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Autocomplacencia

Hace dos semanas los de danza hicimos una buena acción.

Resulta que hubo un ensayo general para una función en la que sólo íbamos a bailar un danzón hasta el final. El ensayo empezó tarde, las maestras estaban fastidiadas por el retraso y teníamos dos horas y media por delante, así que, mejor, cinco de nosotros fuimos por un café en lo que nos tocaba ensayar.

Fuimos por el café al Jarocho y regresamos. De regreso, nos topamos con una chica que nos hacia señas y nos enseñaba su celular. La pobre se veía desesperada y pronto entendimos por qué: No podía oír. El celular tenía sólo escrito "Metro Zapata".

Como pudimos, le preguntamos qué necesitaba y ella nos dijo (como pudo también) que necesitaba llegar al metro Zapata. Unos a señas, otros gritando y yo con el celular para escribirle por qué manoteábamos todos tratamos de decirle que justo donde estábamos parados (Miguel Ángel de Quevedo y Pacífico) pasaba un camión que la dejaba ahí. Claro, no la íbamos a dejar sola y mientras pasaba el camión tratamos de hacerle la vida un poco más amena diciéndole-gesticulándole que nosotros bailábamos y que una de las chicas que iba con nosotros bailaba feo, para que al menos se riera un ratito. La escena, supongo, debió haber sido de lo más graciosa: Cinco tipos vestidos de negro gesticulando alrededor de una chica que se reía con lo que hacíamos, como un "caras y gestos" en plena calle.

Al final, llegó el camión y uno de nosotros se subió a decirle al chofer que ella no oía y que si nos podía hacer favor de bajarla en el metro, y además pagó el pasaje. Ella nos dió unas muy entusiastas gracias mientras el camión avanzaba y nosotros nos quedamos satisfechos de lo que habíamos hecho.

¿Cuánta gente no se habría desesperado o, simplemente, pasado de largo? ¿Cuánto tiempo ella llevaba ahí esperando alguna ayuda? Ojalá no mucho y ojalá también que haya llegado a su destino sin muchas otras complicaciones. Se oirá autocomplaciente (y lo es), pero de verdad agradecí que nosotros hayamos podido ayudarla y que todavía exista gente dispuesta a hacerlo.

Regresamos al ensayo a aguantar el tiempo que faltaba con caras largas de hastío, pero al menos felices por haber podido ser de ayuda y (yo al menos) por poder escuchar los gritos de las maestras mientras regañaban a las chicas que bailaban mal.

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Oyendo: Remioromen - Satsukiame

Comentarios

Haru dijo…
Si es bonito ver que todavia hay alguna buena gente alla fuera, me alegra que la hayan podido ayudar :)

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