablar.

Hablando se entiende la gente, dice el dicho, pero para mí no vale eso. De modo que la próxima vez que me vean, un abrazo tronador (o un besote ídem, dependiendo de quien sea) se agradecerán bastante. En mi caso necesito cosas un poco más concretas todo el tiempo.

En serio, todo el tiempo tengo miedo y necesito un abrazo. Aunque los haga a un lado (salvo que no me dejen respirar o algo así).

---
Oyendo: Guardians of the Galaxy (es muy divertido ver a Batista hablar como todo un caballero en inglés)



Peligro: no se acerque

Hay días en los que nada sale. Pero el lunes esto rayó en el exceso.

Todo pintaba para ser un buen día, iba a ir por el finiquito de hace dos trabajos y regresaría al que tengo actualmente. Nada muy fuera de la rutina pero con el agregado del dinero las cosas siempre se ven más bonitas.

Iba tarde para llegar puntual a las 9 de la mañana a donde recogería mi cheque, así que aventé mi comida al morral y corrí para alcanzar el pesero. Aquí es donde la diversión comienza.

Quiero poner mi último descubrimiento musical en el celular y no lo encuentro. "Bueno, pongamos a ~". No está. "Mmm... entonces Hikaru". Tampoco. Pongo algo (lo que fuera) y me doy cuenta que mi celular tenía nada más 165 canciones. Casualmente, solo las que he comprado a través del teléfono. Las otras dos mil, desaparecidas. Claro, no me iba a regresar a ponerle algo más, así que hice puchero y seguí corriendo.

No estoy seguro de haber dejado al DF con tanta gente o tanto tráfico cuando me fui a Guadalajara, pero desde hace dos semanas parece que regalan algo en la calle. El lunes no fue la excepción y obvio, tanto la calle como el metro estaban a reventar.

Llegué al metro 40 minutos antes de las 9, y me faltaba atravesar la ciudad. No me iba a esperar al siguiente tren, de modo que me aventé cual Niño héroe hacia adentro del vagón. Caí en blandito y luego no: una panza amortiguó la empujadera y un codo frenó mi avance.

Al final de este no tan breve pero accidentado recorrido en metro llegué a esa oficina cerca de la 9:30, la hora a la que estoy llegando a donde estoy trabajando ahorita. Todavía esperé por mi cheque y fui a depositarlo. Terminando el movimiento, nomás por pura curiosidad, revisé mi saldo en el cajero y... no había mucha diferencia de como estaba hace veinte minutos. Espantado, molesto y nervioso por llegar súper tarde a mi oficina volví a hacer fila para mentarle la madre al cajero por no depositar mi cheque completo. El cajero (que se ve que ya tenía callo en estos desmadres) me explica muy calmado que no, el cheque está completo ahí pero que "por seguridad" en el cajero sólo se muestra cierta cantidad. Un coraje y 20 minutos después salí de la sucursal para volverme a enfrentar al metro de camino a mi trabajo actual.

Dentro del metro, yo luchaba por mi vida cuando una doña sacó su bolsa de entre la masa de gente con tal fuerza que me pegó a mí en la barbilla y con el rebote le pegué a alguien atrás de mí en la cabeza. Este día, definitivamente, la traía contra mí.

Bueno, salí del metro (¡A Dios gracias!) y me enfilé a mi trabajo.
Para estas alturas hasta mi maestro de Japón sabe que la oficina donde estoy no me gusta, pero sobre todo no me gusta que mi jefa cuestione TODAS las decisiones que tomo con mi chamba, máxime que con los demás es bastante alivianada.

Con todo y que avisé que iba a llegar tarde, la mujer me vio con ojos de infinito desprecio que verdaderamente me costó trabajo pasar por alto. El horno no estaba para bollos en ese momento.
Pero cual si fuera a propósito, me llama ¡para regañarme! ¡y por cosas que ella me indicó que hiciera!

-Toño, es la tercera vez que te digo que no hagas esto así
>Pero así me pediste que lo hiciera.
-¿Yo? ¿Cuando?
>Cuando te pregunté cómo guardar estos archivos de aquí y me dijiste que con estos de acá.
-...
> :) ?
-...pues seguramente te confundiste. Para esos hay una tarea especial.
>¿Ah si? ¿Cual?
-Pues la... la... laaaaaa...
> :) ?
-...ah. No hay. Pero tu debiste haberme dicho que no tenías una tarea especial.
>Te lo pregunté. ¿Te acuerdas? [Además es tu trabajo, pinche vieja]
-Uh. Pues la hago ahora. Además hay otra cosa. Acuérdate de no ligar llamadas desde aquí hasta acá, hay una capa en medio.
>Sí, X ya me había dicho y está solucionado desde la semana pasada.
-Pues siguen apareciendo.
>¿En serio? ¿Donde?
[busca en el código]
> :) ?
-... eh, no hay. Pero tienes que tener cuidado con esas cosas.
>Sí, no te apures. ¡Muchas gracias!

Toño 3, jefa 0. Algo de luz iluminaba mi día.

O no. Quiero comprar un disco desde la iTunes store para variarle al pop español que me acompañó desde las 7:30 de la mañana y me dice que no tengo saldo suficiente. El depósito que hice desde la semana pasada no aparece en mi cuenta. Hay que hablar al banco para hacer la aclaración.

Llega la hora de la comida y voy a comer al minicomedor que tienen ahí. Todo ocupado por las chicas que trabajan con el cliente en pleno chisme, así que no me iba a quedar ahí, pero pude calentar mi sopita para irme a comer a mi lugar -algo que ya me habían dicho que no hiciera pero tampoco quería estar ahí en medio de la plática. Llego con mi sopa a mi lugar y la jefa sigue ahí. Obvio, viene el regaño.

-Te sugiero que no comas acá, ya nos han regañado por el olor a comida.
>Yo se, pero está todo el cliente en el comedor, no estaría padre comer allá.

Por fortuna, en ese momento las chicas sueltan una carcajada que hasta espantó a las palomas del árbol de afuera.

-Pues igual no puedes comer aquí.

No soy de aquí ni soy de allá, como en la canción. Mi única solución, para no morir de hambre, era tragarme la sopa como pollito y salir a comerme el atún a la fuente que está cerca (así, además, podría hablar para la aclaración). Pues como lo digo, me tragué la sopa, saqué los datos para la aclaración y cuando voy a sacar el atún siento el morral mojado. Nomás meto la mano y siento el tupper empapado además de un olor que de salir del tupper estaría bien padre, pero de la tela no.

La tapita estaba mal puesta y llevaba así desde las 7:30 a.m. Otro frustrante caso de "no puedo hacer nada" para el día. Como fuera, el morral se lavaría en la noche pero me preocupaba mucho que mi dinero desapareciera.

Así fue como mi alma Godínez se llenó de orgullo cuando salí con el tupper de la comida a comer en la fuente de Circuito Ámsterdam mientras hablaba al banco entre bocado y bocado. Mi foto podría haber salido en la extinta Orgullo Godínez, pues.

Como fuera, estaba comiendo rodeado de condeseros y oficinistas intentando no manchar el papelito de los datos de mi cuenta para hablar al banco. Cuando por fin me pude comunicar, el menú automático me pide una contraseña que no me acordaba que necesitaba. Pensé que la de siempre funcionaría pero como Pedro, tres veces me negó (aunque ahora fue nomás el acceso). Después del tercer intento, banco al fin, mi tarjeta se bloquea y no podría hacer nada hasta el día siguiente -tiempo suficiente para acordarme del bendito password o suplicar en una sucursal, lo que pasara primero.
Este día lleno de frustraciones y mala pata verdaderamente no podría ir a peor.

¿No? Masticando un popote (que es lo que hago para controlar la ansiedad o controlar el impulso de mentar madres) siento un crac en la boca seguido de algo demasiado duro. Sí amiguitos, como me había pasado años antes, me rompí un pedazo de diente por hacer algo contra el impulso de estallar en ira. Ya, definitivamente, o saliendo me atropella el metrobús o la mala suerte de mi día terminaría ahí mismo.

Por suerte alguien allá arriba se apiadó de mí y, aunque tarde, llegué sano y salvo a mi casa a trabajar, pelearme con iTunes y tratar de ubicar y volver a meter las canciones que se perdieron en ese aciago día.

Soy fiel creyente en que no hay mal que por bien no venga, así que sigo esperando ganarme la lotería. Pero mientras, con las muchas chambas que tengo (y los amigos que me aguantan) estoy bien.

Hasta que en serio no me explote una bomba o el siguiente temblor nos mate a todos.

---
Oyendo: No confíes en mí - Camilo séptimo.



Los tres días más espantosos del año

Este año estuvo como para borrarlo de los anales de la historia. Pero justo ahora que se está terminando se puso peor de lo que yo mismo hubiera pensado.

Empecemos por el principio...

-Viernes-

El proyecto donde estoy va mal. Mal mal mal. No hay organización, el arquitecto nos trata con infinito desprecio, y nuestro líder de equipo brilla por su ausencia.
Eso (y que es diciembre y estoy lejos de casa para no volver), aunque no es justificación, ha hecho que esté especialmente sensible y, pobre del novio, lo he recargado todo con él.
Sabemos que vivir con alguien que no sea tu familia (y a veces con ellos) es difícil: hay que poner de acuerdo varias voluntades, a veces opuestas, para llegar a un punto en común. La cosa es que yo no había estado dispuesto a hacer eso, y hasta había estado MUY molesto cuando el pobrecito quería hacer algo por mí.

Esto llegó a su límite cuando en un intento de no perder la cordura decidió ignorarme mientras me deshacía la cabeza con preocupaciones que, a la distancia, no eran para tanto. Estoy de acuerdo en que no era la mejor técnica para lidiar conmigo -que soy de carácter... especial-, pero también asumo que reaccioné de una manera que si me lo hubieran hecho a mí llegando a la casa ya hubiera encontrado sus cositas en la calle.

Con todo, me esperó a que saliera de trabajar. El camino me sirvió para enfriar la cabeza un poquito, pero necio como soy seguía insistiendo que todo era su culpa.

Llegué a dormir. A las 12 de la noche tenía un camino estúpidamente largo que recorrer y quería hacerlo en las mejores circunstancias posibles. Desperté cuando oí un ruido en la puerta, y bajé cual rayo a ver si era el o la gata quería entrar. El muchacho, con cara de enojo y tristeza, iba saliendo en su coche a una posada y yo me quedé en la puerta sin mucho qué decir; de verdad no encontraba las palabras.

Y no las encontré. Traté de dormir, pero el asunto me seguía dando vueltas en la cabeza. Como pude dormité un rato, lo suficiente para no estrellarme en la carretera. Salí a comprar un regalo que le había prometido a un amigo y regresé a poner el coco en blanco. Ya para estas alturas la gravedad del berrinche que hice empezaba a pesar.

11 p.m. y el señor no aparecía. Le marqué algunas veces y la llamada se cortaba. "Está enojado", pensó Toño y como lo he visto enojado sólo dos veces me cayó como balde de agua fría el solo imaginármelo. Ya me sentía verdaderamente arrepentido.

A los quince minutos marca y contesté cual si me hablara el Papa.
-¿Donde andas?
>Saliendo. Ya casi llego.
-Sale, porque ya casi me voy.
>¿No te ibas a las 12?
-Sí, pero pensé en irme antes si todavía no me contestabas.
>Ah, es que donde estábamos no hay señal.

Para no hacer el cuento largo, hablamos un poco antes de irme. Un poco que se tradujo en treinta minutos más de lo que tenía planeado para salir.

De modo que pasamos al...


-Sábado-

Puse rumbo al D.F. el sábado a las 12:30 a.m. después de que el angelito me acompañara a abrirme la reja de la cerrada. Pasé primero a cargar gasolina (y revisar los niveles), y me aventuré a pasar por Morelia y parte del Estado de México en la madrugada sin escalas.

Manejar en carretera es de las cosas que más me relajan en la vida, y teniendo de compañeras a las estrellas tuve mucho, mucho tiempo para pensar.

Las únicas paradas que hice fueron en las casetas, un poco para estirar las piernas, otro para quedarme en la lela cinco minutos a ver las estrellas (no puedo decir suficiente qué hermosas se ven cuando no hay ciudades cerca), y otro poquito para dejar descansar el coche (el mismo que se quedó camino a Monterrey hace dos años, era mejor tener cuidado).

En alguna carretera hubo un retén. Ahí pasó esto:
-Buenos días joven. ¿A dónde va?
>Al D.F.
-¿De dónde viene?
>De Guadalajara.

Eso fue, por mucho, lo más extraño que he tenido que decir en dos meses. Desde luego, implica que ya vivo en Guadalajara y es algo que no había tenido en claro, quizá, hasta ese momento. Impactado por mi propia respuesta seguí mi camino. Faltaban algo así como cinco horas para ver tierras conocidas.

Mientras amanecía en carretera (un verdadero deleite que poca gente quiere tener) y me moría de frío, pensé un mucho en todo lo mal que me había portado hasta entonces. No es jalada, me he pasado de lanza aún cuando él ha hecho lo imposible por aguantar mi mal humor y mi energía guardada de no haber bailado en casi tres meses. Para cuando llegué a Atlacomulco y la niebla no dejaba ver a más de 3 metros adelante llevaba siete horas continuas de darle vueltas al mismo asunto.

Como sea, a las 8 a.m. me encontré en ese espantoso nudo que se llama Central de Autobuses Poniente (aka Observatorio). A finales de diciembre, por supuesto, los policías estaban vigilando con ojo de halcón, así que nomás me vieron me hicieron orillarme.

-Dígame oficial.
>Joven, ¿sabe por qué lo detuvimos?
-La verdad no oficial.
>Pues su vehículo no circula hoy. Esto amerita que lo recojamos y pase por él el lunes.

No podía ser peor, lo juro. El mismo poli me preguntó que por qué circulaba el coche si sabía que no podía y le dije la verdad (Vengo de Guadalajara, salí a las 12 de la noche y de lo último que me acordé fue del Hoy no circula). Sospecho que entre eso, y mis ojos de "máteme ahora por favor" la Navidad invadió su cuerpo y se portó buena onda: solo me puso la infracción mínima y me mandó ya fuera a un estacionamiento o derechito hasta Coapa por donde no me pudieran ver. Desde luego no iba a pagar multa + estacionamiento + transporte hasta esas tierras lejanas casi a media noche y decidí arriesgarme a llegar a mi casa.

El Cielo estaba especialmente bondadoso ese día y pude llegar a Coapa a las 9 a.m. después del viaje más torturo (y de los más bonitos) que he hecho en carretera.

Pero las sorpresas no paraban. Una situación familiar hizo que tuviera, eh, familia en la casa y entre dar explicaciones y contar cómo me va por acá hicieron que fuera medio pegando un ojo cerca de la una de la tarde. Desperté, me bañé y salí a imprimir mi pase de abordar a dos cuadras de mi casa.

Mientras iba caminando, tuve una sensación que no le deseo a nadie. Veía las casas, la gente, los coches y las calles que vi 30 años, y no sentí que perteneciera allá. Eran conocidas, pero no eran mías, como cuando vas de vacaciones a un lugar que has visitado hasta el cansancio. Podría uno decir que es porque ahora soy tapatío adoptado y Chapalita es el place-to-be, pero no. A dos meses (y después del shock de la madrugada), apenas estoy empezando a procesar que, para bien o para mal, vivo acá pero todavía no es MI lugar. Me sentí perdido en la inmensa nada, como si fuera un exiliado político que no tiene a donde llegar ni puede regresar de donde vino. No ayudaba el hecho de que el problema de familia hiciera que yo haber manejado nueve horas para ver a mi papá y platicar con él pasara al último plano. Fui (y me hice) virtualmente invisible el resto de la tarde. Deseé no haber hecho el viaje, y creo que fue lo que más me dolió de todo el fin de semana.

Para la noche, mi hermano y su novia me invitaron al cine. La que queríamos ver estaba tardísimo (y yo tenía un compromiso) así que escogimos la que no estaba tan tarde: Birdman.

Es una buena película, lo admito, pero no era la mejor decisión dado mi estado de ánimo. Aunque cuando salí tenía cara de zombie y mi hermano me preguntó como 400 veces qué tenía y dije que no sabía, sí lo sabía bien: la depresión de Riggan Thomson solo se emparejaba con la que tenía yo.

Así es amiguitos: llevaba deprimido dos meses y no lo sabía. Tan no lo sabía, que de repente todo fue claro: el comportamiento osco, el mal humor, los berrinches, las ganas de no estar en ningún lado, el discutir y discutir y discutir de pendejadas que tenían arreglo rápido. Pero como me pasa siempre en estos casos, una vez que supe dónde estaba parado empecé a salir poco a poco. Afortunadamente vi a un amigo saliendo del cine que me alegró un poco y regresé a la casa a dormir en la cama de mi hermano (ya que la mía había sido raptada).

-Domingo-

La mañana pasó sin muchos contratiempos. Seguía, sin embargo, sin poder platicar con mi papá y eso me daba mucha lata. Pero no había mucho tiempo para lamentarse: mi avión salía 4:30 p.m. y ya eran las 2:15. Tenía que estar en el aeropuerto en una hora para documentar.

Arturo Senna se encargó de ello. Me despedí de el y de su novia mientras bajaba corriendo para ir por mi pase de abordar y guardaba los dulces del aguinaldo para el novio y para mí -quizá la mejor manera de llegar y pedir disculpas que se me hubiera presentado. Pase de abordar, check. Sala de espera, check. Pinche puerta de abordaje al otro lado del chorizo que es el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, no check.

Y ahí va un Caballero del Zodiaco con su mochila blanca corriendo y elevando su Cosmo para que no se le cruzara nadie y llegara a tiempo. Como pude llegué y descargué mis muchos kilos de mochila en el asiento del avión mientras me dispuse a ver las pistas mientras el avión despegaba.

En algún momento del vuelo me dí cuenta que no imprimí la hoja que decía que había pagado el transporte del aeropuerto a la central de autobuses, y me paré a preguntarle a una aeromoza qué podía hacer en ese caso. Que lo imprima en la ventanilla de la aerolínea aterrizando, dijo. Bueno, dije yo, y me senté.

Aterrizamos, fui a la mentada ventanilla y ya no alcancé el camioncito. El siguiente saldría en cuarenta minutos, tiempo suficiente para ir al Oxxo por unas papas y un agua...

¿Si? La pinche cartera no apareció. Saqué, cual vendedor ambulante, todo mi puesto en el estacionamiento del aeropuerto. Dos Paletas Payaso por aquí, unos chones allá, un frasquito de café colombiano comprado en Cuba de este lado. Nada. Tenía treinta minutos para encontrar la cartera o me iría caminando desde la central.

Le marqué al novio con tal angustia que él mismo se preocupó. "Si no la encuentras paso por ti", me dijo el angelito y yo me sentía más mal de haberme portado tan patán todo este tiempo. En la ventanilla no estaba, entonces había de dos: la perdí bajando del avión... o seguía allá. Que pase con el supervisor a ver qué se puede hacer, me dijo el del booth. Paso pues, y me dice "Uy joven, ya están abordando el avión. Esperemos que alguien la haya reportado."

Se me cayeron los calzones al piso. Un poco por reconocerme pendejo y otro tanto no por las tarjetas (se pueden cancelar), si no por la licencia de conducir permanente. Eso de renovarla cada tres años me iba a dar una hueva...

...pero con tanta fortuna que la gente en Guanatos es honrada. Sí, el animal de su servidor la dejó en el avión y sí, un honesto la reportó. Apenas me la dieron corrí a alcanzar el camión, que estaba a punto de salir.

Dos horas y media más tarde metí la llave en el domicilio conocido de Parques de Zapopan con la convicción que hacer las paces y, sí, de reencontrarme y al mismo tiempo encontrar un lugar más al que pueda llamar "casa".

Y así como estuve atrayendo puras cosas negativas estos dos meses, nada más me puse en paz conmigo mismo y el lunes siguiente alguien se apiadó del proyecto y empezó a notarse un poco más de organización y apoyo de parte de mi empresa. Además, los tres días que vi al novio bastaron para quererlo aún más y llegar a la conclusión de querer llegar a acuerdos con él.

Pero para esto, hubo que pasar un fin de semana de puritito miedo.


--
Oyendo: Jóga - Björk (cover de Ane Brun)



Hueles a limpia tierra mojada

-"¿A qué vas para allá? Los Zetas están terribles de aquel lado"
-"Con mucho cuidado por favor, no andes en la calle muy noche"
-"¿Pero por qué para allá? ¡Los conciertos suceden aquí!"
-"Allá es un pinche pueblo, te vas a aburrir"
-"El transporte es culerísimo, el del DF te va a parecer de lujo"

Y sin embargo, acá estoy. No puedo decir que sin miedo, pero definitivamente no es miedo a que me levanten (aunque si lo hacen dos o tres que he visto camino al trabajo yo me pongo flojito), si no miedo a fallar.
Mucha gente recibió como una sorpresa amarga que me viniera a trabajarvivir a Guadalajara, pero, en lo que a mí respecta, no es muy distinto a cuando me fui a estudiar a Japón y allá lo pasé increíble. Por supuesto que extraño a mi familia y a mis amigos, pero estamos a ocho horas en autobús o una en avión si algo urgente sucede. Además, como le digo a cualquiera que me reclama por no marcarle por teléfono, el mismo trabajo cuesta ir de aquí para allá que de allá para acá.

Guadalajara no es un pueblo perdido a la mitad de la nada, como me lo planteó mucha gente. Obviamente es más chiquito que la segunda ciudad más grande del mundo (duh) pero la Zona Metropolitana de Guadalajara tiene zonas bien padres y lugares con mucha, muchísima gente: ¿qué tal Chapalita, el centro, la avenida/corredor turístico de Chapultepec, el centro de Zapopan? Mis fuentes me platican que Tlaquepaque (de cuyas alfarerías salió mi hermano) es muy bonito también.

Estoy de acuerdo que por cada cinco conciertos que hay en el DF hay uno acá, pero eso significa que ya están escogiditos y que no habrá tanto tráfico para pasar el Azteca, el Auditorio o el Palacio de los rebotes.

La mar de calor de este lado del país, eso sí. Tanto, que cuando hubo nueve grados la semana pasada la muchachada salió con guantes, gorro y bufanda y yo sólo con una sudaderita, en modo fresco... porque a las cinco le vengo manejando los 26-27 grados y ellos en casual mientras yo sudo la gota gorda.

No gente, no hay soldados en cada esquina de Guadalulú ni han aparecido algunos colgados en los puentes (al menos en lo que he estado acá). Me sentí más en tensión la semana que nos quedamos varados en Monterrey, donde a cualquier hora se oían pasar las patrullas hechas la raya. A lo más a lo que llegamos es a la viejita neurótica que se metió en sentido contrario en vía rápida porque YOLO y, lógico, hizo carambola con los desafortunados conductores que venían en el sentido correcto.

No se si tiene que ver con el tamaño de la ciudad, pero he visto mucho mucho MUCHO extranjero aquí. Simplemente en mi trabajo hay dos paquistaníes, al menos un gabacho y como sepetecientos hindús. La ciudad está llena de lugares de comida china, y hay escuelas de idiomas por todos lados, no nada más de inglés o francés, al menos una escuela promete doce idiomas entre los cuales están -Dios quiso- coreano y japonés. Y no nomás nativos de Extranjia: como en la curiosa combinación Puebla-Veracruz-Tabasco, acá llega gente de Sinaloa, Sonora, Aguascalientes, Durango y un compa de Tijuana, por lo que de acentos ni hablemos.

Tanto extranjero, creo, es la causa de que acá todavía haya Caesar's palace (que en el DF intentó entrar y no se pudo), hartos Carl's jr, Olive garden y Wrocco wrowers, por mencionar algo.

Claro, como en todos lados, la ondita regional es para volarte la cabeza si no pones atención. Las tortas, a menos que sean ahogadas, no son tortas, sino lonches, entonces perfectamente te puedes llevar un lunch con lonche. Los jugos no se venden en vasito abierto, si no en botellas (con tapa y todo). Si en la calle se ve un letrero que diga "biónicos" no venden cyborgs clandestinos, más como ¡cocteles de frutas! (habráse visto). Ya me advirtieron que "amiga" te prende el foquito rojo de chilango en la cabeza inmediatamente, acá se les dice "mijas". Por todos lados oigo "pinshi" y entre que me da risa y me jalan de los pelitos de la nariz.

Pero no todo es tan bonito como las jericallas. No exactamente hay escorpiones del tamaño de una mano, pero las chinches están por todos lados... enchinchando (mal chiste, ya se). Los mosquitos sí son del tamaño de la película Caveman, sin embargo.

¡Atuk!

En general hay poco transporte, pero del que hay no es todo malo, depende de la ruta (y del camión y del conductor). Hay algunas rutas "de lujo" con asientitos forrados y tele -pero si no voy al DF joven, nomás a Zapopan- que cuestan el doble que un camión normal. Muy guapos, sí, pero si hablamos de que el camión acá cuesta SEIS pesos así vayas al siguiente semáforo o de base a base, pagar 12 es de ricos y poderosos. Y esa es la mejor opción, pues mis fuentes me dicen que las dos (próximamente tres) líneas de tren ligero (no es metro, por favor) cuestan el simpático precio de siete pesotes. ¡Y los #posmesalto protestando porque el metro (sin el cual el DF no viviría) cuesta cinco! Eso, sospecho, hace que Guadalajara sea, como leí en algún lado, "la ciudad más motorizada del país" pero el tráfico no es nadita como en el DF, por alguna razón.

En general, como ven amiguitos, no es una mala decisión venir para acá. Solo es superar el "El DF es EL place-to-be en México" y darle chance a los cuates de provincia. Como nos pasó a los chicos que nos fuimos a Japón, se lleva uno gratas y no tan gratas sorpresas, pero es lo que les vas a contar a tus nietos cuando ya no te puedas mover. Lo único que podemos hacer para mejorar es poner una sucursal del Jarocho en Plaza del sol, un Gandhi grande en... algún lado y ya estamos hechos.

En cualquier caso, para mí pasar dos veces al día por la Minerva es una chulada.

---
Oyendo: Brusher patrol - Bastion OST



No se si dar las gracias

Pasa que cuando uno está de viaje en un lugar al que normalmente no va, todo mundo tiene una (o dos o veinte) peticiones que hacer.

Entonces, al momento llevo, además de mi ropa, dos playeras, un control remoto, un celular, una funda de celular, unos audífonos y dos lápices labiales. Sí, oyó usted bien, dos lipsticks. No está mal que le pidan cosas a la gente que viaja (yo mismo lo he hecho algunas veces), pero hacerlo a la mitad de un viaje de trabajo pidiendo cosas MUY específicas es una mentada de madre.

La historia es como sigue: cierta persona que conozco creyó que era una buena idea que pagara un taxi de ida y uno de regreso a una tienda a media hora de mi hotel para conseguir unos lipsticks para su novia. Pero además la señorita (la novia), que es de gustos refinados, quería alguna de dos marcas muy nice o nada, y dentro de esas dos marcas había dos tonos que le hacían ojitos. Todo lo cual, claro, pedido con un "pero solo si puedes" al mejor estilo del Gato con botas por la señorita (el novio).



Yo que soy pendejo pero voy a misa pedí una transferencia por adelantado. Solo faltaba que los pusiera yo y me los pagaran cuando fuera al D.F. Se acordó que el movimiento se haría en la tarde (misteriosamente el banco decidió que sábado en la mañana era un buen momento para hacerle mantenimiento a su sitio) pero para las 4 p.m. no había noticias, de modo que yo seguí en las labores propias de mi sexo (o sea, estaba lavando ropa) y no salí a ningún lado.

El lunes, pues. Una vez más, en la más brutal de las casualidades, la transferencia "no cayó" y todo apuntaba a que las dos señoritas solicitantes se la iban a pelar. Pero como la fortuna es más perra que uno el compa con el que vine de trabajo quería ir al mall más cercano y preguntó si yo también quería ir. Por las razones que quieran me daba MUCHA flojera ir a aguantar gabachos odiosos solo y dije que sí. Lo peor que puede pasar es que nomás me de una vuelta en vano.

Nos dio aventón un gordito de la oficina y, la verdad sea dicha, nos aventó en la puerta. Todo un mall a la mitad de la carretera para nosotros solitos.

Nos metimos al centro comercial por un Sears. En lo que el vato (es de Tijuana) buscaba tenis yo buscaba el área de maquillaje, que acabó siendo una mini islita en medio de la ropa.

Nada para nadie. Salimos para adentro (es decir, salimos de Sears por dentro del centro comercial) y en lo que el se metía a una tienda especializada yo me separé para buscar un mapita del lugar. No lo encontré a la primera, pero me topé con JCPenney, Macy's y Nordstrom, pero en ningún pinche lugar vendían MAC. Hasta que ahí a lo lejos, en Dillard's, a punto de cerrar, encontré el apartado de Makeup Art Cosmetics.

Muy bonito todo, tengo la repisa de labiales enfrente... ¿cuál chingados quería?
Entre tanto ver los labiales esperando que me acordara de milagro de los tonos se me acerca la chica a cargo del área y me pregunta si estoy bien o necesito algo. No hubo testigos afortunadamente, pero sospecho que me puse del tono fucsia del labial que estaba tomando en ese momento.

Llamada rápida internacional. Que tampoco se acuerda, que me manda la imagen. Dos minutos y nada. Le quiero volver a marcar y mi teléfono me manda por las cocas, sospecho que por falta de saldo internacional o algo. Las dependientas despidiéndose y yo perdiendo mi zen poco a poco.

En ese momento, caídas del cielo, aparecieron tres rayitas de internet en mi teléfono. ¡Había Wifi libre! Mandé mensajes como si no hubiera un mañana -y en un sentido estricto no lo habría, yo pensaba no volver a salir tan pinche lejos del hotel en la semana como no fuera al centro por una chela.- Ahí la cosa cambió, el novio empezó a mandar mensajes como si estuviera pidiendo que lo salvaran del Ébola. Pero lo bueno es que me llegaron las fotos de los tonos y me barrí en safe antes de que cerraran.

-Si, estos dos. 
-¿Algo más? 
-Nada más, muchas gracias. 
-Perfecto, son 34 dólares.

¡Jesucristo del huerto! Si nomás quiero las barritas, no el spa incluido. Pero bueno, no lo voy a pagar yo al final del día, así que apliqué el plan Z del viaje... la tarjeta de crédito.

-Gracias por su compra,que tenga un buen resto del día.

Voy a tener un buen día cuando vea esos 34 dólares en mi cuenta, antes lo dudo. Pero ya tenía demasiado sueño hasta para enojarme, lo único que quería era encontrar a Efr...
Pero a Efrén lo dejé 30 minutos y 476 tiendas atrás, y no tengo su celular. Entonces no queda otro remedio que caminar hacia el último lugar donde lo vi, a ver si de casualidad sigue probándose tenis.

En la planta alta no estaba el joven, así que a huevo debería estar en la planta baja, pero con el tobillo que aún me duele no iba a bajar escaleritas de caracol y volverlas a subir a menos que fuera absolutamente necesario. Va todo de regreso pero fijándose en el piso de abajo.

En cualquier otra circunstancia no me alteraría este curioso hecho, pero aquí el agravante es que no traía suficiente dinero para tomar el taxi de regreso y básicamente dependía del vatillo para no dormir cobijado por las chamarras de las tiendas. Al final nos encontramos a la mitad pero en planos diferentes.
Dos tiendas más (una de ellas de cremas y joterías para las señoritas -aparentemente las novias son muy malinchistas-) y nos subimos a cenar al área de comida rápida.

La cara de destrucción de los dos era de notarse. El domingo cambió el horario de verano en estos desiérticos lares de la tierra y llevábamos nueve horas de quebrarnos el coco. Al menos yo estaba a punto de quedarme dormido encima del teriyaki con sabor a plástico.
Muertos por el día de hoy nos enfilamos a la salida cuando nos cayó el veinte que esto no era Perisur: aquí no hay sitio de taxis a la salida (máxime que de verdad el centro comercial está a la mitad de una carretera interestatal). ¿Qué hacemos? ¿Ofrecemos sexo a cambio de que nos lleven de perdida cerca del hotel?

No (por ahora). El tijuanense emérito trae celular de Estados Unidos y con lo poquito que le quedaba de saldo marcó a un sitio de taxis para que pasara por dos mexicanos con bolsitas con tinta color rosa parados a un lado de "Abuelo's - Mexican restaurant" para llevarlos a su hotel. Las aventuras de Priscilla, reina del desierto, pues.

Y cuales señoritas de moral cuestionable, estábamos parados en el inmenso estacionamiento, con un helado, enfrente de una troca que traía narcocorridos a todo volumen.

El taxi llegó a los veinte minutos. Pero si usted pensó que este desmadre había acabado, ¡error! El camerunense que venía al volante hablaba español y le iba al América por el simple hecho de que habían fichado a Kalusha Bwalya hace veinte años. Sabía (mejor que Efrén) fechas y nombres de efemérides de México y de verdad fue la cerecita del pastel de este día digno del mejor trip ácido que hayan tenido sus Mercedes.

Si hoy sueño con estelantes y guartas no me va a caer de extraño. Son de esas cosas que uno TIENE que contarle a los hijos en su momento, pero por ahora ustedes tienen la primicia.

Además, este viaje internacional no había tenido mucho chiste. Porque no es viaje hasta que no te subes a una ambulancia de urgencia, pierdes un vuelo al otro lado del país, o vas cazando lipsticks en lunes a las siete de la tarde.

---
Oyendo: Icona pop - I love it



Guadalajara: el primer fin de semana


Algo que se me olvidó decir en el post pasado es que pasando una caseta (si no mal recuerdo, la de Tepatitlán) había un retén de la policía federal. Por supuesto, un chico guapo viajando solo en un Stratus despierta muchas suspicacias. Para no tardarnos mucho y entrar por completo en el fin de semana dejémoslo en que la revisión se hizo mucho más corta cuando el poli que empezó a checar mi coche vio mi OST de Final Fantasy VII y empezamos a platicar del juego.

Ahora sí: el sábado. Yo, para variar, me levanté estúpidamente temprano y me dispuse, como siempre, a hacerme de desayunar... salvo que no sabía muy bien qué había para el desayuno en esta casa nueva. Así que solo me hice un café, digamos, de modo artesanal y me subí a prender mi compu y ver videos en Youtube. Al poco tiempo Raúl despertó y las cosas se aceleraron. Le pregunté qué fregados se desayuna en esta casa y propuso desayunar en el tianguis, aprovechando que tenía que ir por el filtro de agua de la nueva integrante de la casa, una tortuga. Bonita casa de freaks: dos ingenieros, una gata y una tortuga.
La agenda del día estaba llena y como que no me emocionó el plan, pero era más el hambre que la voluntad y acepté ir.

Al final fue una buena decisión. Desayunamos allá, pero también compramos fruta, ate, queso y algunas cosas que me hacían falta a mí, como un peine y un reloj. Una jericalla se coló en las bolsas. Íbamos a comprar el filtro pero a Rulo se le acabó el dinero y tuvimos que regresar a la casa.

Ida y regreso. Tiempo de hacer el quehacer, en la tarde iba a haber una fiesta. Así que nos pusimos nuestro cosplay de chacha y empezó la barredera, la trapeadera y la cambiada de agua para la Torta (la tortuga, que es como llamar a los tacos Takeshis).

La gente llegaba a las 4, pero antes que eso teníamos dos tasks más que completar, ir en camión a mi trabajo (para medirle el agua a los camotes) y comer, mismos que fueron hechos en cabal orden. Esa fue mi primera vez, y no dolió como pensé que iba a pasar. El lonche (una vil torta) que me comí estaba bastante bueno.

Regresamos a las 4:30 y en menos de lo que puedes decir "all the single ladies" el primer invitado avisó que ya estaba cerca. En lo que yo me metí a bañar Rulo fue por el y cuando llegaron yo ya estaba en toalla completamente sexy. En realidad no, solo tenía el cabello mojado y bajé a recibirlos. La demás gente no tardaría en llegar y decidimos ir por el súper y las pizzas en lo que bien podría llamarse "tres mujeres atacan Zapopan".

Cuando llegamos, las trompetas celestiales (o los gritos de "¡no mames, me vas a ganar!") anunciaban que la fiesta de cumpleaños de Raúl era una reunión geek como hacía años que no veía.

Cuatro jugando Smash, otros dos jugando Pokémon y por allá otros de(s)velopers platicando entre ellos. El cielo, pues. Me presentaron con quien no me conocía y entré derechito a una reta de Smash acompañado por tres rebanadas de pizza y un vodka tonic. El paraíso, les digo. Iba a jugar Mario Kart cuando el festejado decidió que ya quería partir su pastel, nada menos que una pokébola con un Charmander de chocolate en 3D en la parte de arriba. Se apagaron las luces, se cantaron las mañanitas y seguimos jugando. A la nada de tiempo se armó la reta de Just dance y con eso coronamos el día cerca de las 12 de la noche, bailando los habitantes de la casa "Rich girl" y riendo de toda la diversión que yo no había tenido en por lo menos el último mes antes de llegar a Guanatos.

El domingo en la mañana no hubo mucho problema en realidad. Desayunamos pastel ( :3 ) y nos preparamos para el Color Me Rad.

Color Me Rad es un evento raro. Podemos definirlo en pocas palabras como "aviéntense bombas de color los unos a los otros mientras escuchan EDM". Todo era (literal) risas y diversión hasta que por seguir a cierto roomie que conozco en treparse a la pirámide inflable y casi llegar hasta arriba me resbalé en uno de los MUY endebles peldaños y... ¡suelo! (inflable).

Caí tan mal que me lastimé los dos tobillos, si bien uno más que otro. Pegué tal grito que todos los presentes a menos de diez metros voltearon a verme. Entre el culpable y su amigo me cargaron hasta cerca de donde consiguieron botellitas de agua de sabor congeladas para ponerme una en el tobillo izquierdo, que ya empezaba a inflarse como el globito del que me había caído. Mal que bien, como la herida estaba caliente después de un ratito de hielo en el tobillo, aunque ya parecía el hombre elefante, pude caminar al baño (a 60 metros) en cinco pausas. Pero para mí la diversión había terminado... y no se si para ellos también por la hora o por simpatía, de modo que una media hora después en lo que el niño chiquito del amigo lanzaba las últimas bolsitas de color yo estuve sentado.

Pero lo mejor estaba por venir, aunque por desgracia yo no lo vi. Desde que estábamos haciendo fila para entrar, Aaron (el chiquitín) vio un oso de peluche viviente, una botarga para animar a los niños, y nos hizo prometer que iríamos a buscarlo cuando llegáramos. Cuando se decidió que ya estaban cansados y que yo debía irme a descansar (después de ir a hacer un pago) fuimos a buscar al bendito oso. Pero cuando lo vimos en vivo (la botarga debía ser como de 1.80 m) el pobre se espantó y casi se echa a llorar. Cuando al fin lo convencieron de tomarse una foto con el osito, aunque fuera de lejos, el muy cabrón empezó a moverse despacito hacia Aaron y cuando se dio cuenta era demasiado tarde...

Pasadas las risas a costillas del pobrecito, ellos se fueron a su casa y yo con mi dolor directo a pagar el teléfono para no quedarme sin comunicación en mis dos semanas fuera del país. Rulo me hizo favor de llevarme a un CAC muy cerquita de donde estábamos con la promesa de correr (pun intended) a pagar y de ahí a la casa a comer algo mientras me tomaba una pastilla. Para entonces yo ya traía una dona en el tobillo.

Imaginen la escena: dos adultos jóvenes despeinados, sudados, pintados de pies a cabeza de al menos cinco colores diferentes, uno cojeando, paseando casual en uno de los malls más fresas de Guadalajara. Pues esa cara pusieron al menos 100 personas un domingo a las cinco de la tarde mientras subíamos dos pisos. Pero con tan mala suerte que cuando llegamos al CAC y preguntamos por mi factura resulta que el corte había sido un día antes y no se reflejaría sino hasta un día después. Así que hicimos el ridículo en vano y yo a esa hora podía haber estado con la patita vendada.

Para colmo de males, la zona de comida estaba a reventar (¿En domingo en la tarde? ¡Quién lo hubiera pensado!) y lo más que alcanzamos fue media banquita en el pasillo para comer una Carl's Jr. Pasado el penoso episodio, Raúl fue por el coche en lo que yo me sentaba afuerita para esperarlo (y no medio caminar ooootra vez esos 200 metros) y uno de los momentos más felices del día sucedieron de repente. Me encontré con un amigo al que jamás pensé que me fuera a encontrar, sobre todo porque trabaja del otro lado del país. Ya me había dicho que iría a Guadalajara pero no me dijo cuando, aunque resulta que si todo va bien próximamente será uno más de los que estamos invadiendo la Perla de Occidente un joto a la vez.

Llegó Rulo y cojee hasta su coche. Llegamos a Zapopan cerca de las siete sin muchas ganas de hacer nada más que sentarse a ponerme Voltarén y vendarme el tobillo mientras contemplamos el agitado primer fin de semana de un nuevo chilango en Guadalajara y planear cómo haríamos para que llegara a mi primer día de trabajo sin muchos contratiempos, ni físicos ni de tiempo. Como pude subí las escaleras con un sándwich a poner en Facebook (por supuesto) las fotos del bonito evento y el desafortunado otro evento.

Así fue como acabó un gran fin de semana, con todas las pilas para empezar en un nuevo trabajo. Pero para variar, uno pone, Dios dispone...



Guadalajara: días 0 y 0.5

Por ahí me escribieron que se apostaba a ver cuánto tardaría en quejarme de mi nueva locación.

Sin embargo, eso va a esperar. Esperemos que mucho tiempo.
Tengo más miedo del que dejo ver, sospecho que todos lo saben. No por vivir solo (ocho meses del otro lado del mundo hablando tres idiomas es un buen entrenamiento, creo), sino porque ahora no estoy subvencionado. Vaya, acá SÍ me tengo que ganar la comida que me trago y los pasajes para ir a hacer que todo esto funcione. Sin contar que estoy viendo tecnologías que JAMÁS había visto y voy a entrar a un proyecto de desarrollo que las usa todas. También por ahí me dijeron que lo tomara como un reto y así lo estoy haciendo, solo que una semanita más no le hubiera hecho daño a nadie.

Pero desvarío. Si ya hice hace muchos años una crónica de una semana de locos en Guadalulú aquí les va otra crónica, espero que de la primera de muchísimas semanas aquí.
Hoy les presentamos: El preludio.

Empecemos por el principio (duh): salí el jueves a las cinco de la tarde de la hermana república de Coapita la bella, (muy al) al sur de la ciudad. Pasé en diez minutos y dos vueltas por una medicina y me arranqué con rumbo a lo casi literalmente desconocido, acompañado de un Ades, mi botella de agua y mi Viewma...digo, el celular.

El tráfico. EL PUTO TRÁFICO. Pasar Polanco no fue el problema, el desmadre era desde Cuatro caminos hasta... wait for it... la primera caseta, y yo desde San Antonio me estaba haciendo pis.
No pasa nada, en la primera gasolinera que vea me orillo, de todas maneras el coche necesita gasolina. ¿Si?

Donde me pude salir a una gasolinera era por donde estaba Divertido, el parque de diversiones de Echegaray. DOS HORAS DESPUÉS DE SAN ANTONIO.

No hay bronca, Paso 1: gas. Paso 2: baño. ¡WROOONG!

Estaban lavando el baño. Yo no se con qué cara me vio la chica que me puso gasolina, que me dijo "pero a menos de dos kilómetros hay otra gasolinera". Gracias, buenas noches, besitos, Chips en el Oxxo y córrele.

Pudieron haber sido dos kilómetros pero caminando hubiera llegado más rápido.Entre cantar juerte y projundo y leer Twitter (así de pesado estaba el tráfico) nos dieron, como dice Sabina, las diez y las once. Las doce y la una y... bueno, como las 8:30 pm.

Ni permiso pedí. Estacioné el coche y casi tacleo a dos monitos. Con la pee bar completamente vacía, hasta las lágrimas se me salieron. Yo creo que también era pis mágica, por que misteriosamente el tránsito empezó a ser un poco más fluido... como agüita corriendo...

Basta. Me subí al coche y le seguí. En el camino me tocó ver cómo la llanta de un Volkswagen literalmente explotó en los carriles centrales. Enllegandito a Perinorte vi dos choques a metros de distancia, justo en la zona donde las dos carreteras se hacen una. ¡Albricias! ¡Ya puedo ir a más de 60 kph!

...hasta como 10 km antes de la caseta, más o menos, donde ooootra vez estaban detenidos los coches por oooootro choque. Pasando la caseta devisé un Italian coffee y la pee bar estaba en rojo de nuevo.

"Deme un café, EL QUE SEA", casi le grito al dependiente. Pero la serenidad se apoderó de mí y todavía pude escoger con (no mucha) calma mi capuccino sabor rompope. Me lo dieron y me lo dieron (el café y el password de internet, cochinos) y caminé con el mayor estilo que pude hacia el baño.Ya con la pee bar despejada de nuevo, me dije a mí mismo "Mí mismo: la pastilla. Now or never". Lo cual sería sencillo... si hubiera encontrado la bolsa donde tenía el frasquito, claro. Pero como este road trip venía escrito por un don al que le encantan los thrillers, obviamente la chingada bolsa estaba hasta el fondo.

Por lo que Toño, cansado, acalorado, con hambre y sueño decide que perder lo poquito que tenía aún de glamour no era tan grave: aquí nadie lo conoce. De modo que se decide a sacar (con cuidado, eso sí) todas las bolsas necesarias para encontrar el bendito frasco. Salió a la tercera, afortunadamente.

Jaueber, hay que meter las bolsas de nuevo. Apliqué lo que los jóvenes modernos le dicen YOLO (y en mis tiempos era "chinguesumadre") y básicamente las aventé pa dentro.

Pastilla, café, gestos y listo. Mad max who?

En serio niños y niñas, no le den el avión a los letreros de "no maneje cansado" y MENOS en carretera en remodelación a las 10 de la noche. No es exactamente que haya estado a punto de embarrarme, pero con conitos naranjas que cierran la carretera de tres carriles a UNO puestos a menos de 50 metros corría uno el riesgo de que le hicieran película y se llamara "KM 52+200".

Está bien padre que estén arreglando la carretera, lo aplaudo de verdad, pero no se vale cerrar tramos de diez metros cada 30 kilómetros.

Al menos la mitad del trayecto entre Tepotzotlán y el otrora Querétaro de Arteaga está sitiada por hombrecillos con chaleco naranja. Por supuesto, lo que en el libro de texto dice se que hace en tres horas y media (DF - Querétaro) yo hice en la fantástica cantidad de SIETE HORAS.

Cuando llegué a casa de Javier (ca. la media noche) refunfuñando y de gesto amenazante solo pudo decirme "pues sí, ya lo sabía". Algo tiene Javi que siempre me pone de buenas y en menos de 15 minutos ya estaba yo riéndome en camino a comprar la cena.

Fui, vi y me vin... digo, regresamos a la casa. Estábanse dos 研修員es cenando cuando llega la mamá (de Javier) a contarle al Diseñador emérito de KIT su día en el Yak.

Yo las di (las gracias) y me excusé. Dos nativos (de Santiago de Querétaro) hicieron lo mismo y me señalaron el cuarto de visitas (nice!) que acabó siendo el cuarto de la hermana (de Javier) ya que ella estudia justo en la parte de la ciudad de donde vengo.

Las reglas de la decencia dicen que si duermes sin pantalones al menos hay que cerrarle a la puerta. ¡Fatal error! A las tres de la madrugada tuve que bajar por un vaso de agua pues moría de calor (seguro en ese momento hacía más calor que en todo mayo en el D.F.). Como sea, nos dieron las siete y media. En lo que Javier intentaba quitar el pecado de su cuerpo me encargó hacer el café... con su prensa japonesa a la que nunca le entendí estando allá. Pero ahora era arriesgarme o no comer nada hasta llegar acá.

Acabó, se vistió y bajó a supervisar que la cocina no hubiera explotado. Todo en orden, de modo que viene la parte bonita de la historia del día 0.5: le desayuné.

8:45 salimos como los pollitos del huacal. El a su trabajo y yo a mi versión del video de Scar tissue.
Hizo frío media hora y el resto del tiempo la bufanda en crochet que traía para la ocasión se acabó convirtiendo en una especie de manga de taxista. Pero el espíritu no decayó, con todo y más cierres en la carretera.

¿Han oído de la famosa "velocidad pendeja"? ¿Esa donde el de enfrente no se quita pero nada más lo intentas rebasar le acelera? Ándenle. Protagonistas: una troca de caja (el villano), una SUV y un Stratus (los sufridos protas). El villano venía a no más de 60 en el carril de alta de una autopista pero se encabronaba cuando uno intentaba rebasar y le metía tantita pata. Una vez estuvo a punto de hacer que la SUV se embarrara con un camión foráneo, que se cansó de defensear. Yo apliqué el cosmo chilango y los rebasé por la derecha sobre el acotamiento. There. El iba de verdad tan lento que ya no lo volví a ver.

Siguiente episodio en esta blogonovela: la incorporación de dos carreteras tratando de cruzar León, donde de un total de 6 carriles se hacen DOS. Algo así como lo de Perinorte que les describí arriba pero en esta incorporación ningún automóvil fue lastimado. Solo gente que se hace pelotas con más de 10 coches.

Inhala rosa, exhala negro. Back on track. Todo iba estupendo (Toño a 140 cantando "Voulez vous" en una carretera recta con una vista increíble) cuando el último episodio maldito de la carretera hace su entrada; nomás sentí un "puf" en el parabrisas y de repente vi un puntote naranja temblando peor que alumno burro en entrega de calificaciones: me había echado una monarca perdida.

Todavía pensando que estaba viva pero atrapada en la pluma me orillé a mi orilla y bajé lo más que pude la velocidad (temí que la troca me alcanzara) sólo para ver las patitas tiesas. Casi lloro, pero me di un zape mental pensando que llorar por ella 1) no la iba a revivir y 2) era más probable que no viera a los trabajadores o los conos e hiciera chuza. Entonces salieron tres de cocodrilo y me volví a pasar a la extrema izquierda. En algún momento el cuerpecito moreliano salió disparado.

¡Bien! "Guadalajara" mostrábase en el letrero de la extrema derecha, lo que dice que está más cerca que Puerto Vallarta, en la extrema derecha. Dicen las instrucciones "en cuanto la carretera se convierta en calle, te sales a la derecha hacia Periférico". En efecto, a los 15 minutos había una salida como para coches Smart que decía "salida a Periférico" pero ese pedazo todavía era autopista.

Pensé que como en todos lados eso nomás me iba a hacer dar una súper vuelta y lo ignoré, siguiéndome derecho. Me di cuenta de mi error cuando el cuarto letrero decía "Guadalajara centro". En cuanto pude me di vuelta a la derecha esperando poder enderezar el camino y los dioses quisieron que me tocara un alto. ¡San Steve Jobs, sálvame!, murmuré, y abrí Google maps.

La buena: sí hay manera de llegar al perihistérico tapatío desde aquí.
La mala: son como 6 kilómetros en ciudad con semáforos y algo como 32°.

Ni Pepsi, dijo la Coca. Síguete. Claro, en esa hora de perdición Google maps fue mi bro, mi compa, mi valedor. UNA BENDITA HORA POR CINCO KILÓMETROS QUE ME PASÉ, en los cuales, por qué no, me perdí otras dos veces (una por desesperado) mientras veía con mucha suspicacia a los fellow conductores más tapatíos que las jericallas.

Para no hacerles el cuento (más) largo, llegué aquí, desde donde escribo, a las cuatro de la tarde con... ya se la saben: calor, cansancio, hambre. Ya llegué ¡whooo!

...nel. Baja todo tu desmadre del coche, sube un piso y aviéntalo en lo que comes un sandwich para ir acomodando todo en ganchos y cajones.

Así fue como un viernes 17 de octubre, a las 9 de la noche, este cuarto (que ahora es mío) quedó más o menos decente y este joven apuesto, galante y soberanamente guarro se acostó a dormir por ahí de las once en su... nueva casa, pensando que todo lo que ahora ve raro después podría llamarlo "su casa".

次回予告 - El fin de semana: del cielo geek al "¡córtenme la pierna!"

¡Solo en esta gustada sección "Los ingequeers también lloran"!


---
Oyendo: SBTRKT - Higher