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Mostrando las entradas de 2016

Tokio - primera visita... parte uno

¡Ay ay! Ya se que no he estado aquí en un rato, pero entre que doy clases, tomo clases y salvo a mi oficina apenas puedo dormir. Sus Mercedes sabrán disimular.

Regresemos en el tiempo y volvamos a Nagoya. No mucho, tampoco es manda. Solo que los dos viajes que hice a Tokio empezaron igual: noche muy noche y en Nagoya eki.
Noche, les digo, por que compramos el bus barato (夜行バス - bus nocturno) que además tenía otra ventaja: podía uno dormir todo el viaje a aparecer como teletransportado en la gran Capital del Este -significado de Tokio-.

En teoría, al menos. No me quejo de las carreteras, son básicamente perfectas... pero el autobús está hecho para mini japoneses, que ya es mucho decir. Si yo no cabía, imagínense el chico que mide 1.80 para todos lados.
Como sea, hicimos dos paradas en igual número de autostops que ya quisieran los centros comerciales de mi país: comida recién hecha, tienda de recuerditos, BAÑO, tienda de conveniencia... todo para el viajero pues. El frío de las 2 y 4 de…

Kusatsu

CAVEAT: hay dos Kusatsu en Japón, el bonito (con onsen y todo) y el nuestro. El otro Kusatsu está en la prefectura Gunma, para el norte; nosotros estábamos en Shiga, básicamente en el centro de la isla principal.

No, no es apreciación propia, TODO PINCHE MUNDO nos dijo que no estaríamos en el Kusatsu (草津) padre con onsen (温泉 - aguas termales naturales) y que no nos sintiéramos mal si llegaba alguien a querernos cargar pila por eso.

El pueblo es... básico, digamos. Ayuntamiento, tres súper mercados, dos o tres mercados, dos estaciones de tren apropiadamente llamadas Kusatsu y Kusatsu del sur, un pachinko (tragamonedas japoneses), dos karaokes, un mall con cine y chingos de barecitos. La gracia, entiendo, es que Kusatsu se mueve alrededor de dos cosas: la fábrica de Panasonic y el campus de Ritsumeikan university (harto prestigiosa y harto cara, me dicen mis fuentes) a las afueras de la ciudad. Es bonito, y está a la orilla del lago Biwa, el más grande de Nipón, pero no es como la graaa…

Diario de carretera

Este va a ser un post cortito pero, espero, ilustrativo.

Después de nuestro mes y medio en Nagoya como una gran (y muy disfuncional) familia, llegó el momento de separarnos en grupos de acuerdo a la especialidad que veníamos a estudiar; cada grupo significaba una universidad -y ciudad- diferente.

Los chicos que se quedaron en Nagoya nos salieron a despedir mientras los demás subíamos nuestras cosas -las que vinieron desde México y las que se nos pegaron en el ínter, a veces hasta bicicletas- a los camiones que nos iban a llevar. Una maestra de japonés, incluso, vino desde cerca de Toyota solo para despedirnos y aunque nos pasó su correo me dolió un poco saber que ya no la iba a ver diario.

Como fuera, los camiones nos esperaban; unos a la estación de trenes (los de las bicicletas, que de alguna manera extraña iban todos al mismo lugar) y a los que el camión nos iba a dejar en la puerta de nuestros nuevos hogares. No era un camión por ciudad, así que en auténtica lógica japonesa intent…

Ise y Futamigaura

Una amiga se quería comer Japón en los ocho meses que estuvimos allá, entonces viajó y viajó y siguió viajando. No está mal, al contrario: en un principio, cuando estábamos todos juntos en Nagoya, me pegaba a sus excursiones de fin de semana. Ise fue una de esas.

Ise (伊勢) es una ciudad que está del otro lado de la bahía de Ise. No pongan cara de duh, es la misma bahía donde Nagoya sale al mar; no llegamos nadando, pero entre trenes y trenes sí puede uno hacer entre hora y media y dos horas.

Cuando llegamos el día estaba nublado. El clima era bastante fresco, pero no llegaba a ser frío. Como sea, bajamos de la estación y, a decir verdad, vimos mucha calle y muy poco templo (que era una de las dos cosas que veníamos a ver). Caminamos hacia un local de información turística y mientras sacábamos fotos de todo (japonesception), una señora que iba lo que en Francia le dicen en putiza pidió tomarse una foto con nosotros. Haciendo un poco de plática resulta que ese día era su cumpleaños y que …

Ciudad Toyota

...que originalmente no se llamaba Toyota (豊田 - とよた), sino Koromo (挙母 - ころも) y que cambió su nombre debido a la muy famosa armadora automotriz, originalmente ¡fábrica textil!

Poes bien, ya estamos en Japón. ¿Qué queremos hacer? Ver un partido de fútbol soccer, obviamente.
Normalmente hubiera mandado a la chingada a quien hubiera sugerido la idea, pero eso implicaba dos cosas: la primera era conocer un estadio mundialista (además del Azteca, desde luego) y la segunda conocer otra ciudad que no fuera Nagoya, aunque están en la misma prefectura.

Pasó que había un partido cerca (no importaba mucho quién contra quién; no teníamos la menor idea al final), se compraron los boletos para entrar y el día del partido nos lanzamos a la aventura ya que, claro, nadie tenía la menor idea de cuanto tardaríamos en llegar o cómo se le hacía para aterrizar ahí.

Preguntamos en la estación de confianza y nos dieron santo y seña de la manera de llegar: dos trenes y una hora de camino. Aún así, íbamos con el…

Asuke y Arimatsu

Parte del intercambio al que fuimos a Japón, además de proveer entrenamiento técnico, consiste en salidas programadas a lugares de interés cultural. Asuke y Arimatsu son dos pueblitos que quedan cerca de Nagoya y son, cada uno a su manera, un referente de Japón tradicional que se ve poco si eres turista y no sabes que existen.

En orden cronológico (espero), empezamos con Asuke. Cual pueblo del Nipón romántico de película de Ghibli, este pueblito al este de Nagoya todavía tiene una granja tradicional a la orilla del río Tomoe, con ruedas que proveen fuerza mecánica gracias al movimiento del agua y montañas que quitan el sueño (o el aliento, si uno quiere llegar al mirador de la mera cima). La dichosa granja ya es un híbrido raro entre talleres funcionales y museo para visitantes, pero la gente en general se ve muy contenta con lo que está haciendo. Aprendimos el proceso de creación del washi (papel de arroz japonés), el de la creación de sombrillas y cómo se funde y moldea el afamado a…

Nabana no sato

En la recepción del dormitorio donde nos estábamos quedando nos sugirieron visitar un lugar llamado Nabana no sato (なばなの里) que no estaba exactamente cerca, pero valía la pena las tres horas a lomo de burro.

Total que dijimos casi todos que sí. "Casi todos" significa no menos de 15 latinos ruidosos muy perdidos y casi recién llegados al otro lado del mundo (o el futuro, como me decía un amigo). El rollito de la estación de trenes ya lo escribí por acá, pero si les da flojera dar un clic extra se los resumo: nos separamos en dos grupos. El grupo en el que iba yo salió un tren atrasado.

No era mentira eso de que no estaba cerca, al menos en estándar japonés. Google Maps me azota en la cara que hicimos una hora y piquito entre caminar, perdernos en la estación, tomar el tren, bajarnos y perdernos en la estación para tomar el bus que, finalmente, nos llevaría a la puerta del parque temático. Pero valió cada minuto el viaje; tanto por el viaje en sí (cruzando arrozales, ríos, lagu…

Nagoya

No lo sabíamos entonces, pero Nagoya es la cuarta ciudad más grande de Japón (después de Tokio, Yokohama y Osaka) y fue destruida completamente en los bombardeos de 1945. Ergo, es una ciudad reconstruida. Nueva, vaya: lo único que vi que podría decirse "tradicional" fueron dos cosas: Oosu kan'non y el castillo que no es castillo. Lo demás, desde las Mode Gakuen Spiral towers hasta el parque Tsurumai pasando por Nayabashi ya tenían una manita de gato. Pero vayamos por partes.

Nagoya, como les decía, es una ciudad moderna y un maestro, tiempo después, me la describió como "Japón que no es de verdad". A la distancia, tiene un poco de razón: es muy occidental para ser nipona y muy japonesa para estar en América. Una curiosa mezcla de dos mundos.
No me malentiendan, es muy bonita, y adecuada para ser el punto de entrada al país del sol naciente a extranjeros que probablemente de la antigua Cipango solo hayan visto anime. Nayabashi, sospecho, fue nuestro primer punto…

La llegada a Japón

Sí, ya se que esto fue en 2013, pero ahora que tengo un poco de tiempo libre y que no quiero mentar más madres mejor me pongo a escribir.

Además, así como el post del pasaporte en el DF ha ayudado a mucha gente, espero que este sea al menos una guía para la gente que va a Japón y pase por los lugares que yo visité.

Empezamos pues.

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El avión desde el D.F. salía a las 6:15 de la mañana. Naturalmente, hubo que llegar tres horas antes a la flamante Terminal 2 del aeropuerto. Para mi sorpresa, a las tres de la mañana ya había algunos compañeritos ahí -obviamente, dormidos. TAN perdidos, que estaban acostados sobre maletas y aún así roncaban.
Dos maestras de las clases de japonés llegaron a despedirnos, con cara de muerto fresco pero toda la actitud para estar con sus alumnos. Lloraron con nosotros un poco de la emoción pero nos hicieron la madrugada muy amable, sobre todo a la gente que venía desde fuera de la Ciudad de México.

A esas horas, sospecho que de los nervios, tenía mucha hambre…