Hueles a limpia tierra mojada

-"¿A qué vas para allá? Los Zetas están terribles de aquel lado"
-"Con mucho cuidado por favor, no andes en la calle muy noche"
-"¿Pero por qué para allá? ¡Los conciertos suceden aquí!"
-"Allá es un pinche pueblo, te vas a aburrir"
-"El transporte es culerísimo, el del DF te va a parecer de lujo"

Y sin embargo, acá estoy. No puedo decir que sin miedo, pero definitivamente no es miedo a que me levanten (aunque si lo hacen dos o tres que he visto camino al trabajo yo me pongo flojito), si no miedo a fallar.
Mucha gente recibió como una sorpresa amarga que me viniera a trabajarvivir a Guadalajara, pero, en lo que a mí respecta, no es muy distinto a cuando me fui a estudiar a Japón y allá lo pasé increíble. Por supuesto que extraño a mi familia y a mis amigos, pero estamos a ocho horas en autobús o una en avión si algo urgente sucede. Además, como le digo a cualquiera que me reclama por no marcarle por teléfono, el mismo trabajo cuesta ir de aquí para allá que de allá para acá.

Guadalajara no es un pueblo perdido a la mitad de la nada, como me lo planteó mucha gente. Obviamente es más chiquito que la segunda ciudad más grande del mundo (duh) pero la Zona Metropolitana de Guadalajara tiene zonas bien padres y lugares con mucha, muchísima gente: ¿qué tal Chapalita, el centro, la avenida/corredor turístico de Chapultepec, el centro de Zapopan? Mis fuentes me platican que Tlaquepaque (de cuyas alfarerías salió mi hermano) es muy bonito también.

Estoy de acuerdo que por cada cinco conciertos que hay en el DF hay uno acá, pero eso significa que ya están escogiditos y que no habrá tanto tráfico para pasar el Azteca, el Auditorio o el Palacio de los rebotes.

La mar de calor de este lado del país, eso sí. Tanto, que cuando hubo nueve grados la semana pasada la muchachada salió con guantes, gorro y bufanda y yo sólo con una sudaderita, en modo fresco... porque a las cinco le vengo manejando los 26-27 grados y ellos en casual mientras yo sudo la gota gorda.

No gente, no hay soldados en cada esquina de Guadalulú ni han aparecido algunos colgados en los puentes (al menos en lo que he estado acá). Me sentí más en tensión la semana que nos quedamos varados en Monterrey, donde a cualquier hora se oían pasar las patrullas hechas la raya. A lo más a lo que llegamos es a la viejita neurótica que se metió en sentido contrario en vía rápida porque YOLO y, lógico, hizo carambola con los desafortunados conductores que venían en el sentido correcto.

No se si tiene que ver con el tamaño de la ciudad, pero he visto mucho mucho MUCHO extranjero aquí. Simplemente en mi trabajo hay dos paquistaníes, al menos un gabacho y como sepetecientos hindús. La ciudad está llena de lugares de comida china, y hay escuelas de idiomas por todos lados, no nada más de inglés o francés, al menos una escuela promete doce idiomas entre los cuales están -Dios quiso- coreano y japonés. Y no nomás nativos de Extranjia: como en la curiosa combinación Puebla-Veracruz-Tabasco, acá llega gente de Sinaloa, Sonora, Aguascalientes, Durango y un compa de Tijuana, por lo que de acentos ni hablemos.

Tanto extranjero, creo, es la causa de que acá todavía haya Caesar's palace (que en el DF intentó entrar y no se pudo), hartos Carl's jr, Olive garden y Wrocco wrowers, por mencionar algo.

Claro, como en todos lados, la ondita regional es para volarte la cabeza si no pones atención. Las tortas, a menos que sean ahogadas, no son tortas, sino lonches, entonces perfectamente te puedes llevar un lunch con lonche. Los jugos no se venden en vasito abierto, si no en botellas (con tapa y todo). Si en la calle se ve un letrero que diga "biónicos" no venden cyborgs clandestinos, más como ¡cocteles de frutas! (habráse visto). Ya me advirtieron que "amiga" te prende el foquito rojo de chilango en la cabeza inmediatamente, acá se les dice "mijas". Por todos lados oigo "pinshi" y entre que me da risa y me jalan de los pelitos de la nariz.

Pero no todo es tan bonito como las jericallas. No exactamente hay escorpiones del tamaño de una mano, pero las chinches están por todos lados... enchinchando (mal chiste, ya se). Los mosquitos sí son del tamaño de la película Caveman, sin embargo.

¡Atuk!

En general hay poco transporte, pero del que hay no es todo malo, depende de la ruta (y del camión y del conductor). Hay algunas rutas "de lujo" con asientitos forrados y tele -pero si no voy al DF joven, nomás a Zapopan- que cuestan el doble que un camión normal. Muy guapos, sí, pero si hablamos de que el camión acá cuesta SEIS pesos así vayas al siguiente semáforo o de base a base, pagar 12 es de ricos y poderosos. Y esa es la mejor opción, pues mis fuentes me dicen que las dos (próximamente tres) líneas de tren ligero (no es metro, por favor) cuestan el simpático precio de siete pesotes. ¡Y los #posmesalto protestando porque el metro (sin el cual el DF no viviría) cuesta cinco! Eso, sospecho, hace que Guadalajara sea, como leí en algún lado, "la ciudad más motorizada del país" pero el tráfico no es nadita como en el DF, por alguna razón.

En general, como ven amiguitos, no es una mala decisión venir para acá. Solo es superar el "El DF es EL place-to-be en México" y darle chance a los cuates de provincia. Como nos pasó a los chicos que nos fuimos a Japón, se lleva uno gratas y no tan gratas sorpresas, pero es lo que les vas a contar a tus nietos cuando ya no te puedas mover. Lo único que podemos hacer para mejorar es poner una sucursal del Jarocho en Plaza del sol, un Gandhi grande en... algún lado y ya estamos hechos.

En cualquier caso, para mí pasar dos veces al día por la Minerva es una chulada.

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Oyendo: Brusher patrol - Bastion OST



No se si dar las gracias

Pasa que cuando uno está de viaje en un lugar al que normalmente no va, todo mundo tiene una (o dos o veinte) peticiones que hacer.

Entonces, al momento llevo, además de mi ropa, dos playeras, un control remoto, un celular, una funda de celular, unos audífonos y dos lápices labiales. Sí, oyó usted bien, dos lipsticks. No está mal que le pidan cosas a la gente que viaja (yo mismo lo he hecho algunas veces), pero hacerlo a la mitad de un viaje de trabajo pidiendo cosas MUY específicas es una mentada de madre.

La historia es como sigue: cierta persona que conozco creyó que era una buena idea que pagara un taxi de ida y uno de regreso a una tienda a media hora de mi hotel para conseguir unos lipsticks para su novia. Pero además la señorita (la novia), que es de gustos refinados, quería alguna de dos marcas muy nice o nada, y dentro de esas dos marcas había dos tonos que le hacían ojitos. Todo lo cual, claro, pedido con un "pero solo si puedes" al mejor estilo del Gato con botas por la señorita (el novio).



Yo que soy pendejo pero voy a misa pedí una transferencia por adelantado. Solo faltaba que los pusiera yo y me los pagaran cuando fuera al D.F. Se acordó que el movimiento se haría en la tarde (misteriosamente el banco decidió que sábado en la mañana era un buen momento para hacerle mantenimiento a su sitio) pero para las 4 p.m. no había noticias, de modo que yo seguí en las labores propias de mi sexo (o sea, estaba lavando ropa) y no salí a ningún lado.

El lunes, pues. Una vez más, en la más brutal de las casualidades, la transferencia "no cayó" y todo apuntaba a que las dos señoritas solicitantes se la iban a pelar. Pero como la fortuna es más perra que uno el compa con el que vine de trabajo quería ir al mall más cercano y preguntó si yo también quería ir. Por las razones que quieran me daba MUCHA flojera ir a aguantar gabachos odiosos solo y dije que sí. Lo peor que puede pasar es que nomás me de una vuelta en vano.

Nos dio aventón un gordito de la oficina y, la verdad sea dicha, nos aventó en la puerta. Todo un mall a la mitad de la carretera para nosotros solitos.

Nos metimos al centro comercial por un Sears. En lo que el vato (es de Tijuana) buscaba tenis yo buscaba el área de maquillaje, que acabó siendo una mini islita en medio de la ropa.

Nada para nadie. Salimos para adentro (es decir, salimos de Sears por dentro del centro comercial) y en lo que el se metía a una tienda especializada yo me separé para buscar un mapita del lugar. No lo encontré a la primera, pero me topé con JCPenney, Macy's y Nordstrom, pero en ningún pinche lugar vendían MAC. Hasta que ahí a lo lejos, en Dillard's, a punto de cerrar, encontré el apartado de Makeup Art Cosmetics.

Muy bonito todo, tengo la repisa de labiales enfrente... ¿cuál chingados quería?
Entre tanto ver los labiales esperando que me acordara de milagro de los tonos se me acerca la chica a cargo del área y me pregunta si estoy bien o necesito algo. No hubo testigos afortunadamente, pero sospecho que me puse del tono fucsia del labial que estaba tomando en ese momento.

Llamada rápida internacional. Que tampoco se acuerda, que me manda la imagen. Dos minutos y nada. Le quiero volver a marcar y mi teléfono me manda por las cocas, sospecho que por falta de saldo internacional o algo. Las dependientas despidiéndose y yo perdiendo mi zen poco a poco.

En ese momento, caídas del cielo, aparecieron tres rayitas de internet en mi teléfono. ¡Había Wifi libre! Mandé mensajes como si no hubiera un mañana -y en un sentido estricto no lo habría, yo pensaba no volver a salir tan pinche lejos del hotel en la semana como no fuera al centro por una chela.- Ahí la cosa cambió, el novio empezó a mandar mensajes como si estuviera pidiendo que lo salvaran del Ébola. Pero lo bueno es que me llegaron las fotos de los tonos y me barrí en safe antes de que cerraran.

-Si, estos dos. 
-¿Algo más? 
-Nada más, muchas gracias. 
-Perfecto, son 34 dólares.

¡Jesucristo del huerto! Si nomás quiero las barritas, no el spa incluido. Pero bueno, no lo voy a pagar yo al final del día, así que apliqué el plan Z del viaje... la tarjeta de crédito.

-Gracias por su compra,que tenga un buen resto del día.

Voy a tener un buen día cuando vea esos 34 dólares en mi cuenta, antes lo dudo. Pero ya tenía demasiado sueño hasta para enojarme, lo único que quería era encontrar a Efr...
Pero a Efrén lo dejé 30 minutos y 476 tiendas atrás, y no tengo su celular. Entonces no queda otro remedio que caminar hacia el último lugar donde lo vi, a ver si de casualidad sigue probándose tenis.

En la planta alta no estaba el joven, así que a huevo debería estar en la planta baja, pero con el tobillo que aún me duele no iba a bajar escaleritas de caracol y volverlas a subir a menos que fuera absolutamente necesario. Va todo de regreso pero fijándose en el piso de abajo.

En cualquier otra circunstancia no me alteraría este curioso hecho, pero aquí el agravante es que no traía suficiente dinero para tomar el taxi de regreso y básicamente dependía del vatillo para no dormir cobijado por las chamarras de las tiendas. Al final nos encontramos a la mitad pero en planos diferentes.
Dos tiendas más (una de ellas de cremas y joterías para las señoritas -aparentemente las novias son muy malinchistas-) y nos subimos a cenar al área de comida rápida.

La cara de destrucción de los dos era de notarse. El domingo cambió el horario de verano en estos desiérticos lares de la tierra y llevábamos nueve horas de quebrarnos el coco. Al menos yo estaba a punto de quedarme dormido encima del teriyaki con sabor a plástico.
Muertos por el día de hoy nos enfilamos a la salida cuando nos cayó el veinte que esto no era Perisur: aquí no hay sitio de taxis a la salida (máxime que de verdad el centro comercial está a la mitad de una carretera interestatal). ¿Qué hacemos? ¿Ofrecemos sexo a cambio de que nos lleven de perdida cerca del hotel?

No (por ahora). El tijuanense emérito trae celular de Estados Unidos y con lo poquito que le quedaba de saldo marcó a un sitio de taxis para que pasara por dos mexicanos con bolsitas con tinta color rosa parados a un lado de "Abuelo's - Mexican restaurant" para llevarlos a su hotel. Las aventuras de Priscilla, reina del desierto, pues.

Y cuales señoritas de moral cuestionable, estábamos parados en el inmenso estacionamiento, con un helado, enfrente de una troca que traía narcocorridos a todo volumen.

El taxi llegó a los veinte minutos. Pero si usted pensó que este desmadre había acabado, ¡error! El camerunense que venía al volante hablaba español y le iba al América por el simple hecho de que habían fichado a Kalusha Bwalya hace veinte años. Sabía (mejor que Efrén) fechas y nombres de efemérides de México y de verdad fue la cerecita del pastel de este día digno del mejor trip ácido que hayan tenido sus Mercedes.

Si hoy sueño con estelantes y guartas no me va a caer de extraño. Son de esas cosas que uno TIENE que contarle a los hijos en su momento, pero por ahora ustedes tienen la primicia.

Además, este viaje internacional no había tenido mucho chiste. Porque no es viaje hasta que no te subes a una ambulancia de urgencia, pierdes un vuelo al otro lado del país, o vas cazando lipsticks en lunes a las siete de la tarde.

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Oyendo: Icona pop - I love it



Guadalajara: el primer fin de semana


Algo que se me olvidó decir en el post pasado es que pasando una caseta (si no mal recuerdo, la de Tepatitlán) había un retén de la policía federal. Por supuesto, un chico guapo viajando solo en un Stratus despierta muchas suspicacias. Para no tardarnos mucho y entrar por completo en el fin de semana dejémoslo en que la revisión se hizo mucho más corta cuando el poli que empezó a checar mi coche vio mi OST de Final Fantasy VII y empezamos a platicar del juego.

Ahora sí: el sábado. Yo, para variar, me levanté estúpidamente temprano y me dispuse, como siempre, a hacerme de desayunar... salvo que no sabía muy bien qué había para el desayuno en esta casa nueva. Así que solo me hice un café, digamos, de modo artesanal y me subí a prender mi compu y ver videos en Youtube. Al poco tiempo Raúl despertó y las cosas se aceleraron. Le pregunté qué fregados se desayuna en esta casa y propuso desayunar en el tianguis, aprovechando que tenía que ir por el filtro de agua de la nueva integrante de la casa, una tortuga. Bonita casa de freaks: dos ingenieros, una gata y una tortuga.
La agenda del día estaba llena y como que no me emocionó el plan, pero era más el hambre que la voluntad y acepté ir.

Al final fue una buena decisión. Desayunamos allá, pero también compramos fruta, ate, queso y algunas cosas que me hacían falta a mí, como un peine y un reloj. Una jericalla se coló en las bolsas. Íbamos a comprar el filtro pero a Rulo se le acabó el dinero y tuvimos que regresar a la casa.

Ida y regreso. Tiempo de hacer el quehacer, en la tarde iba a haber una fiesta. Así que nos pusimos nuestro cosplay de chacha y empezó la barredera, la trapeadera y la cambiada de agua para la Torta (la tortuga, que es como llamar a los tacos Takeshis).

La gente llegaba a las 4, pero antes que eso teníamos dos tasks más que completar, ir en camión a mi trabajo (para medirle el agua a los camotes) y comer, mismos que fueron hechos en cabal orden. Esa fue mi primera vez, y no dolió como pensé que iba a pasar. El lonche (una vil torta) que me comí estaba bastante bueno.

Regresamos a las 4:30 y en menos de lo que puedes decir "all the single ladies" el primer invitado avisó que ya estaba cerca. En lo que yo me metí a bañar Rulo fue por el y cuando llegaron yo ya estaba en toalla completamente sexy. En realidad no, solo tenía el cabello mojado y bajé a recibirlos. La demás gente no tardaría en llegar y decidimos ir por el súper y las pizzas en lo que bien podría llamarse "tres mujeres atacan Zapopan".

Cuando llegamos, las trompetas celestiales (o los gritos de "¡no mames, me vas a ganar!") anunciaban que la fiesta de cumpleaños de Raúl era una reunión geek como hacía años que no veía.

Cuatro jugando Smash, otros dos jugando Pokémon y por allá otros de(s)velopers platicando entre ellos. El cielo, pues. Me presentaron con quien no me conocía y entré derechito a una reta de Smash acompañado por tres rebanadas de pizza y un vodka tonic. El paraíso, les digo. Iba a jugar Mario Kart cuando el festejado decidió que ya quería partir su pastel, nada menos que una pokébola con un Charmander de chocolate en 3D en la parte de arriba. Se apagaron las luces, se cantaron las mañanitas y seguimos jugando. A la nada de tiempo se armó la reta de Just dance y con eso coronamos el día cerca de las 12 de la noche, bailando los habitantes de la casa "Rich girl" y riendo de toda la diversión que yo no había tenido en por lo menos el último mes antes de llegar a Guanatos.

El domingo en la mañana no hubo mucho problema en realidad. Desayunamos pastel ( :3 ) y nos preparamos para el Color Me Rad.

Color Me Rad es un evento raro. Podemos definirlo en pocas palabras como "aviéntense bombas de color los unos a los otros mientras escuchan EDM". Todo era (literal) risas y diversión hasta que por seguir a cierto roomie que conozco en treparse a la pirámide inflable y casi llegar hasta arriba me resbalé en uno de los MUY endebles peldaños y... ¡suelo! (inflable).

Caí tan mal que me lastimé los dos tobillos, si bien uno más que otro. Pegué tal grito que todos los presentes a menos de diez metros voltearon a verme. Entre el culpable y su amigo me cargaron hasta cerca de donde consiguieron botellitas de agua de sabor congeladas para ponerme una en el tobillo izquierdo, que ya empezaba a inflarse como el globito del que me había caído. Mal que bien, como la herida estaba caliente después de un ratito de hielo en el tobillo, aunque ya parecía el hombre elefante, pude caminar al baño (a 60 metros) en cinco pausas. Pero para mí la diversión había terminado... y no se si para ellos también por la hora o por simpatía, de modo que una media hora después en lo que el niño chiquito del amigo lanzaba las últimas bolsitas de color yo estuve sentado.

Pero lo mejor estaba por venir, aunque por desgracia yo no lo vi. Desde que estábamos haciendo fila para entrar, Aaron (el chiquitín) vio un oso de peluche viviente, una botarga para animar a los niños, y nos hizo prometer que iríamos a buscarlo cuando llegáramos. Cuando se decidió que ya estaban cansados y que yo debía irme a descansar (después de ir a hacer un pago) fuimos a buscar al bendito oso. Pero cuando lo vimos en vivo (la botarga debía ser como de 1.80 m) el pobre se espantó y casi se echa a llorar. Cuando al fin lo convencieron de tomarse una foto con el osito, aunque fuera de lejos, el muy cabrón empezó a moverse despacito hacia Aaron y cuando se dio cuenta era demasiado tarde...

Pasadas las risas a costillas del pobrecito, ellos se fueron a su casa y yo con mi dolor directo a pagar el teléfono para no quedarme sin comunicación en mis dos semanas fuera del país. Rulo me hizo favor de llevarme a un CAC muy cerquita de donde estábamos con la promesa de correr (pun intended) a pagar y de ahí a la casa a comer algo mientras me tomaba una pastilla. Para entonces yo ya traía una dona en el tobillo.

Imaginen la escena: dos adultos jóvenes despeinados, sudados, pintados de pies a cabeza de al menos cinco colores diferentes, uno cojeando, paseando casual en uno de los malls más fresas de Guadalajara. Pues esa cara pusieron al menos 100 personas un domingo a las cinco de la tarde mientras subíamos dos pisos. Pero con tan mala suerte que cuando llegamos al CAC y preguntamos por mi factura resulta que el corte había sido un día antes y no se reflejaría sino hasta un día después. Así que hicimos el ridículo en vano y yo a esa hora podía haber estado con la patita vendada.

Para colmo de males, la zona de comida estaba a reventar (¿En domingo en la tarde? ¡Quién lo hubiera pensado!) y lo más que alcanzamos fue media banquita en el pasillo para comer una Carl's Jr. Pasado el penoso episodio, Raúl fue por el coche en lo que yo me sentaba afuerita para esperarlo (y no medio caminar ooootra vez esos 200 metros) y uno de los momentos más felices del día sucedieron de repente. Me encontré con un amigo al que jamás pensé que me fuera a encontrar, sobre todo porque trabaja del otro lado del país. Ya me había dicho que iría a Guadalajara pero no me dijo cuando, aunque resulta que si todo va bien próximamente será uno más de los que estamos invadiendo la Perla de Occidente un joto a la vez.

Llegó Rulo y cojee hasta su coche. Llegamos a Zapopan cerca de las siete sin muchas ganas de hacer nada más que sentarse a ponerme Voltarén y vendarme el tobillo mientras contemplamos el agitado primer fin de semana de un nuevo chilango en Guadalajara y planear cómo haríamos para que llegara a mi primer día de trabajo sin muchos contratiempos, ni físicos ni de tiempo. Como pude subí las escaleras con un sándwich a poner en Facebook (por supuesto) las fotos del bonito evento y el desafortunado otro evento.

Así fue como acabó un gran fin de semana, con todas las pilas para empezar en un nuevo trabajo. Pero para variar, uno pone, Dios dispone...



Guadalajara: días 0 y 0.5

Por ahí me escribieron que se apostaba a ver cuánto tardaría en quejarme de mi nueva locación.

Sin embargo, eso va a esperar. Esperemos que mucho tiempo.
Tengo más miedo del que dejo ver, sospecho que todos lo saben. No por vivir solo (ocho meses del otro lado del mundo hablando tres idiomas es un buen entrenamiento, creo), sino porque ahora no estoy subvencionado. Vaya, acá SÍ me tengo que ganar la comida que me trago y los pasajes para ir a hacer que todo esto funcione. Sin contar que estoy viendo tecnologías que JAMÁS había visto y voy a entrar a un proyecto de desarrollo que las usa todas. También por ahí me dijeron que lo tomara como un reto y así lo estoy haciendo, solo que una semanita más no le hubiera hecho daño a nadie.

Pero desvarío. Si ya hice hace muchos años una crónica de una semana de locos en Guadalulú aquí les va otra crónica, espero que de la primera de muchísimas semanas aquí.
Hoy les presentamos: El preludio.

Empecemos por el principio (duh): salí el jueves a las cinco de la tarde de la hermana república de Coapita la bella, (muy al) al sur de la ciudad. Pasé en diez minutos y dos vueltas por una medicina y me arranqué con rumbo a lo casi literalmente desconocido, acompañado de un Ades, mi botella de agua y mi Viewma...digo, el celular.

El tráfico. EL PUTO TRÁFICO. Pasar Polanco no fue el problema, el desmadre era desde Cuatro caminos hasta... wait for it... la primera caseta, y yo desde San Antonio me estaba haciendo pis.
No pasa nada, en la primera gasolinera que vea me orillo, de todas maneras el coche necesita gasolina. ¿Si?

Donde me pude salir a una gasolinera era por donde estaba Divertido, el parque de diversiones de Echegaray. DOS HORAS DESPUÉS DE SAN ANTONIO.

No hay bronca, Paso 1: gas. Paso 2: baño. ¡WROOONG!

Estaban lavando el baño. Yo no se con qué cara me vio la chica que me puso gasolina, que me dijo "pero a menos de dos kilómetros hay otra gasolinera". Gracias, buenas noches, besitos, Chips en el Oxxo y córrele.

Pudieron haber sido dos kilómetros pero caminando hubiera llegado más rápido.Entre cantar juerte y projundo y leer Twitter (así de pesado estaba el tráfico) nos dieron, como dice Sabina, las diez y las once. Las doce y la una y... bueno, como las 8:30 pm.

Ni permiso pedí. Estacioné el coche y casi tacleo a dos monitos. Con la pee bar completamente vacía, hasta las lágrimas se me salieron. Yo creo que también era pis mágica, por que misteriosamente el tránsito empezó a ser un poco más fluido... como agüita corriendo...

Basta. Me subí al coche y le seguí. En el camino me tocó ver cómo la llanta de un Volkswagen literalmente explotó en los carriles centrales. Enllegandito a Perinorte vi dos choques a metros de distancia, justo en la zona donde las dos carreteras se hacen una. ¡Albricias! ¡Ya puedo ir a más de 60 kph!

...hasta como 10 km antes de la caseta, más o menos, donde ooootra vez estaban detenidos los coches por oooootro choque. Pasando la caseta devisé un Italian coffee y la pee bar estaba en rojo de nuevo.

"Deme un café, EL QUE SEA", casi le grito al dependiente. Pero la serenidad se apoderó de mí y todavía pude escoger con (no mucha) calma mi capuccino sabor rompope. Me lo dieron y me lo dieron (el café y el password de internet, cochinos) y caminé con el mayor estilo que pude hacia el baño.Ya con la pee bar despejada de nuevo, me dije a mí mismo "Mí mismo: la pastilla. Now or never". Lo cual sería sencillo... si hubiera encontrado la bolsa donde tenía el frasquito, claro. Pero como este road trip venía escrito por un don al que le encantan los thrillers, obviamente la chingada bolsa estaba hasta el fondo.

Por lo que Toño, cansado, acalorado, con hambre y sueño decide que perder lo poquito que tenía aún de glamour no era tan grave: aquí nadie lo conoce. De modo que se decide a sacar (con cuidado, eso sí) todas las bolsas necesarias para encontrar el bendito frasco. Salió a la tercera, afortunadamente.

Jaueber, hay que meter las bolsas de nuevo. Apliqué lo que los jóvenes modernos le dicen YOLO (y en mis tiempos era "chinguesumadre") y básicamente las aventé pa dentro.

Pastilla, café, gestos y listo. Mad max who?

En serio niños y niñas, no le den el avión a los letreros de "no maneje cansado" y MENOS en carretera en remodelación a las 10 de la noche. No es exactamente que haya estado a punto de embarrarme, pero con conitos naranjas que cierran la carretera de tres carriles a UNO puestos a menos de 50 metros corría uno el risgo de que le hicieran película y se llamara "KM 52+200".

Está bien padre que estén arreglando la carretera, lo aplaudo de verdad, pero no se vale cerrar tramos de diez metros cada 30 kilómetros.

Al menos la mitad del trayecto entre Tepotzotlán y el otrora Querétaro de Arteaga está sitiada por hombrecillos con chaleco naranja. Por supuesto, lo que en el libro de texto dice se que hace en tres horas y media (DF - Querétaro) yo hice en la fantástica cantidad de SIETE HORAS.

Cuando llegué a casa de Javier (ca. la media noche) refunfuñando y de gesto amenazante solo pudo decirme "pues sí, ya lo sabía". Algo tiene Javi que siempre me pone de buenas y en menos de 15 minutos ya estaba yo riéndome en camino a comprar la cena.

Fui, vi y me vin... digo, regresamos a la casa. Estábanse dos 研修員es cenando cuando llega la mamá (de Javier) a contarle al Diseñador emérito de KIT su día en el Yak.

Yo las di (las gracias) y me excusé. Dos nativos (de Santiago de Querétaro) hicieron lo mismo y me señalaron el cuarto de visitas (nice!) que acabó siendo el cuarto de la hermana (de Javier) ya que ella estudia justo en la parte de la ciudad de donde vengo.

Las reglas de la decencia dicen que si duermes sin pantalones al menos hay que cerrarle a la puerta. ¡Fatal error! A las tres de la madrugada tuve que bajar por un vaso de agua pues moría de calor (seguro en ese momento hacía más calor que en todo mayo en el D.F.). Como sea, nos dieron las siete y media. En lo que Javier intentaba quitar el pecado de su cuerpo me encargó hacer el café... con su prensa japonesa a la que nunca le entendí estando allá. Pero ahora era arriesgarme o no comer nada hasta llegar acá.

Acabó, se vistió y bajó a supervisar que la cocina no hubiera explotado. Todo en orden, de modo que viene la parte bonita de la historia del día 0.5: le desayuné.

8:45 salimos como los pollitos del huacal. El a su trabajo y yo a mi versión del video de Scar tissue.
Hizo frío media hora y el resto del tiempo la bufanda en crochet que traía para la ocasión se acabó convirtiendo en una especie de manga de taxista. Pero el espíritu no decayó, con todo y más cierres en la carretera.

¿Han oído de la famosa "velocidad pendeja"? ¿Esa donde el de enfrente no se quita pero nada más lo intentas rebasar le acelera? Ándenle. Protagonistas: una troca de caja (el villano), una SUV y un Stratus (los sufridos protas). El villano venía a no más de 60 en el carril de alta de una autopista pero se encabronaba cuando uno intentaba rebasar y le metía tantita pata. Una vez estuvo a punto de hacer que la SUV se embarrara con un camión foráneo, que se cansó de defensear. Yo apliqué el cosmo chilango y los rebasé por la derecha sobre el acotamiento. There. El iba de verdad tan lento que ya no lo volví a ver.

Siguiente episodio en esta blogonovela: la incorporación de dos carreteras tratando de cruzar León, donde de un total de 6 carriles se hacen DOS. Algo así como lo de Perinorte que les describí arriba pero en esta incorporación ningún automóvil fue lastimado. Solo gente que se hace pelotas con más de 10 coches.

Inhala rosa, exhala negro. Back on track. Todo iba estupendo (Toño a 140 cantando "Voulez vous" en una carretera recta con una vista increíble) cuando el último episodio maldito de la carretera hace su entrada; nomás sentí un "puf" en el parabrisas y de repente vi un puntote naranja temblando peor que alumno burro en entrega de calificaciones: me había echado una monarca perdida.

Todavía pensando que estaba viva pero atrapada en la pluma me orillé a mi orilla y bajé lo más que pude la velocidad (temí que la troca me alcanzara) sólo para ver las patitas tiesas. Casi lloro, pero me di un zape mental pensando que llorar por ella 1) no la iba a revivir y 2) era más probable que no viera a los trabajadores o los conos e hiciera chuza. Entonces salieron tres de cocodrilo y me volví a pasar a la extrema izquierda. En algún momento el cuerpecito moreliano salió disparado.

¡Bien! "Guadalajara" mostrábase en el letrero de la extrema derecha, lo que dice que está más cerca que Puerto Vallarta, en la extrema derecha. Dicen las instrucciones "en cuanto la carretera se convierta en calle, te sales a la derecha hacia Periférico". En efecto, a los 15 minutos había una salida como para coches Smart que decía "salida a Periférico" pero ese pedazo todavía era autopista.

Pensé que como en todos lados eso nomás me iba a hacer dar una súper vuelta y lo ignoré, siguiéndome derecho. Me di cuenta de mi error cuando el cuarto letrero decía "Guadalajara centro". En cuanto pude me di vuelta a la derecha esperando poder enderezar el camino y los dioses quisieron que me tocara un alto. ¡San Steve Jobs, sálvame!, murmuré, y abrí Google maps.

La buena: sí hay manera de llegar al perihistérico tapatío desde aquí.
La mala: son como 6 kilómetros en ciudad con semáforos y algo como 32°.

Ni Pepsi, dijo la Coca. Síguete. Claro, en esa hora de perdición Google maps fue mi bro, mi compa, mi valedor. UNA BENDITA HORA POR CINCO KILÓMETROS QUE ME PASÉ, en los cuales, por qué no, me perdí otras dos veces (una por desesperado) mientras veía con mucha suspicacia a los fellow conductores más tapatíos que las jericallas.

Para no hacerles el cuento (más) largo, llegué aquí, desde donde escribo, a las cuatro de la tarde con... ya se la saben: calor, cansancio, hambre. Ya llegué ¡whooo!

...nel. Baja todo tu desmadre del coche, sube un piso y aviéntalo en lo que comes un sandwich para ir acomodando todo en ganchos y cajones.

Así fue como un viernes 17 de octubre, a las 9 de la noche, este cuarto (que ahora es mío) quedó más o menos decente y este joven apuesto, galante y soberanamente guarro se acostó a dormir por ahí de las once en su... nueva casa, pensando que todo lo que ahora ve raro después podría llamarlo "su casa".

次回予告 - El fin de semana: del cielo geek al "¡córtenme la pierna!"

¡Solo en esta gustada sección "Los ingequeers también lloran"!


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Oyendo: SBTRKT - Higher



Mientras tu me fuiste demostrando que el amor es bailar

Aunque nosotros nos olvidamos sistemáticamente de la vida, la vida jamás nos deja solos. Siempre que algo nos hace mal nos lo quita... y cuando algo nos hace bien y lo olvidamos, nos lo azota en la cara.

Por varias razones, decidí que por un rato no iba a bailar. Fue una decisión difícil, pero estoy seguro que es por algo mejor. Pero la Gran Sucesión de Causas y Consecuencias me dijo "ni madres" y no de la manera tranquila.

Fui por los botines un jueves lluvioso hasta el otro lado de la ciudad. Pista número uno: el martes siguiente cerraba la escuela hasta el nuevo ciclo. Pensé que era sólo suerte y se me olvidó que no existen coincidencias, solo lo inevitable.

A la semana siguiente (o sea, esta) me marca una amiga maestra a la que desde hace más de cinco años le ayudo con su función de fin de curso a bailar un solista con ella mientras los demás se cambian. Pero por razones japoneses el año pasado no se pudo, y pensé que se/me le había olvidado. Que si le ayudo este año. Sentí bonito y a la vez con nervios, tengo un compromiso importante la próxima semana. "ah no, de este lunes que viene en ocho". SAFE: yo me desocupo el domingo (pista dos). Llegaré a la función en calidad de muerto pero llegaré. "¿Puedes venir mañana a ver unas cosas que les hacen falta a mis niños?" Sí claro, nomás me llevo (¡sorpresa!) los botines.

Hasta aquí, iba en calidad de adviser. Pero como para el INAPAM: tenía año y medio que ni abría la bolsa de las benditas botas; cosa que llegué a hacer en la noche y en la mejor interpretación de Mafalda contra su peine les dije "¿listos?".

Para no hacerles el cuento triste, este miércoles desperté a las 4:50 am. Crucé la ciudad, me eché una bronca, y llegué a trabajar antes de las nueve. Para las cuatro de la tarde, cansado, desvelado, mal comido y lloviendo, lo que quería era que me llevaran cargando a mi casa. Pero "deudas de juego son deudas de honor", dijera mi madre. Y ahí va Toño, en metro y taxi, para llegar lo antes (y menos mojado) posible.

Objetivo casi completado. Pero con todo y que me hacia pipí, me dio mucho gusto ver a más de cinco parejas de adolescentes, unos estirando, otras poniéndose la falda, todos haciendo escándalo como olla de grillos. Algunas me reconocieron y me sentí viejo: yo las vi en primero de secundaria o incluso en primaria.

Empezamos el ensayo. Brazo aquí, falda acá, espalda derecha, no muevas el paliacate, a ver aviéntate de nuevo para que les digas como, ahora voy yo para que vean qué más se hace, no se salgan de tiempo, acérquense carajo que no muerden. Y cayó la bomba.

"Me falta un niño. ¿puedes bailar con ella?" Ah sí, ¿pero el chico ya se lo sabe? "No hijo, bailar en la función".

Sentí algo raro en el estómago. Casi como cuando me dijeron que me iba de beca. No sabía si reír, llorar, preocuparme por mis rodillas post-hospitalizaciones o salir corriendo a la lluvia a gritar como poseso. Sólo alcancé a decir "Sí, claro" y hasta el hambre y la pipí se me olvidaron.

Estoy casi seguro que empecé a zapatear más fuerte. No me dolían las rodillas y oía la música con toda claridad. Inspiración o éxtasis, ustedes decidan. Cuando los chicos, que llevaban de perdida dos o tres meses de ensayo echaban el bofe yo todavía bailé con la maestra otros tres o cuatro sones. Como en mis dieciocho, cuando un buen día decidí bajarme del pesero a preguntar en mi primer taller de folklor.

Entre el miércoles y ayer, con dolor hasta en el cabello, reuní todo lo necesario para la función de los lugares donde lo tenía regado. Y con todo y que me aventaré una semana de traducción japonés-ñero (que me encanta) y un lunes de aburrido trabajo (que no me emociona), ese lunes nomás de oír "tercera llamada, comenzamos" estoy completamente seguro que me terminaré de acordar por qué tengo doce años interrumpidos de bailar... con miras a tener al menos otros veinte más.

Lo dicen bien el refrán: "cuando te toca, aunque te quites".

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Oyendo: el béis.



Blog con nombre

A veces es necesario regresar a las raíces.
Buscando unas fotos que no encuentro, me traje unos discos de respaldo. Olvidado en uno de ellos, encontré guardado un archivo en PDF del blog que me animó a tener los míos.

El "Blog sin nombre", en sus muchas encarnaciones, siempre cumplió con su objetivo: Narrar la vida de un chiapaneco radicado primero en Comitán, luego en Xalapa. Así, simple. Claro que como en toda obra que refleje la personalidad de su artista se ve una clara evolución; primero lo escribía un preparatoriano, y el ritmo y el vocabulario crecieron hasta ser los de un licenciado en letras. Pero siempre, como el mismo lo indica, "tiene la esencia de alguien despreocupado que gustaba escribir cosas, algunas veces sin pararse a pensar en qué estaba diciendo, y otras, todo hay que decirlo, con sorprendente lucidez".

Sin embargo, esa frescura al contar que comió pizza fría o que escuchó la lluvia a las dos de la mañana me animaron a contarle mis muchas, insulsas o no, historias a la humanidad.

A veces he escrito cosas que vuelvo a leer y ni yo me entiendo. Otras que me vuelven a causar risa (un amigo me dijo que es mejor leerme que escucharme). Unas más que son tan depresivas que no me hubiera gustado subirlas nunca. Y de todas ellas, algunas aparentemente le han servido a varias personas, que hace que todo esto haya valido la pena aun cuando parezca que nadie me lee.

Un desahogo. Entre bailar, dibujar y escribir no me quedo con nada guardado. Lo bueno, lo malo y lo feo están ahí, a la vista del público. Con suerte alguien se identifica y lo canaliza por ahí.

De él, la última noticia que tuve es que vivía feliz en Córdoba, Argentina, con su novia. Chatear con él siempre era divertido (y me quedé con ganas de conocerlo), pero cuando decidió mudarse no entré en su lista de contactos. Me encantaría que estuviera y viera lo que ocasionó, que me siguiera contando de su familia, su escuela, su teatro y contarle de Corea, de Japón, de mis hospitalizaciones, del Rolcast, de mis logros.
Pero de lo que pasó siempre hay que conservar lo mejor. Y por eso volveré a leer ese PDF cuando me sienta vacío y sin ideas.

Donde quiera que andes, Sam, te deseo lo mejor. Ojalá en otras vidas nos volvamos a ver.

Con mucho cariño,

To.



Hasta sentir el temblor en mis piernas

Los temblores son una sensación extraña. No los grandes terremotos, donde todo es caos y destrucción, si no los temborcitos de siete grados para abajo.

Sentir que, como dijera Fey, la noche se mueve es de las cosas más raras que se pueden sentir. No te quemas, no te electrizas, no te azota el agua en la cara ni caes en bajada libre. Solo se te mueve el suelo y por alguna extraña razón eso aterroriza a la gente mucho más que los volcanes, por ejemplo.

Creo en lugares donde los temblores son latentes, como Japón o México, lo que da miedo es precisamente la espera. El saber que la tierra acomodándose puede ser más escandalosa de lo normal en, literal, cualquier momento. Y claro, que ya hemos visto en repetidas ocasiones lo que eso significa: Kobe, el DF, Tokyo, Guerrero.

Como sea, alertas de tsunami se dan media hora antes. De actividad volcánica con días de anticipación. Para los tornados hay épocas bien establecidas. Pero el SkyAlert suena 30 segundos antes de que nos muevan el suelo y si estás en un piso 15 lo más probable es que te recojan del suelo con espátula. SI ES que suena. No es tiempo suficiente para tomar lo esencial y salir corriendo a la calle (aunque, como dice el meme, "no corra: afuera también tiembla").

Además los temblores acaban con todo en menos de tres minutos. No te da tiempo suficiente de llorar por que tu casa se está quemando o el mar se está comiendo la playa. Viene la tierra, tiembla, y en menos de lo que acaba una canción todo tu patrimonio está revuelto entre cemento y cadáveres.


Hay honrosos milagros, que no podemos describir de otra manera: están los niños del hospital Juárez, por ejemplo. Pero comparados con la GRAN mayoría de víctimas que cobran los movimientos telúricos, incluyendo casas y edificios, son pequeñísimos momentos de alivio que nos da la naturaleza cuando le caemos más gordos de lo habitual.

Yo por eso me voy pa Mérida, allá no tiembla, boxitos.