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30 días, 30 juegos II – (5) Juego que presté y jamás me regresaron

Bueno, decir que “jamás” me lo regresaron es un poco extremo. Solo sigue en posesión de un amigo y (espero) volverá a mis manos en cuanto regrese yo a México.

Este chico tiene mi juego desde que un día, platicando en la oficina, me dijo que estaba buscando “cosas nuevas para jugar” porque lo que tenía en casa ya le había aburrido. Yo le dije que podríamos hacer un intercambio de juegos y así nos desintoxicábamos un poco de lo que veníamos jugando en todo el año. Aceptó y el, muy cumplido, al día siguiente me trajo un título. Yo ya empezaba a tener menos tiempo libre que el Preciso y la verdad se me olvidó, pero a los dos o tres días ahí estaba cabal con Bayonetta para Playstation 3.

Cuando me preguntó que qué tipo de juego era, lo más cercano a describirlo correctamente que se me ocurrió fue “Una bruja bien buena con gameplay del primer Devil May Cry y movimientos finales espectaculares” y por poco me lo arrebata de las manos. 
Nier (el juego que me prestó), por culpa mía y de mis ocupaciones, ni siquiera salió de su caja en todo el tiempo que estuvo en mi casa hasta que decidí regresarlo pero el amigo, que sí se había sabido dar tiempo para jugar, me dijo que lo aguantara porque estaba muy entretenido matando ángeles. No es una mala persona, así que no tuve problemas para decir que sí, y hoy, como diez meses después, conmigo en Japón y con la secuela en inminente salida yo sospecho que ha habido tiempo de acabar el juego. Pero de este lado del mundo no puede uno hacer mucho; ya habrá tiempo de organizar mi vida de veras después de regresar de este gran paréntesis con sabor a salsa de soya.


A ver si ahora sí puedo jugarlo yo.


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