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Mostrando las entradas de octubre, 2008

La curiosidad no mató al gato

Me pasa una cosa harto curiosa: Si deseo conocer un sitio con la suficiente fuerza (o curiosidad), tarde o temprano y de la manera más inverosímil, lo termino conociendo.

Puede ser cualquier lugar: Un café, una unidad habitacional, un estacionamiento, una heladería, un parque, una escuela... lo que sea. Pero sólo cuando en realidad el interés es demasiado, si no no funciona.

Y en realidad, funciona de una manera que me soprende, pues de las situaciones que menos espero surgen las oportunidades que me dejan conocer lugares que me intrigan.

Tomemos un ejemplo. Habia un edificio de muchos espejos y toldos que no concordaba con nada en el entorno: no tenía pinta de edificio habitacional, pero para ser una oficina estaba ciertamente muy rara, además de colocada en un lugar extraño: A un lado del metro, sobre Tlalpan. Pues bien, ahí fue mi primera entrevista de trabajo después de salir de la escuela, y después se convertiría en mi oficina durante dos años.

¿Queremos más? Siempre quise conocer e…