Cuando somos chicos, nuestros papás son todo. Ellos nos cargan las cosas, incluso nos cargan a nosotros, a ellos les contamos los chismes y los volteamos a ver para que nos den confianza para hacer las cosas. Les pedimos dinero para ir a la tienda, y aunque se nos quedan viendo feo al final nos lo dan. Si regresamos a la casa llorando, nos preguntan qué pasó y nos abrazan para que se nos pase el berrinche. Escuchan nuestras mentiras, y de vez en cuando hacen como que nos creen. Nos dicen lo que tenemos que hacer el día de hoy, y nosotros contestamos un " siiii, ya sé " con desgano. También, cuando lo merecemos, nos regañan y nos hacen ver cuando estamos mal. Incluso, cuando la cosa está muy mal, nos castigan. Y nosotros, haciendo cara de enojo y de " no lo merezco ", nos hacemos los ofendidos. No les hablamos un rato y después se nos pasa... todo vuelve a la normalidad. Pasa el tiempo, y nos hacemos amigos . Los papás ya no educan, sólo aconsejan. Los chismes ...