Toño en Monterrey 2: Que me mee un perro


Como lo prometí, acá va la siguiente entrega del viaje a Monterrey. Quejas de la longitud del post, al final por favor. Gracias.


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A las dos de la tarde, poquito más de una hora después de haber salido del D.F., se devisaba el Cerro de la Silla a nuestra izquierda, aunque íbamos volando hacia el norte. Esa fue la primera de las cosas que me llamaron la atención del viaje a Monterrey pues siempre creí que estaba al norte de la ciudad, pero está más bien hacia el suroriente y la famosa silla se vería de ladito desde el centro. Minutos después aterrizaba el avión en el aeropuerto de Monterrey y por primera vez en mi vida, como en película, bajé del avión hacia la pista de aterrizaje por medio de una escalerita que nos acercaron en el momento. La terminal, que por lo que entiendo está muy separada de las otras dos que integran el aeropuerto, estaba en reparación y tiene un servicio de shuttle entre las tres. Shuttle también fue el que me llevó al centro de la ciudad por parte de la aerolínea mientras disfrutaba del recorrido y repasaba como llegar al cine en el menor tiempo posible.

El aeropuerto de Monterrey no está en Monterrey. Chan cháaaan. Está más bien a las afueras de Apodaca, que es parte de la zona metropolitana de Monterrey. Eso me permitió ver (o no ver) en un trayecto de cerca de 30 minutos una cosa extrañísima: hacían falta edificios de más de 10 pisos. Sí sí, es verdad, en una de las ciudades más grandes del país no había, aparentemente, ningún edificio alto y nos afectaba directamente en la cantidad brutal de sol que se colaba por las ventanas del autobús mientras íbamos por la vía rápida sorteando el tráfico de fin de semana.

Llegó el camión a la central de autobuses de Monterrey, extrañamente ubicada en la zona centro, y ahí nos bajamos. Según el mapita que había conseguido por Google Maps, estaba parado cerca de una estación (Cuauhtémoc) donde tenía que hacer trasbordo para avanzar solamente UNA estación más hacia la que quedaba cerca de mi destino, de modo que mataría dos pájaros de un tiro: conocer el metro Y además una estación de trasbordo.

¿Una? el metro de Monterrey tiene DOS LÍNEAS, que solo se cruzan en esa estación. Vaya suerte. Como sea, me esperaba un sistema de tickets como el del D.F. pero no, solo hay máquinas automáticas del año de María Canica que expenden tarjetas con 1, 2 o 4 viajes precargados. Para no pasar por turista despistado me quedé viendo como estaba el procesito para comprarlas y ya luego en un momentito donde no hubo gente pude comprar la mía sin problemas. El momento donde todos pudieron ver que no era de ahí vino cuando me fui DOS veces en la dirección equivocada, primero a la línea que no era y después cuando llegué al andén correcto casi me subo en la dirección que no es, pero bueno, ¿a quién no le ha pasado?

Con el orgullo un poco mancillado salí de la estación General Anaya (¿a qué hora llegué a Tlalpan?) y según el mapa tenía que caminar unas cuadras y luego dar vuelta a la derecha, no más de 15 minutos... si no hiciera ese bendito calor.

Cual perrito sin dueño, me iba refugiando del asqueroso calor en cuanto toldo encontraba, y ya que no había una sola tienda alrededor para comprar una agüita me fui despacito, contemplando el ambiente. Ambiente tenso, debo decir... no es que el calor nos apendeje a todos, si no que de verdad la tensión que los medios nos presentan de la situación de Monterrey es real y podría cortarse con cuchillo, sobre todo cuando veía uno pasar una camioneta de la PFP corriendo a toda velocidad.

Pero bueno, regresemos a mí y a mi triunfal llegada a la plaza donde está el cine. Triunfal digo por que una vez que se abren las puertas automáticas de la plaza el congelante aire acondicionado de adentro te pega en la cara y hace que te vuele el cabello que ni en anuncio de champú. Pasado el momento donde recordé lo que era el frío, le marqué a Rodolfo y tanto el como Kero (el chofi) salieron a darme un abrazo entre "¡llegaste!", "lo logramos" y "mamá, ya no quiero jugar". Mal dormidos, mal comidos, y viendo películas que ya se sabían de memoria, me dieron mi playera de staff, me llevaron a ver a m'hijo (que estaba dentro del estacionamiento de la plaza) y me invitaron a dejar mis cosas ahí en la sala de proyección para luego bajar junto con Miguel (otro chico que había ido con ellos) a que todos comiéramos.

¿La sala de proyección, dice usté? Si han seguido el blog desde hace un rato, recordarán que era un lugar que tenía muchas ganas de conocer, junto con Monterrey, y se me hicieron las dos al mismo tiempo. Pasamos por la puerta de "Solo personal autorizado" (¡ay!), subimos unas escaleras y... llegamos a un pasillote con muchas máquinas de proyección. Unas máquinas corrían metros de cinta de una bandeja y la enrrollaban en otra, y algunas otras máquinas eran enteramente digitales. No cuartitos, no pósters (salvo los de calidad y esas ondas) y absolutamente no como los pensaba. Ligeramente decepcionado dejé mis cosas y regresamos los cuatro a la plaza.

Comimos pues. Fuimos a Wal-Mart a comprar comida hecha y unos Topochicos (sin albur) y mientras comíamos me contaron lo que ya les adelanté del viaje y el mecánico con un poco más de detalle, además de conseguir la dirección de un contacto en la ciudad que aparentemente tenía la suerte de vivir enfrente de un mecánico. Acabando de comer, en el cine amablemente nos prestaron un teléfono para hacer una llamada local al seguro para que arrastrara el coche a casa de este chico y todo empezara a fluir. Aparentemente las cosas no estaban tan mal... pero la vorágine de emociones estaba por venir.

Una vez que la grúa llegó al estacionamiento, me jalé a Miguel para que diera santo y seña con el mecánico de lo que les pasó en carretera y por que él era el del contacto al final. El señor de la grúa, que fue muy amable en todo momento, nos preguntó que qué nos había pasado. Ahí fue cuando empecé a sospechar que quizá Miguel no había sido la mejor opción... digamos que acabé yo diciendo como había estado el percance y cual era la dirección a la que teníamos que ir. Y ahí fue también donde casi me pongo a llorar: La dirección no existía.

El de la grúa con su Guía Roji, un chico de la central con otro mapa vía radio y Miguel con su GPS no podían encontrar la dirección que le acababan de mandar por mensaje. Se le marcó al chico y no contestaba mientras la tarde de sábado avanzaba rápidamente y seguíamos en el mismo lugar.

Al filo de la desesperación se me ocurrió preguntarle al señor de la grúa si el conocía otro taller donde lo pudiéramos llevar y contestó que sí, pero no sabía si estaba abierto, tenía que marcar. Yo creo que nunca en la vida había rezado con tanto fervor como esos dos angustiosos minutos en donde finalmente le dijeron que sí, que llevara el auto con confianza. Eso de rezar como que sí funciona, oiga.

Disponémonos pues a sacar el coche del estacionamiento. ¿Y el boleto? Resulta que quién sabe como le hizo la grúa que se los trajo a Monterrey (y ellos que no se fijaron) que básicamente metieron el coche de contrabando y ahora sin boleto no podíamos salir. Yo no se qué cara habré puesto que el chico de la caseta acabó por decirme "está bien, páguenlo como boleto extraviado" y nos dejó, por fin, sacar el coche con rumbo al mecánico mientras Miguel seguía intentando contactar al amigo del domicilio (des)conocido.

Ya cerca de las 7 p.m. llegamos al taller, del que el señor de la grúa se deshacía en alabanzas. Bajamos el coche, lo pusimos en posición y el señor de la grúa se despidió. Y oootra vez la bonita pregunta de "¿qué les pasó?" donde ya no me esperé a que contestaran por mí. Con la pura descripción y con esa seguridad que da la experiencia, nomás contarle el triste corrido del caballo color cereza el jefe de mecánicos (de quien nunca supimos el nombre) ya sabía que es lo que le pasaba, a reserva de revisar mejor el coche. Pero el no se metía con cosas de precios, cotizaciones y tratos con clientes, así que nos mandó afuerita a la vuelta a hablar con Don Darío a ver qué decía el.

Darío, que acabaríamos por enterarnos que es hermano del jefe de mecánicos y dueño de la refaccionaria convenientemente puesta junto al taller, es de esas personas que está demasiado ocupada para ser amable. Panzón, canoso y con un tic nervioso que lo hace tronar la lengua, cuando llegamos estaba atendiendo dos teléfonos al mismo tiempo mientras estaba apuntando en un cuadernito una serie de cosas con una letra cursiva que mi mamá envidiaría. Aventó -literal- una bocina en el mostrador, colgó la otra y seguido de un "Hola muchachos" se desahogó con nosotros del coraje de pelearse con un proveedor al que le pidió dos baterías iguales y que le había llevado dos diferentes.

Ya que su marcado acento norteño acabó de refunfuñar, una vez que nos saludó más propiamente nos volvió a preguntar cómo habíamos llegado ahí. Yo que ya estaba agarrando velocidad en eso de contar una historia que no había vivido, le estaba dando los pormenores cuando se apareció su hermano y profetizó "son las válvulas, hay que mandar rectificar la cabeza", con lo que Darío (que a pesar de los años todo mundo tuteaba) estuvo de acuerdo también. Ya era tarde, de modo que no harían mucho en la hora y media que quedaba, pero prometieron empezar temprano al día siguiente para que la cabeza estuviera lista para rectificación el lunes a primera hora y, rezándole a San Juditas, el martes a medio día estuviéramos camino a Mexicalpán de las tunas prietas. No me hizo feliz tanto tiempo pero no teníamos mucha opción y ellos aparentemente sabían lo que hacían, entonces dije que sí, que estaba bien. Al día siguiente regresaríamos para ver como iba el proceso y para el pavoroso momento de la cotización. Ay mamá.

Ya más tranquilo por tener el coche en proceso de reanimación, a la hora de tomar un taxi de regreso al cine me acordé que faltaba algo esencial, que luego Rudy me confirmó cuando se lo pregunté: A ellos la grúa los había aventado directamente en la plaza a las ocho de la mañana y llegaron a hacer pruebas, por lo que no teníamos lugar para dormir todavía. Eran pasaditas las nueve de la noche.

Como me pasa usualmente, la ayuda me llega de lugares insospechados o mi mamá tiene ojos en todos lados: Actualizando mi estado en Facebook un amigo me pregunta si ya tengo lugar para quedarme, por que el conoce un hostal con las tres B (bueno, bonito y barato) que -agárrense- por un bendito guiño del destino queda a medio camino entre el cine y el mecánico.

Cambio de pareja y esta vez Rudy y yo vamos de scouting para revisar el hostal. Tocamos el timbre de la entrada y el interfono con voz de señora trasnochada nos abre la puerta y nos indica llegar al primer piso. Ya ahí, la señora con voz de interfono nos enseña los cuartos (de dos camas y baño propio) mientras le vamos contando nuestra triste historia y le decimos que somos cuatro y nos quedaremos dos noches. Alguna de las dos la convenció de prepararnos un cuarto y esperarnos despierta hasta la una para darnos la llave por un precio bastante accesible. Dimos las gracias y nos regresamos al cine para la última función del día.

Yo no se Rodolfo pero al menos yo, ya teniendo resuelto el resto del fin de semana y habiendo arreglado las cosas del coche, estaba mucho menos tenso aunque todavía con un calor abrasador. Llegando al cine Miguel estaba dormido, así que en lo que la película seguía su curso los tres restantes bajamos a cenar al Portón que estaba saliendo del cine y ahí acabamos de relajarnos echando chisme con tecito frío y pastelito, viendo un partido de beisbol.

Tan relajados íbamos que estábamos en calidad de bulto en el taxi camino al hostal. Todavía pasamos a comprar algo de comida al 7-Eleven pero en realidad ya estábamos dormidos parados... hasta que llegamos con la señora y nos da la muy grata sorpresa de un cuarto con dos camas extrauna por persona!), la clave de la conexión inalámbrica de internet (¡albricias!) y la aún más grande sorpresa de un frigobar en funcionamiento y aire acondicionado dentro de la habitaciónDios existe!).

Como pudimos, le agradecimos mucho a la señora por las molestias, aventamos las cosas, prendimos la televisión y nos pusimos cómodos para dormir no sin antes hacer checkin virtual en las redes sociales para avisarle a la muchachada que todo iba lo mejor que se podía con poco dinero y el coche en el hospital. Al menos la misión importante, que el festival corriera, estaba sin alteraciones. 

Esa noche ellos durmieron como si no hubiera un mañana, y yo mientras los veía dormir por primera vez en dos días solo pensaba en las circunstancias en las que conocí Monterrey y en el dicho ese que dice "Cuando te toca, aunque te quites". 

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Estén pendientes para la parte 3. No se si haya una cuarta, pero la que viene será más pequeña, lo prometo.

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Oyendo: Torreblanca - Si



Toño en Monterrey 1: Cuando te toca, aunque te quites

Ya se que esto está hasta con telarañas, lo siento mucho.

Pero es que de verdad la segunda mitad del año ha corrido como si la fueran persiguiendo. Además, con todo lo que involucró el viaje tuve demasiadas cosas en que pensar antes de venir por estos lugares a pasar lista.

¿Ah, como? ¿No sabían que me fui de viaje? Sí amiguitos: Me fui a Corea del sur dos semanas y media a bailar. Fue un viaje de esos que te cambian la vida pero esa crónica, que es larga y extensa, es para otro día con más calmita, por que de los twitts que mandé periódicamente mientras estuve allá salieron 27 páginas de Word. Déjenme recuperar el ritmo de escribir y con gusto se los cuento.

Pero hoy nos ocupa un viaje más... austero, digamos. Todo comenzó cuando empecé a recuperar la rutina de regreso del otro lado del mundo.

Antes de irme a Corea quedé con un amigo que cuando regresara del viaje lo acompañaría a Monterrey a un festival de cine, e incluso pondría mi coche para el trayecto. Pero no contaba con que regresando tendría mucho trabajo pendiente que necesitaba sacar el fin de semana, así que arreglé todo para que aunque yo no pudiera ir el coche -un Stratus- sí pudiera viajar hasta el norte. El jueves a media noche pasó este amigo, Rodolfo, junto con otro chico (que manejaría hasta allá) por el coche y todo parecía ir en orden. Según lo que me cuentan, salieron a las cinco de la mañana del viernes con el suficiente tiempo para hacer las pruebas necesarias antes de las funciones del fin de semana.

Toda la mañana del viernes estuve recibiendo mensajes relajados de mi amigo acerca del viaje, hasta que cerca del medio día llegó un mensaje que dice "Se nos tronó una banda en plena carretera. Estamos bien.". 

A pesar de que me puso alerta que el coche se haya descompuesto, traté de mantener la calma y no hacer muchas olas, máxime que de verdad estaba muy atorado con el trabajo. Sin embargo, como para las seis de la tarde había pocas señales de vida le estuve marcando a Rodolfo para saber que había pasado. Para no hacerles el cuento largo, el coche los dejó tirados dos casetas antes de Monterrey, habían querido llegar empujando el coche y a los cuatro kilómetros alguien se apiadó de ellos y los botó donde un mecánico hideputa que cobró una bomba de agua en $1,300 (recuerden el precio) y aprovechándose de la situación estaba de una vez juntando para Navidad... tanto así que llegó al descaro de querer cobrar $13,000 por cambiar toda la maquinaria.

Eso, como pueden adivinar, fue el resumen de toda una tarde de mensajes y llamadas a larga distancia que terminaron en que a las dos de la mañana, con el consecuente dolor de estómago por la presión de que ellos no llegaran a dar las funciones a tiempo, llegar al punto de tener en el teléfono de base al seguro y en el celular a Rodolfo, y que de verdad parecía que no avanzábamos en nada decidiera mejor que el seguro les mandara una grúa desde SLP que los arrastrara hasta Monterrey. Yo hubiera esperado que el trámite fuera más sencillo, pero la verdad es que viendo la dificultad que había para gestionar todo desde el D.F. (y lo que faltaba para ver el mecánico, además de que ellos estarían en el cine) hizo que con toda la resignación del mundo decidiera ir hasta la sultana del norte. Demos gracias a Dios por hacer páginas de compras de boletos de avión que funcionan a las 3am.

Al día sig... bueno, siete horas y media después y todavía con un poco de mareo por el estrés, mi papá me dejaba en el aeropuerto para documentar mi morralito con un pantalón, dos playeras y tres chones que iban todos cubriendo a la computadora, ya que de verdad tenía trabajo atrasado. Cerca del mediodía abordamos y un ratito más tarde, a casi una semana exacta de haberme bajado de un avión desde el otro lado del mundo, despegaba de nuevo pero esta vez rumbo a la misión de rescate de tres chilangos y un coche descompuesto.

Lo que pasó en Monterrey, propiamente dicho, vendrá en bonitos fascículos coleccionables tan pronto los acabe de escribir. Si le cambian de canal se lo pierden.

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Oyendo: Utada Hikaru - Letters



El disco duro vacilador

Lo reconozco: fue una compra de pánico. Bueno, quizá no de pánico pero definitivamente no planeada. El chiste es que me compré un disco duro portátil y no estaba pensando mucho.

Pasó lo siguiente: un amigo me llevó su computadora para reparar, pero lo que le sucedía (entre otras cosas) era que el disco duro simplemente ya no servía. Para poderla echar a volar se me ocurrió que podría ponerle la unidad externa no tan portátil que tengo y así ya tenía excusa para ir a la Plaza de la Computación a pasar la tarjeta y poner la poderosa. Y así sucedió, me encontré con un disco bonito y barato. Lo bueno estaba por verse.

Llegué a la oficina y lo conecté. Decía que "El dispositivo no se instaló correctamente" y aún así podía entrar al disco y manipular la información. En ese momento yo creía que era un problema con los controladores e incluso los fui a buscar a la página del fabricante, con lo que dejó de salir el mensajito molesto.  Maravillosamente tenía un juguetito nuevo para atascar de información, a cómodas mensualidades.

Pero para usar el otro disco era necesario primeramente pasar la información de ese al nuevo, en pedacitos pequeños para tenerlo bien controlado. Lo que yo hice fue simplemente copiar y pegar (al fin el disco sería formateado) pero mi hermano sí cortó sus carpetas y las pegó en el disco nuevo. Todo hasta aquí salía bien, teníamos toda la información guardada y portátil e incluso el doble de espacio libre para seguirle metiendo fotos, música, archivos y programas. Era momento de formatear el disco viejito para hacer labor social. Todo era felicidad.

Sin embargo, como todo cuento que siga las reglas de Propp que se respete algo tenía que salir mal. Y lo hizo.

Un día en la casa que quería sacar información del disco nuevo al conectarlo me salió el mensaje "No se reconoció el dispositivo USB" y efectivamente no salió en la lista de discos. AHÍ debí haber notado que algo no estaba bien, pero pensando que solo lo había conectado mal lo conecté de nuevo y funcionó sin problemas.

El problema se siguió presentando, ahora con más frecuencia, hasta que definitivamente ya no pudimos entrar al disco. Así, de un momento a otro, y sin poder sacar nada de información.

En la desesperación, una de esas veces le torcí tantito el conector y como que ahí quería empezar a leer el disco. Eso me hizo pensar que el problema era solamente el conector en falso y con una soldadita quedaría listo para rockear de nuevo. Incluso fui a la Plaza de la Computación a que me lo resoldaran (sin conocimiento del lugar donde lo compré, por que me invalidan la garantía) y regresé a probarlo a la oficina.

Nada.

El disco en las mismas. Y esta vez no había de otra, nada de conectores; el disco había muerto en cumplimiento de su deber.

Hacer válida la garantía y cambiar el disco no tenía nada de ciencia, pero aquí lo que lo hizo complicado fue el asunto de los datos. Verán, casi 400Gb de información de años se habían quedado atrapados dentro del disco. Fuera de la lagrimita traicionera que provocó oir eso, dentro del disco también estaban documentos sensibles del trabajo de mi hermano.

Por más que le traté de explicar a Banda que INTENTAR sacarle la información al disco saldría carísimo como para hacérselo a todos los discos que les regresan, el ya se veía en el apando gracias a que los chicos del local donde me vendieron el disco se metieron al disco, recuperaron la información, vieron carpeta por carpeta y vendieron los documentos en el mercado negro. Aunque se que me va a matar por publicarlo, debo hacerlo: Su brillante idea para evitarlo era decirles en el local que destruyeran el disco por que tenía información importante de una empresa multimillonaria. Ya casi les dice la ruta de los archivos para que no entren ahí. Le dio tan duro la paranoia que habló a la filial mexicana de la fabricante para saber qué hacían con los discos defectuosos que les regresaban.

En fin, en discusiones y jalones se nos estaba yendo el tiempo y ni sacábamos esa información ni regresábamos el disco. Casi a la fuerza (y después de una hábil negociación de mi parte) fui a cambiar la unidad simplemente diciendo "¿Me la puedes cambiar? Ya no funciona" y enseñando la nota. Sin preguntas, sin explicaciones no pedidas y sin cara de nervios por pensar que me estaban esperando para sacar mis fotos en tang... digo, los documentos estos. En donde sí me puse rudo fue en ver que me dieran un disco que viniera en caja sellada para podérselos aventar en la carota si me volvía a salir defectuoso.

Obviamente lo primerito que hice fue regresar a la oficina a conectarlo para probarlo. Nada de mensajes de dispositivos no instalados. Corre como el viento, y hasta está más bonito (es plateado con acabados blancos). Hasta el momento de escribir esto el disco funciona cada vez que lo conecto, así que al parecer este es el buenas, como dicen en el comercial.

¿Y los datos? Oh no, no se sientan mal por eso. Bueno, no mucho: algunas cosas están guardadas en otros lados, algunas ya no servían y otras se pueden recuperar fácilmente (como los mentados respaldos del trabajo). Para los que no entran en esas categorías, hay manera de sacar algunos del disco duro viejito, aún cuando ya está formateado y sobreescrito. Corrí un programa llamado GetDataBack y rescató varias cosas mías pero desafortunadamente solo pocas cosas de lo que Arturo cortó y pegó. Estoy probando mientras escribo esto con otro programa llamado Recuva que ya nos había ayudado a recuperar más datos en otros discos. De lo perdido lo que aparezca, ¿no?

Por eso no hay que hacer las cosas tan a las carreras, al menos en las que involucran a los caprichos de la tecnología.

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Oyendo: Bill - Espectro



Nostalgia del escenario

Toda la semana pasada varios amigos me dijeron que me notaban muy apagado, o muy serio. Alguien me preguntó incluso que si estaba triste, pero yo contesté que no, que me sentía bien.

Sin embargo, hoy en la mañana mientras me enjabonaba el puerquecito, como sucede con todas las iluminaciones, me llegó de repente la razón, motivo o circunstancia de mi aparente "seriedad". Lo chistoso es que ya me había pasado antes y me seguirá pasando en el futuro visible.

No es tristeza ni depresión. Es una sabrosa nostalgia que me cae después de tener una función. Nostalgia de que de verdad me gusta andar planchando vestuario a la 1 a.m., cargando sombreros, corriendo para cambiarse de vestuario y subir cierres, poner paliacates, botas o amarrar faldas, y salir al escenario a deshacerse las rodillas y la garganta. Acaba uno molido al día siguiente, pero las ganas de volverlo a hacer le permiten a uno agarrar fuerzas que no creería tener guardadas.

Creo que solo la gente que tiene que ver con las artes escénicas sabe que la escena sadomasoquista que acabo de describir tiene un encanto particular, un saborcito al que cuando a uno se lo cuentan no lo cree, la primera vez que lo prueba le sabe raro, y las que sigue se hace adicto.

Y cuando la función acaba, una sensación de "¿y ahora qué?" flota en el ambiente. Como si tuviera Duracell y pudiera seguir y seguir zapateando hasta que de verdad me salgan ampollas, pero eso no sucederá hasta la próxima vez que me descubro nervioso por salir a tiempo al escenario a hacer lo que más me gusta. Por eso me cae la nostalgia: Por que es algo que quisiera hacer sin parar y que extraño cuando no lo estoy haciendo, como cuando se extraña a la pareja o a la ciudad natal en un viaje de negocios: sabes que regresarás a el, pero no tenerlo cerca en ese momento te hace extrañarlo.

Yo se que pasará pronto, pero después de la función que tenemos programada para el domingo seguramente el ciclo se va a repetir. Y no quiero ni pensar qué va a suceder después de las dos semanas de funciones en septiembre. Les encargo que si me pongo muy hostil me den unas cachetadas, por favor.

¿A ustedes les da por ponerse chípiles por algo parecido? ¿O sólo soy yo que soy de edición limitada?

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Oyendo: Siddhartha - Extraños (Vía Grooveshark)



Axotla

Ayer me salí a caminar por mi nueva oficina, a estirar las piernas y reconocer el lugar.

Vaya, no es una zona que no conozca (¿Quién en el D.F. no conoce Coyoacán?) pero siempre habrá un rinconcito nuevo por ver, algo que pasa desapercibido y merece ser conocido.

La verdad es que la misión de scouting tenía además otra intención. Cuando trabajaba allá en el centro tenía un lugar donde poder dejar el coche las pocas veces que me lo llevaba, pero ahora que trabajo aquí está muy complicado estacionarse como no sea en el estacionamiento de la plaza comercial que tengo en contraesquina, así que ahora que no lo necesito prevení para cuando de verdad tenga que hacerlo.

Vi en una revista México Desconocido de un lugar llamado Axotla atrás de mi edificio, y como no me queda lejos me fui a investigar si tenía una banquetita disponible para un Chevy extra.

Dicen los señalamientos que Axotla es una colonia, pero en realidad es uno de los tantos y tantos pueblos que La Ciudad Capital se fue comiendo en su crecimiento desaforado. Pero sigue siendo un pueblito en su estructura: Calles no planeadas, chiquitas, para que las personas que viven ahí estén siempre en contacto. Gente mayor sentada en el portal tomando el fresco, las tiendas improvisadas en accesorias en su casa donde el tendero te saluda por tu nombre, casas grandes con jardines que han visto macetas ir y venir y, como todo buen pueblo de México, su propia iglesia; chiquita, pero en el centro del pueblo con un gran atrio y ese ambiente de paz que solo se encuentra cuando la vida no corre, si no que se detiene a dar los buenos días al ir paseando.

Apreciablemente poco conocido, es una sensación muy extraña como a dos calles de Avenida Universidad existe un lugar donde puedes escapar de los claxonazos y el estrés para caminar sin sentirse presionado, bajo el sol de las tres de la tarde viendo cómo los papás llevan a sus niños de la mano a la casa al salir de la escuela.

Se me fue el tiempo explorando el lugar y cuando me di cuenta ya tenía que regresar a trabajar, aún cuando de buena gana me hubiera podido quedar ahí sentado en el atrio oyendo a los pajaritos y sientiendo el aire que soplaba calmado. Quizá haga eso cuando en la oficina el teléfono no deje de sonar y los jefes estén más estresados que de costumbre.

Lo que si no haré es dejar el coche ahí: Siento que es tan frágil la barrera que separa a Axotla del resto de esta acelerada ciudad que sería como darle entrada al desorden y el caos que ya ni nos damos cuenta que cargamos.

Axotla

Axotla

Axotla

Axotla

Axotla

Axotla

Photobucket

Axotla

Hay cosas que son mejores cuando no sienten el paso del tiempo.

¿Ustedes conocen lugares así?

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Oyendo: La tele



La triste historia de Toño y su visa desalmada

Bueno,

Después de mucho tiempo, ahora sí tuve chance de escribir la parte del trámite de la visa.   El por qué anduve tan falto de tiempo es cosa de otro post. Mientras, aquí les voy:

Disclaimer (de nuevo):

Esta es mi experiencia al hacer el trámite de la visa de turista para Estados Unidos. Ni garantiza que el trámite es siempre así, ni que por que yo lo haya dicho así tiene que ser. De preferencia llévense todos los documentos probatorios que puedan, es más fácil cargar dos kilos de papel que darse de topes en la pared por que faltó un documento.

De la misma manera, no estoy afiliado, comprometido, amenazado, subsidiado, respaldado, advertido ni nada de eso por la Embajada de Estados Unidos de América en México. Este texto es simplemente para dar a conocer mi experiencia con el trámite y para servir un poco de guía para quien va a hacer su trámite por primera vez. 

No se vale decir "a mí nadie me dijo".

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Parte I: Online
[Ojo: Esta parte es más bien una guía y es un poco larga. Dependiendo de su paciencia pueden saltarse al punto 2 o seguir leyendo.]

Ya tengo el pasaporte, muy bien, pero para mi viaje a Corea el avión hace escala en San Francisco, así que tengo que tener la visa de EEUU para poder ir a zapatear a la más austral de las dos Chinas, Alicia Machado dixit. Yeeey. Igual que con el pasaporte, la visa formaba parte de un wishlist que se convirtió en un must (ando muy internacional hoy, goeeei). Así que para no variar, mi búsqueda empezó preguntándole al tío Google qué sabía al respecto. Una búsqueda de "visas mexico" me mandó derechito a la página del Servicio de Visas de los Estados Unidos para México, que se ve descuadradísima, sin estilos y toda despanzurrada. Quién sabe cómo se me prendió el foco y pregunteme si no tenía que ver con que estaba usando Chrome. Abríla entonces con Explorer y como por arte de magia el sitio apareció elegante y estructurado ante mis ojos. 

Este es un paso importante, niños y niñas, por que más adelante hay funcionalidades que no funcionan fuera de IE. Entonces, para empezar, la recomendación es abrir el sitio de Visas de EEUU en México con Internet Explorer (go figure). Dice ahí que con Firefox 3+ se ve bien también, pero a mí el zorro de fuego no me gusta.

Llegamos a la página de inicio. Abajo a la derecha hay un chico entre hindú y japonés con una lap que te dice "Haga clic aquí". Háganle caso y pasamos la siguiente página, donde nos tenemos que registrar para hacer el trámite, incluyendo nuestro número de pasaporte. Es NECESARIO, no repelen.

Clic en la primera de las opciones de la izquierda. Para sacar la visa necesitamos, según el sitio, el número de pasaporte, el pago de la solicitud de visa y el número de confirmación de la forma de solicitud en línea. Vamos por partes:


  • El pasaporte es necesario por que la visa es, al final, un papel engomado con relieves que se pega en una de las últimas páginas del pasaporte (la del escudo de Yucatán, para ser exactos). ¿Qué? ¿O cómo creían que era la visa?
  • El pago de la solicitud de la visa es de USD $140 para la visa de turista (MXP $1625.54 según Google el 23 de abril de 2011). Se necesita la confirmación del pago para poder seguir el trámite en cierto momento. El precio varía según el tipo de visa que necesiten.
  • Varía, también, la forma de solicitud en línea que se necesite llenar de acuerdo al tipo de visa. Para la de turista (B1/B2) es el formato DS-160.

Lo primero que tenemos que hacer es llenar la forma de solicitud de visa. OJO: Esta parte es larguísima y puede ser muy frustrante de acuerdo a su conexión a internet, así que recomiendo hacerla cuando tengan mucho tiempo libre (de menos dos horas) y una buena conexión. 
Más importante aún: Toda esta parte está en la lengua de Chéicspierr, así que si no tienen mucha idea tráiganse a su tía la que sabe o al cuate nerd (zafo) para que los ayude. Poniendo el mouse encima de los textos se obtiene una traducción rara al español, pero preferiría que un humano se los tradujera.

Para la visa de turista (la DS-160), la dirección de la página donde se llena la solicitud es https://ceac.state.gov/genniv/ . Damos clic ahí y, como dije, sale una página en inglés. Damos clic y sale otra página donde tenemos que indicar de que bonita parte de este mundo globalizado los visitamos y damos clic en "Start application". Aparece en un recuadrito rojo un Application ID que tenemos que anotar. En serio. Es importante para después. También viene una pregunta de seguridad para escoger y un cuadro para escribirla. POR VIDA DE DIOS, ANOTEN AMBAS... las necesitarán las siguientes dos horas.

Antes de dar clic (¡quietos ahí!), recomendaciones. Lo que viene es un tortuoso cuestionario de muchas (como 200) preguntas acerca de su vida. Paranoicos y eficientes como son los gabachos, el cuestionario tiene una sesión activa de 30 minutos, a veces apenas suficiente para cambiar de página. Si se llegan a pasar del tiempo no hay tanto problema: Contestando la pregunta de seguridad (esa que anotaron si me hicieron caso) regresarán a la pantalla donde se quedaron pero con todo en blanco. Lo que hice yo fue salvar al menos cada 15 minutos, me quede donde me quede. Es tediosísimo, lo se, pero es preferible a quedarse atorado y luego soplarse una (o dos o tres) páginas de nuevo. Si se les va la luz o el gato desconecta el cable no pasa nada mientras salven, pueden volver a cargar lo que lleven entrando a la página de inicio de la solicitud, escogiendo "Load application" y escribiendo la Application ID que les pedí acá arribita que anotaran.

También necesitarán tener a la mano los siguientes datos para contestar: Fechas de ingreso y salida de EEUU, dirección del lugar a donde llegarán, nombre/dirección/teléfono de una persona que conozcan en EEUU (si tienen), dirección y fechas de ingreso/salida a la universidad, direcciones y fechas de ingreso/salida de los trabajos a donde han ido. Vayan, aquí los espero.
¿Ya listos? Perfecto. Las siguientes dos horas son de ustedes, yo no me vuelvo a parar por ahí. En serio, acá afuerita me encuentran de salida. 

Una última recomendación: cuando lleguen a la parte "Security and Background information" asegúrense de contestar que NO cuando les pregunten si han sido traficantes de drogas, o de blancas, o han lavado dinero, o forman parte de una guerrilla activa. Verídico, preguntan eso. ¿No me creen? Véanlo. ¿Alguien alguna vez contestará que sí? ¿Qué pasaría en ese caso?

...

¿Cómo? ¿Ya? ¿Tan rápido? ¿Ya tenemos el número de confirmación y todo? Perfecto. Anoten ese también y pasemos de regreso a la página del servicio de visas donde se registraron la primera vez. 

Aquí las cosas se me ponen borrosas (la edad, ya saben), pero estoy casi seguro que el orden es como sigue:

De regreso a la página de inicio debe aparecer el número de confirmación del cuestionario de la muerte dentro de los generales en el recuadro azul. Si no, sálganse y vuelvan a entrar. ¿No? Mmm... entonces después habrá que informarlo, no lo pierdan de vista.

Ya que fuimos interrogados, lo que resta es pagar y hacer la cita (¡Alabado!)

Vamos a la parte donde dice "Programar una cita" y damos clic. Ahí viene un menucito desplegable donde escogemos el tipo de visa que necesitamos. Vamos dando clics donde corresponda y escogemos el consulado donde haremos la entrevista con los funcionarios además de la dirección de la sucursal de DHL donde recogeremos el pasaporte con todo y la visa pegada (por que se lo llevan). 

Luego viene la parte fea de pagar los derechos de acuerdo al tipo de visa. Yo originalmente había impreso la hoja para ir a hacer el pago en el banco (Sólo Banamex o Scotiabank) pero me entró el nervio y mejor hice mi pago en línea. 
CUIDADO AQUÍ: Un amigo tuvo que pagar doble por que su primer pago (en línea) se fue al limbo de los trámites cuando la página se cayó. Yo no tuve problema pero se los dejo para que lo consideren. Si pagan en línea impriman la confirmación (la usaremos en la parte II). Si pagan en ventanilla, hay que introducir los datos del pago en el lugar correspondiente de la página y guardar el comprobante de pago.

Viene lo bueno, escoger las fechas y horas de las citas.  Wait... ¿citaS?

Sí: Aparentemente para reducir tiempos de espera ahora se hace una cita aparte en otro lugar que no es la embajada para la toma de los datos biométricos. Se oye muy posón, pero en realidad es para que te tomen la foto y las huellas dactilares.

Regresando al tema, DEBEN aparecer los calendarios para hacer las citas tanto en la embajada como en el CAS (Centro de Atención a Solicitantes). Si no aparecen hay que revisar las configuraciones del Exlorer para que se quede en "medio-alto". Con esto debe de bastar.  Yo tuve la suficiente suerte de poder hacer citas para dos semanas después de la fecha en la que las solicité, pero se de gente que tuvo su cita seis meses después. Traten de no hacer las citas cerca de vacaciones por que como todo mundo quiere salir hay mucha mucha gente haciendo el trámite.  También, de preferencia, la cita de la embajada hay que hacerla MUY temprano, ya verán por qué en la parte III de este dramón de novela.

Una vez escogidas las fechas y las horas, lo que resta es imprimir el correo que les mandan de confirmación de las fechas (que también usaremos en la parte II) y listo. La parte más tediosa del trámite de la visa está completa. 

Después de tanto desmadre es justo que tengamos una parte más relajada, así que sin más pasemos a la ...

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Parte II: El CAS

El CAS está ubicado en Hamburgo #213 en la colonia Juárez (aka la Zona Rosa). No está del lado de la jotería, si no más bien cruzando Florencia, entre Varsovia y Oxford. Nada dice que sea un edificio de EEUU salvo los chicos que están afuera de playera azul marino atendiendo a los solicitantes.  El día que fui me tocaba la cita a la 1:50 p.m. pero como iba corriendo a solicitar una constancia laboral en mi empresa pasé cerca de la 1:15 a ver si me atendían, y sí. Hay que llevar el comprobante de pago y la confirmación de la cita, y pasar con uno de los mencionados chicos que están afuera para que te revisen los papeles y te pongan un sellito antes de entrar al edificio. Para pasar te registran todo lo metálico y electrónico; si traes celular te piden que lo apagues Y le quites la pila. El poli es bastante necio, así que no vale la pena discutir (además son órdenes superiores).

Pasé a una recepción, me revisaron el sellito y me hicieron pasar a una sala blanca con sillas de espera y ventanillas con cristales antibalas. Como no había tanta gente, me pasaron directo a una de las ventanillas donde me recibieron por tercera vez los documentos, me preguntaron el motivo de mi visita y me sentaron enfrente de una pantalla blanca para tomarme la foto. Después me tomaron las huellas en un aparatito con una pantalla de cristal y me recordaron de mi próxima cita en la embajada. Eso fue todo. Hice diez minutos en todo el trámite y eso exagerándole un poco.

Quizá yo tuve suerte, por que se ve por la cantidad de sillas de espera que puede haber mucha gente en espera. Un amigo me dijo que hizo una hora de fila, así que recomiendo llegar media hora antes de la cita y si tienen suerte salen antes.

Y para finalizar, damas, caballeros y niños que nos acompañan, viene la última parte:

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Parte III: La Embajada

La parte que todos tememos. Sobre la que se cuentan las peores leyendas urbanas. ESA en donde se decide si EEUU te considera digno de entrar o no. Para hacerles la vida más amena (o menos traumática, según) les diré que a mí me pasaron todo tipo de tips para ir vestido (no de traje, no pandroso, no de playera, si de playera pero no con tenis, nada muy ostentoso) pero acabé yéndome con la ropa que normalmente me voy al trabajo, es decir, un pantalón khaki, camisa blanca y saco y suéter café. Muy relajado, pues... supongo que la idea es que te veas cómodo y no quieras aparentar de más.

Mi cita en la embajada era a las 7:30 a.m. Le pedí a mi papá que me hiciera favor de llevarme a la embajada a las seis por que no quería llegar ni tan temprano ni tan tarde, entonces llegué a las 5:45 y para mi sorpresa ya había unas 30 personas antes que yo formadas sobre Río Danubio. 

Pasó un señor con banquitos de plástico en renta, a $10 cada uno. Con el frío que hacía varios decidimos rentarle uno para al menos hacernos más bolita y resistir el airecito. Al poquito rato llegó su esposa vendiendo plumas de tinta negra para firmar adentro. Yo me llevé la mía así que no tenía necesidad, pero siempre hay a quien se le olvidan aquellas pequeñas cosas, como dijera Serrat. También llegó una chica muy flaquita vendiendo café americano, capuchino, chocolate, $15 pesos (Con esa cantaletita, lo juro) y por mucho que me hubiera gustado comprarme uno no me llevé mucho dinero. Ni modo.

A esas horas (cerca de las 6:15), rodeado de extraños y envuelto por el frío francamente no hay mucho que hacer mas que ponerle atención a lo que se platica alrededor de tí, y eso hice: Los viejitos adelante de mí venían de Veracruz y se regresarían tan pronto acabaran el trámite, la señora de atrás y su familia se irían a desayunar a Chapultepec, el chico dos lugares atrás estaba guapo... bueno, el no decía nada pero igual le puse atención.

La gente seguía llegando y para las 6:30 la fila llegaba a Reforma. A esa hora salió un chico de la Embajada a dividir la fila entre los de la cita de las 6:30 y los de las 7 y 7:30, así que el chico guapo se fue a la fila que ya estaba pasando. Mientras estaban avanzando, iba llegando gente despistada y corriendo que con una suerte de perro mojado llegaron derechito a su cita SIN HACER FILA.  Grrrrr.

Acaban de pasar los de las 6:30 y llaman a todos los de las 7 para que vayan haciendo otra fila. En la línea de las 7:30 había unas ocho personas adelante de mí, y como no sabía cómo era el trámite yo esperaba que no saliera tan tarde como me habían advertido. A los de las 6:30 los habían pasado directo a una estructura como una caballeriza de lámina que está anexa al edificio desde donde se oía que les daban instrucciones en voz alta, pero a los de las 7 los formaban en carriles cerquita de la caballeriza para que fueran pasando conforme la estructura de lámina se fuera desocupando.

Acabando de pasar los de las 7 (incluida otra tanda de mugrosos despistados con suerte que aterrizaron derechito a la cita) ahora sí nos llamaron a nosotros. El chico que dirigía el tráfico nos revisó el sellito que nos pusieron en el CAS y nos mandó a los carriles que les digo; desde ahí se ve lo que pasa adentro de la caballeriza: Está la gente formada (¡otra vez!) mientras un poli les da instrucciones y dos chicos les revisan los papeles (¡otra vez!).

Hasta que nosotros pasamos a la caballeriza (adornada con cuadros con los escudos de los estados de EEUU) nos enteramos ahora sí bien qué es lo que pasa. El poli recita en voz alta (quizá demasiado) las medidas de seguridad para pasar al edificio: no geles, no sprays, no comida, no electrónicos, no corro, no grito, no empujo. Para los electrónicos el mismo poli (que supongo que a fuerza de ser la autoridad de la caballeriza se sentía EL poli) tenía ziploc para dejar Blackberries, celulares, Ipods, Iphones y cuestiones similares a cambio de un numerito, como la paquetería del súper. Las laps las pedías con tu numerito nomás. Los chicos que revisan los papeles estaban verificando DE NUEVO el sellito, la fecha/hora de la cita y el comprobante de pago. ¿Qué no se comunican entre ellos?

Al final de la fila, ya para entrar (en grupos de cinco), EL poli nos indicó que para pasar por el escáner teníamos que quitarnos los suéteres/sacos y los cinturones, y tenerlos a la mano. ¡Y con ese frío! Solo se salvaban los viejitos y los niños, que podían quitárselos adentro, donde pasamos primero a una mesa de recepción.

Ahí en la mesa... adivinen. Sí, te revisan los papeles, pero además te preguntan rápido si es primera vez o renovación, y cuál es el motivo de tu visita.  Te asignan un número, te lo engrapan cucamente con la hoja de confirmación y ahora sí te mandan al escáner. Tus cosas pasan en una bandejita.

Mientras te vistes, en una mesita hay puestas muchas revistas de turismo en Estados Unidos que tienen recomendaciones de todas sus regiones. Las revistas están escritas al estilo americano (llenas de adjetivos calificativos muy sonoros y descriptivos, en voz pasiva, directos al punto) y traducidos al español estadunidense.  Sí, no es la mejor de las opciones pero TOMEN UNA, por Dios, que se necesita allí adentro.

Ya que pasamos hay un chico que explica cuál es el procedimiento: Al fondo hay unos cubículos con número, y en la pizarra electrónica que se ve encima de nosotros aparecerá nuestro número junto con el del cubículo al que tenemos que entrar. Mi número era el 108 y apenas iban en el 50 y tantos, así que me senté y esperé... y me di cuenta de qué tan valiosas eran las revistas en ese momento. 

Corrieron los minutos y al fin vi mi turno en la pantalla. Pasé un poco nervioso al cubículo que me tocaba y para mi sorpresa vi de nuevo el aparatito para las huellas dactilares y una cámara. ¿No para eso existe el CAS y la nueva cita? A mí solo me revisaron los documentos y me mandaron a otra fila, pero pensando un poco acerca de la gente que viene de otros lados que no sea el DF no creo que tengan tiempo para venir a una entrevista extra. En cualquier caso debería haber alguna clase de control para que los que ya tengamos el sello del CAS no pasemos por esta revisión extra... y más por que la siguiente fila es para OTRA revisión de documentos (si, otra) antes de que me mandaran a sentarme en una parte de la sala a esperar, con el mismo sistema de numeritos de carnisalchichonería, la entrevista con el empleado consular.

Estoy seguro que esta parte del trámite está diseñada para, si no aterrorizar, de menos intimidar. Al fondo están las ventanillas, sin divisiones entre ellas, donde te entrevistan mientras tu estás parado y ellos te hacen preguntas y te piden documentos atrás de un cristal antibalas por medio de un micrófono. Como es por medio de un micrófono y una bocina se escuchan algunas de las preguntas que le hacen a la gente y curioso como soy puse un poco de atención. Piden cédulas, facturas, actas de nacimiento, boletas, recibos, constancias y preguntan, invariablemente, el motivo de la visita a EEUU y qué haces de provecho en la vida. Pasaron una señora ya mayor, una familia de cinco, los señores de Veracruz, un chico guapo con pinta de empleado (Esperen... ¿no es el de allá afuera?), un señor panzón, un combo de papá e hijo estilo "¿Y la Cheyenne apá?" y mucha más gente antes de que me tocara pasar a mí.

Cuando mi turno salió en la pizarra me sentí como si me llamaran a negociar mi libertad, o a audición, o a audicionar para ser libre o... bueno, ustedes me entienden (espero). Me levanté muy orondo, caminé con pasitos calmados y le di con mucha seguridad el pasaporte y los buenos días en español con una sonrisa al chico que me atendió.

El empleado (un treintañero de pelo corto chino y ojos verdes importado desde allende la frontera), con la flojera que da la rutina de entrevistar decenas de personas al día, me hizo solo CINCO preguntas en español con fuerte acento norteamericano -incluyendo las que puse arriba-, se volteó hacia su computadora y dio varios clics. Un minuto después sacó un papelito de un tarjetero y me lo dio mientras me dijo (imagínenselo hablando como gringou) "Su visa está aprobada. Por favor pase a recogerla de siete a 10 días hábiles. Es todo, buen día.

Ni siquiera me dejó responderle. Yo que iba dispuesto a sacar mi tianguis, pelear por mi visa y seducirlo si era necesario (y si no era necesario pero lo ameritaba también) me quedé con todas mis ganas de echar pleito y con un sentimiento raro entre "¿Qué? ¿Ya?" y "¡A huevo!" en el pecho. Tanto así, que nomás voltearme se me cayó el folder donde traía mis papeles haciendo eco por toda la bendita sala. Ni la mirada de todos los que estaban sentados viéndome hacer el oso me quitó la sonrisa de haber conseguido la visa en un tiempo récord de... ¿eh? ¿CUANTO?

Eran las 9:15 de la mañana cuando salí. El trámite en el que perdería toda la mañana me había tomado dos horas y llegaría, sin mucho problema, a mi trabajo a las 10 de la mañana. Es más, todavía me dio tiempo de ir a hacer un depósito en el banco. Pensé en ir a mi casa a dormir lo que me desmadrugué y aparecerme en el trabajo a las tres de la tarde, pero preferí llegar temprano y salir temprano. Lo que es cierto es que para las nueve que salí, EL poli seguía dando instrucciones pero ahora afuera parecía romería de tanta gente... supongo que en esto de las visas sí aplica lo de "Al que madruga Dios lo ayuda".  

Y vaya que ayudó: Mi visa (que recogí junto con el pasaporte cinco días después) dice que expira en 2021, lo cual me da chance de pisar suelo yanqui mucho más que sólo de tránsito para Corea del Sur. Esperemos aprovecharlo el próximo año.


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Oyendo: Yellow Yesterday - Y es así



Como sacar tu pasaporte en el DF (drama incluído)

Disclaimer (o lo que es lo mismo, "zafo"): 


Esta fue mi pura experiencia haciendo el trámite y no estoy afiliado ni comprometido ni amenazado por la S.R.E. 


Que conste que esto que relato solo aplica, hasta donde se, cuando vas a hacer el trámite directamente al edificio de Tlatelolco en el D.F., que es el mero mero de la expedición de los pasaportes.  El único fin de esta crónica es ayudar a los que van a hacer el trámite de primera vez (y si cabe, de renovaciones) para que no lleguen en la lela y a la aventura como me pasó a mí.


Advertidos todos.

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Edición (octubre 2015)
Me da un montón de gusto que mi drama evite dramas en la hora de la verdá, pero también me da mucha pena que revisando los otros mensajes de Facebook descubro que alguien me mandó un mensaje al respecto de este post... hace dos años >_<

Para evitarnos problemas, ya sea que dejen un comentario acá abajo (me llegan las notificaciones al correo) o directamente me manden un correo, que está aquí a un lado -si ven esto en una compu o laptop- justo donde dice Skype. Para evitar spam, tanto @ como el punto están marcados como [at] y [dot], pero ese es mi usuario y dominio.

AVISOS PARROQUIALES
Si tienen boletos para la próxima semana para ir a ver la Torre Eiffel pero no tienen pasaporte, la gente de S.R.E. lo más que puede hacer por ustedes es darles las condolencias. Existe la figura de "pasaporte de emergencia" siempre y cuando SE COMPRUEBE QUE ES UNA EMERGENCIA (válida). Los requisitos están acá. Por favor, planeen con anticipación la vacación a Praga y Brujas (la ciudad) para que las brujas de las recepcionistas no se pongan locas con ustedes. Sospecho con el pecho y calculo con el... corazón que para las vacaciones de Semana Santa, Verano e Invierno todo mundo se quiere ir a los Llunaitet a ver al tío rico en Utah, entonces febrero, marzo, abril, octubre y noviembre no debería uno acercarse a menos de 50 metros de una oficina de S.R.E. a menos que se absolutamente necesario.

Cuenta el run run que ya no se hacen citas por teléfono, pura modernidad de citas electrónicas. Si un alma caritativa puede confirmarlo todos lo agradeceremos mucho.

Como preguntaron acá abajo, las muchachas guapas de preferencia tómense las fotos con el pelo recogido, maquillaje discreto y aretes chiquitos solo en las orejas para que no la regresen, que los estudios de fotos cerca de las oficinas de gobierno hacen su agosto tomando fotos estilo "pero córrele que mi jefe no sabe que vine a hacer mi trámite". Incluso se me ocurre que podrían tomarse las fotos en esos estudios, que ya se las saben y les pueden decir cómo va la foto y cómo no, pero DESDE ANTES, por favor.

Ahora sí, viene la diversión.

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Hacía un ratote que quería sacar el pasaporte por lo que se pudiera ofrecer, y ahora que voy a hacer un viaje importante sacarlo dejó de ser un "a ver" para ser un "lo necesito".

Una búsqueda rápida me llevó a la página de la S.R.E. donde viene santo y seña de los requisitos para el pasaporte según su caso y los pasos para hacer la cita. De lo primero que me dio flojera es ver que para hacerla cita por internet era necesario "registrarse" a algún lado y temía que fuera un mailing list del gobierno, pero la flojera y/o la necesidad me llevaron a inscribirme para después escoger el lugar donde quería hacer el trámite y por medio de un calendario la fecha de mi cita. Aparentemente es más bien un control interno, pues nunca me ha llegado nada más que mi confirmación y los datos del día en que había elegido presentarme. De preferencia IMPRIMAN esta hoja o copien el número de cita que viene en la confirmación, por que lo piden.

Un amigo que hizo su cita por teléfono dice que te preguntan tus datos, el módulo donde harás el trámite, y te dan a escoger las fechas y horarios. Al final te dan tu número de cita, y no puedo remarcar lo suficiente que tan importante es que lo apuntes y lo lleves ese día.

Otro amigo decía que no era necesario hacer cita, que solo con llegar temprano es suficiente, pero como les explico mas abajo al parecer no es así.

El siguiente paso es pagar el importe del trámite. Debido a las complicaciones que tuvo un amigo con un pago en internet (que no vienen al caso mencionar) no quise pagar en línea, así que imprimí la hojita de ayuda  para hacer el pago en ventanilla (en prácticamente todos los bancos) y me lancé a pagar al banco que está aquí abajo. Cuando les den el recibo de pago GUÁRDENLO BIEN, lo van a necesitar.

Entonces, para este paso ya debemos de tener:


  • El número de cita (Impreso o apuntado)
  • El recibo de pago
  • Los papeles que necesiten para su trámite (Normalmente es acta de nacimiento e identificación, en original y dos copias)
  • Al menos dos fotos tamaño pasaporte (Sí, son necesarias)
  • Una pluma negra (NEGRA, no azul)


Hablando del acta, no hice la prueba pero según parece ya solo están aceptando las nuevas actas (las que tienen la imagen del Ángel y son una copia certificada del acta verde), para que vayan haciendo fila en Arcos de Belén o su registro civil de confianza. Eso sí, saquen muchas porque la que darán en el pasaporte no la regresan.

TIP QUE NO VIENE EN NINGÚN LADO (Jijos de su...): Dentro de las oficinas de Tlatelolco hay un letrero que dice "No se aceptan fotografías con la parte posterior con acabado brilloso". AGUAS con esto, no vaya a ser que se las vayan a rebotar ahí mero.


Ahora sí viene lo bueno, el día de la cita.

Llegué al edificio con todos mis papeles en un folder de plástico a las 9:15. En la esquina está un nada mal ubicado estudio de fotografía que debemos tener en cuenta por si las moscas. Afuera de la reja del edificio hay mucha gente formada que estaba siendo dirigida por una señora que aparentemente hace de todo: Daba indicaciones, vendía plumas negras y, mas importante, resolvía dudas. Como yo llegué y vi mucha gente, me formé cual borrego pero la chica que llegó atrás de mí fue más astuta (o con mas nervios) y me preguntó si era la fila para las citas. No había pensado en eso y me empezaba a poner nervioso cuando la señora de las plumas y de las dudas respondió que no, que los que venían con cita pasaban directo a la reja mostrando su número de cita y que esa fila era por si la no traías (¿Qué les dije?).

Corremos pues y le enseñamos el número de cita al poli de la reja, que nos deja pasar a una fila por dentro de las instalaciones, que era de menos de seis personas. Ahí, dos empleados forman el primer filtro: Te preguntan qué trámite vas a hacer, te revisan que traigas los documentos necesarios y te rebotan si algo te falta. Ahí es donde vi el letrerito de las fotos y en el acto las revisé, pero todo estaba bien.

Me revisan los papeles y me piden que pase por el detector que están en la entrada. Dejo en la bandejita mis llaves y todo lo de metal, y mi morral pasa por el detector pero me rebotan... por los tuppers de la comida.

Poli: Joven, no puede pasar con sus tuppers. No se puede pasar con alimentos ni bebidas [Ojo]
Toño: ¿Aunque estén cerrados?
Poli: No importa. Si quiere, cómaselos acá afuera y luego pasa
Toño: No puedo poli, son los de la comida. ¿Le puedo encargar mi morral o dejárselo acá en la entrada?
Empleado revisadocumentos: No le puede dejar nada a los oficiales y mucho menos dejarlo acá afuera; pasa la señora de la limpieza y se lleva todo [!!!]
Toño: ¿Y luego qué hago? ¿Pierdo mi cita?
Empleado: Pues quizá, pero no puede pasar con eso. Encárgueselo a alguien
Toño: Vengo solo, ¿A quién se lo encargo?
Empleado: Pues a alguien allá afuera, o pregúntele al oficial de la puerta

Corro a la puerta y le pregunto al poli a quién se le puedo dejar mi morral con ensalada de pollo prohibida. Cual Deus ex machina sale la señora de las dudas y me dice "Déjeselo encargado a doña [...] de la cabina de taxis de la esquina. Es el sitio de taxis de la secretaría, está seguro y no le pasa nada."

Intuyendo que no era el primero al que le pasaba esto, y que ya es una mafia, corrí a la esquina con la mentada señora y le encargué mi morral. Había otros dos ahí, así que al parecer no había tanto problema. Lo que es cierto es que mientras me formé la primera vez y ahora que salí la gente sin cita había crecido al doble. Bendita cita.

Regresé y ya no me formé, pasé directo al detector y de ahí para la sala de los pasaportes.

Dentro del edificio, a un lado de la sala, hay una minisucursal de un banco, con toda seguridad más para pagar trámites de emergencia que para que los empleados revisen su saldo. Como sea, me formé en la pequeña fila que hay para llegar a la recepción de la sala, donde te revisan los documentos por segunda ocasión y te dan la forma de solicitud del pasaporte para que la llenes con pluma negra.  Hay un dato que de momento no supe cómo llenar, y luego me dio la inspiración divina: El lugar de nacimiento. Fear not, viene en el acta de nacimiento (¡duh!). También, ojo, llévense su CURP anotada por que la requieren en la forma. Para estas fechas ya todos deberíamos tenerla, pero si no, llévense su RFC.

Llenados los datos, regresas a la recepción, hacen un poco de papeleo y te mandan a un cubículo de recepción de documentos (o a sacar un numerito como del departamento de salchichonería para esperar turno, según la cantidad de gente) donde te revisan todo por tercera ocasión, pero aquí ya se quedan con tu tambache de hojas, pegan las fotos en donde corresponde, y te piden imprimir las huellas de tus índices en una hoja.

Entintados los dedos, viene la parte tediosa del trámite. Te piden que pases a una salita anexa y esperes tu turno para que te tomen una foto digital.

Esperar en la sala puede ser muy angustiante. No por el hecho de esperar en sí, si no por que los turnos que van llamando no son seriados, es decir, pueden pasar el 100, luego el 85 y luego el 92.

Como sea, y después de enterarme del plan de fin de semana de la pareja de adelante y de como a la chica naturalizada de atrás no se la hicieron tan cansada para sacar su IFE, fue mi turno de pasar al cubículo donde me tomarían la foto.

Me pidieron revisar mis datos para ver que no hubiera ningún error, firmar de consientimiento y sentarme derechito para que me tomaran la foto. Acto seguido, me mandaron esperar ooootra vez en un pedacito anexo de la sala a que estuviera mi pasaporte listo.

No se cuanto tiempo pasó, la verdad, pero finalmente después de lo que me pareció una eternidad me llamaron para recoger mi pasaporte. Firmé dos hojas de recibido, y me dieron mi librito con una foto digital con holograma muy posona en la contratapa. El trámite estaba hecho.

Salí del edificio y fui por mi morral, que seguía ahí con todo y tuppers y iPod. Pregunté si se debía algo y me respondieron con el siempre ambiguo "lo que guste". Gusté darle diez pesos y, por primera vez en la mañana, le di una ojeada al reloj.

10:37. El trámite completo para obtener el pasaporte había durado, con todo y la tragedia del morral, una hora y cuarto. Ojalá así fuera para todos los trámites.

Pero como a esto le falta una segunda parte, cuando acabe todo el show me permitiré narrarles la parte morrocotuda del trámite para obtener la visa norteamericana.

Stay tuned.


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Oyendo: Miguel Bosé - Senza di te



Sweet dreams (are made of this)

Estaba caminando con un amigo (que ahora, por más que intento, no puedo ubicar), y como se nos hizo noche lo acompañé a que tomara un metro con el que sueño recurrentemente, que corre a un lado de una barranca.

Lo dejé en la estación y bajando las escaleras empecé a bostezar del sueño intenso que me dio. Tan grave fue que nomás me senté en uno de los escalones, me hice bolita contra el barandal y ahí me quedé a dormir, a pesar de que la gente iba y venía.

Desperté y era de día. Pero no la mañana siguiente sino que, de alguna manera, supe que me había quedado dormido todo un día y medio completo. Me levanté de un salto y corrí, o tomé un taxi, o me subí al metro, o hice algo para llegar lo más rápido posible a mi casa. Rápido es un decir, por que cuando llegué alcancé los últimos rayos de sol.

Pero mi casa se sentía distinta. No, vaya, era el mismo departamento donde vivo, pero el ambiente era extraño, pesado, muy triste. Fui para el cuarto de mi papá y a oscuras, sin prender la luz, estaban mi hermano y mi papá acostados en la cama con una cara muy larga, junto con cajas, bolsas, maletas y demás cosas ya preparadas como para un viaje.

Pregunté qué pasaba y la respuesta fue demoledora: Solo me estaban esperando a que llegara para empezar a desalojar la casa.  La razón estuvo peor, resulta que nos habían caído en un fraude que le habíamos hecho a cierto presentador de noticias de la televisión y la señora que nos renta la casa había decidido que no quería tener a delincuentes en el departamento, así que además de prófugos de la justicia estábamos en calidad de desalojados y con el panorama muy negro en el futuro cercano.

El corazón se me hizo chiquito, se me salieron algunas lágrimas y estaba a punto de gritar cuando...


...me desperté. Miércoles, 2:30am, 38.5°C de teperatura, mucho dolor de garganta y náuseas. Más mareado que asustado, me levanté como pude por una pastilla al cuarto de mi papá (y de paso le di una checadita a ver si no había cajas de mudanza en el piso) pero ni la temperatura ni el mareo cedieron.

Hora y media después el doctor me diagnosticaba dos infecciones fuertes. Me mandó medicina como para caballo y me sugirió no salir de la casa ese día.

No puedo decir lo largo que se me hizo el tiempo entre que me tomé la pastilla y me hizo el efecto suficiente como para poder dormir, pero juro que me dormí con miedo de que volviera a soñar que me corrían de mi casa por un fraude a alguien que ni siquiera conozco en persona.


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Oyendo: Ely Guerra - Ir más adentro



El pueblo cochino

Ayer en el trolebús de regreso me senté junto a un asiento que tenía un poco de refresco derramado. Se intentó sentar un señor ya grande y lo advertí del refresco, diciéndole que si no tenía un pañuelo para limpiar.

El señor saca un pañuelito mientras me va diciendo "Gracias joven. No puede ser esta gente tan cochina, ¿verdad?". Yo me río con el mientras va limpiando el asiento, y ya que se va a sentar me acaba con un "¿Qué podemos esperar del pueblo?" mientras avienta el pañuelo a las escaleras de la puerta.

No atiné a decir nada.

Qué podemos esperar del pueblo, ¿verdad?


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Oyendo: Final fantasy IX - Melodies of life