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Sweet dreams (are made of this)

Estaba caminando con un amigo (que ahora, por más que intento, no puedo ubicar), y como se nos hizo noche lo acompañé a que tomara un metro con el que sueño recurrentemente, que corre a un lado de una barranca.

Lo dejé en la estación y bajando las escaleras empecé a bostezar del sueño intenso que me dio. Tan grave fue que nomás me senté en uno de los escalones, me hice bolita contra el barandal y ahí me quedé a dormir, a pesar de que la gente iba y venía.

Desperté y era de día. Pero no la mañana siguiente sino que, de alguna manera, supe que me había quedado dormido todo un día y medio completo. Me levanté de un salto y corrí, o tomé un taxi, o me subí al metro, o hice algo para llegar lo más rápido posible a mi casa. Rápido es un decir, por que cuando llegué alcancé los últimos rayos de sol.

Pero mi casa se sentía distinta. No, vaya, era el mismo departamento donde vivo, pero el ambiente era extraño, pesado, muy triste. Fui para el cuarto de mi papá y a oscuras, sin prender la luz, estaban mi hermano y mi papá acostados en la cama con una cara muy larga, junto con cajas, bolsas, maletas y demás cosas ya preparadas como para un viaje.

Pregunté qué pasaba y la respuesta fue demoledora: Solo me estaban esperando a que llegara para empezar a desalojar la casa.  La razón estuvo peor, resulta que nos habían caído en un fraude que le habíamos hecho a cierto presentador de noticias de la televisión y la señora que nos renta la casa había decidido que no quería tener a delincuentes en el departamento, así que además de prófugos de la justicia estábamos en calidad de desalojados y con el panorama muy negro en el futuro cercano.

El corazón se me hizo chiquito, se me salieron algunas lágrimas y estaba a punto de gritar cuando...


...me desperté. Miércoles, 2:30am, 38.5°C de teperatura, mucho dolor de garganta y náuseas. Más mareado que asustado, me levanté como pude por una pastilla al cuarto de mi papá (y de paso le di una checadita a ver si no había cajas de mudanza en el piso) pero ni la temperatura ni el mareo cedieron.

Hora y media después el doctor me diagnosticaba dos infecciones fuertes. Me mandó medicina como para caballo y me sugirió no salir de la casa ese día.

No puedo decir lo largo que se me hizo el tiempo entre que me tomé la pastilla y me hizo el efecto suficiente como para poder dormir, pero juro que me dormí con miedo de que volviera a soñar que me corrían de mi casa por un fraude a alguien que ni siquiera conozco en persona.


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Oyendo: Ely Guerra - Ir más adentro

Comentarios

tokayo dijo…
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Anónimo dijo…
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Anónimo dijo…
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Erick dijo…
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Unknown dijo…
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