El disco duro vacilador

Lo reconozco: fue una compra de pánico. Bueno, quizá no de pánico pero definitivamente no planeada. El chiste es que me compré un disco duro portátil y no estaba pensando mucho.

Pasó lo siguiente: un amigo me llevó su computadora para reparar, pero lo que le sucedía (entre otras cosas) era que el disco duro simplemente ya no servía. Para poderla echar a volar se me ocurrió que podría ponerle la unidad externa no tan portátil que tengo y así ya tenía excusa para ir a la Plaza de la Computación a pasar la tarjeta y poner la poderosa. Y así sucedió, me encontré con un disco bonito y barato. Lo bueno estaba por verse.

Llegué a la oficina y lo conecté. Decía que "El dispositivo no se instaló correctamente" y aún así podía entrar al disco y manipular la información. En ese momento yo creía que era un problema con los controladores e incluso los fui a buscar a la página del fabricante, con lo que dejó de salir el mensajito molesto.  Maravillosamente tenía un juguetito nuevo para atascar de información, a cómodas mensualidades.

Pero para usar el otro disco era necesario primeramente pasar la información de ese al nuevo, en pedacitos pequeños para tenerlo bien controlado. Lo que yo hice fue simplemente copiar y pegar (al fin el disco sería formateado) pero mi hermano sí cortó sus carpetas y las pegó en el disco nuevo. Todo hasta aquí salía bien, teníamos toda la información guardada y portátil e incluso el doble de espacio libre para seguirle metiendo fotos, música, archivos y programas. Era momento de formatear el disco viejito para hacer labor social. Todo era felicidad.

Sin embargo, como todo cuento que siga las reglas de Propp que se respete algo tenía que salir mal. Y lo hizo.

Un día en la casa que quería sacar información del disco nuevo al conectarlo me salió el mensaje "No se reconoció el dispositivo USB" y efectivamente no salió en la lista de discos. AHÍ debí haber notado que algo no estaba bien, pero pensando que solo lo había conectado mal lo conecté de nuevo y funcionó sin problemas.

El problema se siguió presentando, ahora con más frecuencia, hasta que definitivamente ya no pudimos entrar al disco. Así, de un momento a otro, y sin poder sacar nada de información.

En la desesperación, una de esas veces le torcí tantito el conector y como que ahí quería empezar a leer el disco. Eso me hizo pensar que el problema era solamente el conector en falso y con una soldadita quedaría listo para rockear de nuevo. Incluso fui a la Plaza de la Computación a que me lo resoldaran (sin conocimiento del lugar donde lo compré, por que me invalidan la garantía) y regresé a probarlo a la oficina.

Nada.

El disco en las mismas. Y esta vez no había de otra, nada de conectores; el disco había muerto en cumplimiento de su deber.

Hacer válida la garantía y cambiar el disco no tenía nada de ciencia, pero aquí lo que lo hizo complicado fue el asunto de los datos. Verán, casi 400Gb de información de años se habían quedado atrapados dentro del disco. Fuera de la lagrimita traicionera que provocó oir eso, dentro del disco también estaban documentos sensibles del trabajo de mi hermano.

Por más que le traté de explicar a Banda que INTENTAR sacarle la información al disco saldría carísimo como para hacérselo a todos los discos que les regresan, el ya se veía en el apando gracias a que los chicos del local donde me vendieron el disco se metieron al disco, recuperaron la información, vieron carpeta por carpeta y vendieron los documentos en el mercado negro. Aunque se que me va a matar por publicarlo, debo hacerlo: Su brillante idea para evitarlo era decirles en el local que destruyeran el disco por que tenía información importante de una empresa multimillonaria. Ya casi les dice la ruta de los archivos para que no entren ahí. Le dio tan duro la paranoia que habló a la filial mexicana de la fabricante para saber qué hacían con los discos defectuosos que les regresaban.

En fin, en discusiones y jalones se nos estaba yendo el tiempo y ni sacábamos esa información ni regresábamos el disco. Casi a la fuerza (y después de una hábil negociación de mi parte) fui a cambiar la unidad simplemente diciendo "¿Me la puedes cambiar? Ya no funciona" y enseñando la nota. Sin preguntas, sin explicaciones no pedidas y sin cara de nervios por pensar que me estaban esperando para sacar mis fotos en tang... digo, los documentos estos. En donde sí me puse rudo fue en ver que me dieran un disco que viniera en caja sellada para podérselos aventar en la carota si me volvía a salir defectuoso.

Obviamente lo primerito que hice fue regresar a la oficina a conectarlo para probarlo. Nada de mensajes de dispositivos no instalados. Corre como el viento, y hasta está más bonito (es plateado con acabados blancos). Hasta el momento de escribir esto el disco funciona cada vez que lo conecto, así que al parecer este es el buenas, como dicen en el comercial.

¿Y los datos? Oh no, no se sientan mal por eso. Bueno, no mucho: algunas cosas están guardadas en otros lados, algunas ya no servían y otras se pueden recuperar fácilmente (como los mentados respaldos del trabajo). Para los que no entran en esas categorías, hay manera de sacar algunos del disco duro viejito, aún cuando ya está formateado y sobreescrito. Corrí un programa llamado GetDataBack y rescató varias cosas mías pero desafortunadamente solo pocas cosas de lo que Arturo cortó y pegó. Estoy probando mientras escribo esto con otro programa llamado Recuva que ya nos había ayudado a recuperar más datos en otros discos. De lo perdido lo que aparezca, ¿no?

Por eso no hay que hacer las cosas tan a las carreras, al menos en las que involucran a los caprichos de la tecnología.

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Oyendo: Bill - Espectro