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El santo de los indigentes, cap. final


-"Pero el oficial Esposito empezó a sospechar.

Tantos indigentes muertos en un lapso de tres años no era normal, ni en los peores inviernos. Así que hizo uso de las cámaras de seguridad y vio la misma capucha negra en al menos 4… intervenciones.

Por medio de contactos (sin que lo supieran, desde luego) me enteré que mi misión estaba en la mira y bajé el ritmo y el tono. Me fui con más cautela, pero más nervioso."

 

-"Le informó a su jefe y empezaron a cuidar a los indigentes en cuadrillas, lo que nunca se había visto. Más difícil para mí pero igual para los que no tienen casa."

 

-"Como pude me les escabullí varias veces más bajo las narices de los oficiales cuidando lugares donde se sabía que había homeless pero no se hacía nada. Hasta que un día, por descuido, seguí a un jovencito de menos de 25 años que parecía solo. Lo seguí hasta su casa de campaña, mientras salió un niño chiquito gritando '¡Papá!'.

Me quedé helado y no supe qué hacer. El padre verdadero salió del arbusto donde estaba orinando y los policías voltearon a ver al niño, viéndome a mí parado. Y aquí estoy, señor Juez, mientras el oficial recibe una medalla al mérito por dejar a los desamparados igual que siempre.

Juzgue usted en la tierra que Dios me juzgará en el cielo."

 

El juez no sabía qué pensar. La gente había bajado las pancartas y estaba quieta, callada, algunos –sin importar el bando- lloraban por lo bajo –incluyendo algún policía-, aunque algunos más seguían enojados.

 

Decidió terminarlo lo antes posible.

 

-"El jurado tendrá dos horas para tomar una decisión."

 

-"De hecho, señor Juez, creo que todos pensamos lo mismo."

 

-"¿Ah sí? ¿Su veredicto?"

 

-"Declaramos al señor Joseph Sukahara, por el delito de homicidio en primer grado, …"

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