La sopa de papa

Esta historia empieza con Toño frente a un platote de sopa de papa. Toño ODIA la sopa de papa, pero se la ha comido los últimos meses por que a su mamá le gusta tanto que la ha hecho muy seguido. Con todo lo que la odia, Toño se la come y no dice mucho, pero este día es diferente.

Como el resto de los días, Toño se acabó el plato, pero en lugar de pedir rápido el guisado para quitarse el mal sabor de boca, se arma de valor y le dice a su mamá:

-Mamá, te tengo un secreto
-¿Qué pasó?

Toño traga saliva gruesa.

-...es que no me gusta la sopa de papa.

El tiempo se detiene un momento. Por la mente de Toño pasan cualquier cantidad de cosas, desde esquivar un zapatazo hasta aventarse el discurso de "pues esto no es restaurante", pero no estaba preparado para...

-¿En serio? A mí tampoco
-...¿eh?
-Si, la odio, pero yo la hacía por que pensé que a tí te gustaba.

Si esto fuera un anime, en la frente de los dos habría habido una inmensa gota de sudor. Pero no, es la vida real y sólo hay risitas cómplices y culpables. Y desde ese día, por medio de un pacto no anunciado, de una complicidad divertida, no se volvió a servir sopa de papa en la casa. Hasta hoy, que mi papá nos la sirvió con tanto amor que no me quedó más que llevármela a la oficina.

Ni modo, hay cosas que están condenadas a repetirse.

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Oyendo: A mi gata ronronear