30 días, 30 juegos II – (31) Juego favorito actualmente

Lo probé todo. Gané y perdí en boliches de ocho bits, hice brincar a Mario, le hice ganar juicios a Phoenix, maté virus con pastillas, acompañé a cuatro tortugas en el tiempo, me subí a mechas para derrotar dioses, interrogué divas de los 40s, mis Megabusters trajeron la paz varias veces, maté a Rugal (al décimotercer intento), no encontré a la Sandiego pero sí a Mario, guié a Link en trenes y barcos, vi todas las transformaciones de Kirby, crucé la imposiblemente larga costa de Phon, y grité FUS-RO-DAH desde lo alto de la garganta del mundo.

Y aún no llega quien quite a Chrono Trigger de Súper Nintendo como mi juego favorito en la vida. Ahí viejito y usando el mode-7 como lo ven, todavía escucho y veo esto y se me pone la piel chinita. A veces lloro. Siempre me enojo cuando S-E evade las preguntas de una secuela. 

Hay juegos que nacieron para ser grandes.




30 días, 30 juegos II – (30) Juego favorito de adolescente

Hay varias razones por las que Final Fantasy VII para Playstation 1 fue el juego favorito durante la etapa puberta de este quien escribe. Fue el primer juego que compré con dinero completamente mío (y aprendí lo que significa ahorrar y sacrificar lujos), en la primera corrida que le di al juego duré 18 horas sentadito enfrente de la tele aprendiendo de la historia (y seguro fue de las primeras que entendí en un RPG), el dragón del Temple of the ancients me hizo ver mi suerte y me enseñó que la perseverancia logra todo (y luego un apagón se rió de mí antes de que pudiera salvar) y, al final, conecté con los personajes, algo que pocos juegos logran.

Claro que volvería a jugarlo, las veces que gusten. El juego ya está disponible para la Playstation Network, aunque en una de esas saco mi Memory card y mi consola para tener la experiencia retro completa.




30 días, 30 juegos II – (29) Juego favorito de niño

Hace muchos muchos años, para arrancar el sistema operativo de una computadora tenías que ordenárselo desde DOS, como el resto de los programas. Lo mismo pasaba con los juegos.

Los juegos, claro, no se bajaban de la nube, ni te los pasabas por USB. Cabían en un diskette, del que se podían sacar copias y copias y más copias. Así llegó a mí Commander Keen: Goodbye galaxy para PC (interesantemente, desarrollado por id Software, que luego hizo los Quake).

Es un juego de plataformas que jugábamos todos en la secundaria con nuestros monitores monocromáticos. Los que ya pintaban para gamers pasaban los niveles como de rayo; a uno le costaba un poco más de trabajo pero era de verdad divertido ver al monito saltar en su pogo para evitar aliens chistosos.

El diskette se perdió en las arenas de los tiempos. Dicen que hay reediciones modernas del juego, pero no se si ahora disfrutaría tanto jugarlo como cuando tenía 12 o 13.




30 días, 30 juegos II – (28) Juego que conozco de memoria

Ora sí, ahí les va un juego del que hablo siempre: Final Fantasy VI para Súper Nintendo.

No necesitamos hablar ooootra vez de el. Hasta a mí me dio flojera. Mejor les dejo un remix reciente y divertido de una de las canciones del juego.




30 días, 30 juegos II – (27) Mi serie favorita

Seguro están pensando "Ay qué flojera, Toño va a hablar otra vez de FF". Pues nel.

Vaya, algunos Final están en mi lista top del mundo mundial, pero hay otros que no disfruté tanto, alguno que preferiría no volver a jugar y uno que ciertamente no tocaría en la vida.
Por eso hoy, damitas, caballeros y niños que acompañan, mejor les hablo de una serie que sí disfruto completa: los Megamanes de la saga clásica.

¿Solo la clásica, dice usted? Sí: los X me gustan hasta el X4, después perdieron la brújula de una manera escandalosa. A pesar que el X5 es el último de Inafune, se nota que no lo hizo con mucho amor y que el resto de los juegos se hicieron con las nalgas poco sustento en la historia y mucho en el profit.

Pero el Blue bomber original, desde el 1 y hasta el 10, pasando por los de Gameboy, siempre es un placer jugarlos completitos aunque el primero y los últimos dos sean una verdadera mentada de madre.

¿Qué a ustedes ver parpadear a Megamancito no les da ternura?




30 días, 30 juegos II – (26) Mi consola favorita

Hubo una vez una consola que arrasó con su generación. Y cuando alguien descubrió cómo ponerle chip para jugar juegos sin publicación oficial en América, básicamente cualquier casa gamer que visitaras tenía uno.

Juegos jueguísimos se podían disfrutar en el Playstation 2: Los primeros Saint Seiya, reediciones de Megaman, .hack//G.U., varias reediciones y dream matches de KOF, Final fantasy XII, Need for speed, los Kingdom Hearts, Soul calibur 3, Okami, y además tenía retrocompatibilidad con los juegos del PSX. Mi consola me aguantó noches gamer de amigos, de pareja y de hermanos y claro, berrinches de perdedor y burlas de ganador.

La consola sigue en la casa, funcionando como debe de ser. De repente la saco para jugar algo viejito y me da ternura que los controles, aún cuando ya se les salen los cables de la protección de plástico, siguen respondiendo igual que el primer día.




30 días, 30 juegos II – (25) Mi control favorito

Por puritita nostalgia debería decir que el control de NES o el de SNES son mis favoritos, pero la verdad es que no. Y por supuesto, NUNCA será el control de XBox ese tan gordote que me cae ídem.

No muchachos. El DualShock (específicamente el 3) de Playstation es mis weapons of choice. La cantidad correcta de peso, botones de fácil acceso, modo de vibración, todo lo necesario para disfrutar un juego como Dios manda y aún mejor... es inalámbrico. ¡Puede uno jugar abajo de las cobijas!

¿Qué otra cosa se puede pedir en la vida?




30 días, 30 juegos II – (24) Mi accesorio favorito

Esta entrada tiene mucho de melancolía, de tiempos que fueron y ya no serán.

En una época cuando en la industria del videojuego todo era nuevo y diferente, alguien creyó en la posibilidad de que no solo estar apretando botones podrías divertirte. 

Y entonces el Power pad para NES salió a la venta. La tecnología (y muy probablemente la aceptación del público) quiso que hubiera pocos juegos para una interfaz tan novedosa como jugar con los pies, aunque con los que teníamos en la casa era suficiente: World class track meet nos ponía a sudar a mi hermano y a mí, Super team games nos tenía en constante competencia y el mejor, Short order/Eggsplode! , un juego doble muy divertido, tenía a dos niños brincando en un tapete mientras su mamá les recordaba el orden de los ingredientes de la hamburguesa o donde pisar las bombas que iban a explotar. 

Juntar familias, eso es lo que hacían los juegos en mis épocas.




30 días, 30 juegos II – (23) Mi primera consola portátil

No lo recuerdo muy bien, pero creo que los Reyes me trajeron un Game boy muy al principio de su vida útil. Aunque no lo disfruté yo todo el tiempo.

El Game boy venía con una copia de Tetris, para que tuvieras qué jugar después de desmadrar la caja. La mitad del tiempo jugaba yo, y la otra mitad mi papá iba escalando niveles hasta que un día, mientras yo le ganaba a todos en los columpios, llegó al nivel 11.

Perdí juegos, lloré con otros, y luego salió Pokémon. Ahí mi Game boy pasó a manitas de mi hermano todo el tiempo hasta que le compraron a él su Game boy light y dejó el mío en sagrada paz para cuando su vida útil iba de bajada. Pocos juegos sobreviven de estas gloriosas etapas.

El ladrillazo gris sigue en la casa acumulando polvo, pero como todas las consolas, completamente funcional. Prenderlo y oír la campanita que indica que está haciendo el checksum es aventarse un viaje a 18 años en el pasado, cuando acabar un juego era un logro de veras.




30 días, 30 juegos II – (22) Mi primera consola casera

Yo sospecho que mis papás eran unos visionarios que sabían que, en un futuro, eso de las "computadoras" iba a ser un hitazo.

O no. De mis primeras memorias gamer es mi mamá enseñándome a jugar Backgammon en un Intellivision, una consola donde los controles eran como un control remoto que necesitaban una plantilla de plástico (incluída en los juegos) para saber qué hacía cada botón y que necesitaba un derivador de señal, un aparatito que lleva unos 20 años en completo desuso.

En la casa hubo más juegos para el Intellivision (así ahorita recuerdo uno de béisbol, uno de boliche y un juego de carreras en primera persona que me daba miedo) pero el Backgammon es lo que más se jugaba en la casa hasta que llegó un Atari 65XE, que cargaba los programas en cassettes y se tardaba años en mostrar un mapa delineado de México con una lista de sus capitales.

Para aprender geografía y jugar "juegos de adultos" había juegos de consola hace 25 años. ¿Quién dijo que los juegos solo apendejan?




30 días, 30 juegos II – (21) Juego que me gusta jugar con alguien más

¿Qué esperaban, un juego de peleas, el lugar común? ¡Pues nooo!

Mario Kart para cualquier consola de Nintendo desde el SNES es siempre más divertido. Claro que tiene un muy competente modo de un jugador, pero el verdadero chiste de estos juegos es aventarle conchas al amigo, dejarle cáscaras discretamente en el suelo para que las pise y se salga del camino, ver una recta y usar un hongo (o tres) para dejarlo mordiendo polvo, o usar una estrella en el momento adecuado para que lo que él nos quiera hacer se inutilice (aka se la pellizque). Así como la vida misma.

Y ni qué decir cuando se juega en los escenarios de batalla de a cuatro personas. Bacanales de sonrisas (y de mentadas) han salido de esos juegos donde te truenan los globitos o un choque te quita todas las monedas.

Insisto, como la vida misma.





30 días, 30 juegos II – (20) Juego que recomiendo a todo el mundo

La historia, casi siempre, es la misma: Me preguntan qué juego hay bueno para DS, me emociono hablando de éste y la gente primero me ve con ojos de "se oye aburridísimo" y luego con un poco de compasión.

Así que como ya estoy acostumbrado, ahí les va de nuevo. Hotel dusk: room 215 para Nintendo DS es un juego que tuvo una distribución limitadísima en México (los distribuidores aparentemente se saben su mercado) y, claro, como no es un FPS con aliens nadie le hizo caso. Pero el juego gana en historia y planteamiento lo que no tiene de multijugadores ni rifles de asalto: hay una trama complicada, digna de cualquier película de film noir, que se va desenvolviendo poco a poco mientras el guapo protagonista, ex detective, va interrogando a todos los inquilinos de un motel de carretera mientras el mismo se va acercando más a una verdad que no sabía que existía.

El juego es una novela gráfica hasta en el hecho de que para jugarlo tienes que agarrar la consola como una libreta e incluso tienes donde hacer (necesarias) anotaciones. Hay puzzles muy ingeniosos y el diseño de personajes y diálogos es enorme. Yo básicamente me lo encontré de chiripa, y es uno de los juegos que recuerdo con más cariño de los últimos años. Me gustaría que todos hiciéramos un pastel de arcoi...no, digo, que todos conocieran este juegazo.

Pero, como dicen, el buen perfume y el buen veneno vienen en frascos chiquitos: ahora es imposible encontrar una copia. Les diría que se los presto, pero la verdad no.




Dicen, para básicamente todo, que "miles de fans no pueden estar equivocados". Quizá no, pero tampoco podemos decir que tengan la verdad universal.

Para variar, el primero en probarlo fue mi hermano, que se hizo fan de todo el producto mediático en tres patadas. Admito que cuando salió la primera generación de Pokémon para Game boy y el joven me dijo "¡mira, esta bien padre!" intenté seguirle el paso, primero viendo como jugaba y luego intentando avanzar en el juego yo mismo. Pero me atrapó más la serie de tele que el mismísimo cartucho (no es RPG, no es Aventura, no es Puzzle), y le dejé a mi hermano la ardua y difícil tarea de aprenderse todos los nombres, tipos, y poderes de 150 animalitos, cuando todavía parecían animalitos y estaban lindos.

El cumplió a cabalidad... y yo como a tres cuartas partes (quizá oir el Pokérap 50 veces al día tuvo algo que ver). Después de la segunda generación me perdieron y solo ubico algunos, sin nombre. La generación actual me tiene completamente sin cuidado, aunque en este preciso momento más de dos fans hayan cerrado esta página.

Otro día con calmita les cuento del coraje que hizo mi hermano con su cartucho amarillo. Es una cosa para morir de risa.




Se hablado en este, su emocionante conteo, del señor que rentaba juegos allá por los noventas primeros. Dios lo bendiga siempre, pues era un visionario con un ojazo clínico para este negocio.

No nomás por mí (aunque para allá vamos), pero en general cuando C. Itoh (si el nombre le suena, ¡felicidades! es usted un rucazo) soltaba juegos para promoción con todo y stand, el señor se hacía de uno y, dependiendo el tipo de juego, organizaba competencias: si es de carreras, el menor loop. Si es de plataformas, el menor tiempo en acabarlo. Si puzzle, dos contra dos en eliminatorias. La muchachada juega, el juego se promociona, el boca-en-boca hace lo suyo. El E3 hace veinte años en forma precaria, pues.

Toñito va religiosamente cada semana. Ha probado casi todos los géneros de cartuchos de NES, unos con más suerte que otros, pero ahora tiene un Gameboy. Y un guía espiritual.

"¿Te gustan los de avanzar pantallas? Seguro que este te va a gustar" dijo él, y me mostró Super Mario Land 2: 6 golden coins para el ladrilloGame boy. Yo dije que sí, mi mamá pagó y me llevé uno de los primeros juegos a los que verdaderamente le dediqué cuerpo y alma.

Tan así, que al final me acabaron regalando el juego (después de haberlo rentado varias veces, como ya expliqué) y yo seguía jugándolo. Pero tanto va el cántaro al agua hasta que lo olvida en un hotel de Puebla, aunque me quedó la cajita de plástico para guardarlo. 

No lo sabía entonces, pero debí haber conservado esa caja como un recordatorio de cuando las cosas eran simples. El tendero te conocía tan bien que veinte años después ves el juego para la Eshop y lo sigues disfrutando horrores.

En esto de los juegos también aplica el "things were better then", aparentemente.




30 días, 30 juegos II – (17) Juego que me obligaron a jugar

Monterrey, Nuevo León. Afuera hacen 33 grados y no hay una nube. Es el día 4 o 5 de estar varados en la ciudad, básicamente sin dinero y sin nada que hacer. Ya conocíamos de memoria Santa Lucía, el Fundidora, y la MicroMacroplaza. Con un hastío y un hartazgo brutales derivados de una falla mecánica del coche que nos trajo hasta acá y que nos ha mantenido toda la semana durmiendo en un cuarto con cucarachas y comiendo hotdogs de la calle mientras lo componen, cuatro chilangos decidimos que ese día, por qué no, le daríamos una vuelta a la Plaza de la Computación y el Videojuego, solo para no volver a dar vueltas en Fundidora al rayo del sol.

La Plaza, como la del DF, no ofrece nada interesante si toda la vida has sido gamer u otaku. Pero tiene aire acondicionado y eso es bastante contra el ventiladorcito que hay en el cuarto que está frente a la avenida donde, horas antes, había corrido un comando de la PFP.


Nada que hacer, en lo absoluto. Nada, salvo alquilar por dos horas una consola y jugar para olvidar nuestras penas y nuestro bochorno. Yo propuse algo de peleas para que al menos hubiera rotación, pero los otros tres, que se mueven al ritmo de los FPS, propusieron Halo 3 para Xbox 360. Ni mi consola ni mi género. Hubo ahí una clase de negociación que no prosperó (sospecho que porque todos teníamos el suficiente calor para discutir) y básicamente a fuerza estaba yo de repente escalando torres para encontrar enemigos a los que no les podía atinar en la cabeza. Naturalmente, estaba yo más aburrido que Luigi viendo a Mario rescatar a la princesa, hasta que decidí que me iba a dar mi vuelta por allá y encontré un speedrun de Megaman 2, mucho mucho más entretenido que disparar escopetas.




30 días, 30 juegos II – (16) Juego más raro que he jugado

¿No les ha pasado que en sus descargas aparecen juegos que no recuerdan cómo o por qué llegaron ahí? Pues así me pasó con este. Y ya que apareció en mi lista, pues lo de menos es jugarlo y si no me gusta, pues lo borramos.

Hasta donde recuerdo, Flower, para la Playstation Network, sigue en mi consola pero porque no acabo de saber si me gustó o no. Es un… ¿juego? donde el objetivo es básicamente llevar a un grupo de pétalos en el viento para revivir pequeñas plantaciones de flores. Y ya. No hay logros, no hay jefes, no hay ítems… solo tú y los controles análogos contra un campo infinito de césped que se mueve al viento. Hasta mi papá, acostumbrado a mis RPGs de paso lento, me preguntó si eso era una película o qué.


Y aun así es una experiencia de paz mental bien chistosa. Un día donde nada te haya salido bien puedes llegar a moverle a los pétalos y relajarte de lo que sucedió en las diez horas pasadas. Quizá una copa de vino tinto ayudaría al proceso, pero si no cuentas con una a la mano (o con la edad adecuada) este software (que todavía no sé si llamar “juego”) tiene lo necesario para que te quedes picado un rato reviviendo flores.




30 días, 30 juegos II – (15) Juego que me ha espantado

Parezco disco rayado, pero de veras hubo una época donde para saber de qué era un juego tenías… bueno, que jugarlo. Pero además había un handicap escondido: La historia no se contaba en el juego, sino en dos párrafos en el instructivo; es decir que si no lo tenías bien podrías inventarle una trama a lo que estabas jugando y no pasaba nada.

Y entonces Toño rentó Castlevania II: Simon's quest para Nintendo y no entendió una puta de lo que estaba pasando. La música era buena, pero al ser (supongo) mi primer juego no-linear tanta libertad para ir a donde quisiera me apabulló… sin contar que el novedosísimo sistema de día y noche, que para un puberto debió haber sido la hostia, a mí me asustó muchísimo porque con el cambio los enemigos eran más diabólicos, más fuertes y los pueblos se inundaban de zombies. Así que lo boté por allá y no le volví a entrar a Simón Bellomonte ni a sus hijos.


Para cuando Drácula no me imponía miedo sino respeto, su hijo también lo está buscando junto con el hijosobrinonietodetercergrado de Simón, al lado de una chica que era Fernández y se perdió en la traducción, mientras los juegos los desarrollaban en España. Así que los Castlevania siempre me han dejado la cara de what, aunque no por las razones que deberían haber sido.




30 días, 30 juegos II – (14) Juego que me ha hecho llorar

Uno de los mejores juegos que salieron para ese abuelito de las consolas llamado Game Boy es, lo saben quienes lo jugaron, a la vez uno de los juegos con el final más triste en la historia de esas maquinitas del demonio, como le decían las mamás.

Aun cuando desde el principio del juego te van dando pistas, no puedes evitar llegar a ese momento donde te preguntas si lo que haces en verdad es razonable. Si no hay otras maneras, otras salidas, si él sabe algo.

Y entonces llegas al final de The Legend of Zelda, Link’s awakening (para el mencionado Game Boy) y lloras de nostalgia, lloras de impotencia y, si conseguiste el final perfecto, se te salen dos o tres lagrimitas también de ver un sueño cumplido.


Quizás en otros sueños…




30 días, 30 juegos II – (13) Juego que me ha hecho reír

Por muy fan que sea del género, reconozco que los RPGs, por norma general, deben tener segmentos donde te rías un poco o corre uno el riesgo de morir de tedio. Por fortuna este juego (juegazo) tiene muchos momentos donde te sonríes un poquito o directamente sale una carcajada.

Desde el diseño de personajes y su interacción entre ellos, los enemigos que dan más ternura viendo hacia la nada que atacando, la señora que le canta a un dragón, o los diálogos sin sentido de Ershin (el robot que lleva dentro una diosa sin forma física), Breath of Fire IV para Playstation (y más recientemente para la PS Network) hace que disfrutes mucho las escenas donde hay diálogos y la historia avanza.

Solo no se confundan con que es un juego cute. Tiene momentos muy crueles, escenas donde quieres matar al responsable y momentos WTF! Una gran historia, pues.


Lástima que la historia no le dio el lugar que merece. Esperemos que ahora en su formato digital le vaya mejor.




30 días, 30 juegos II – (12) Juego más aburrido

Ah, pero no crean que no me gusta el concepto, solo que la versión física es mucho MUCHO más ágil y divertida que el juego para celulares.

No sé si tiene que ver con su servidor (no yo, osea, el servidor del juego), o que mis amigos lo confundían con ajedrez, pero Apalabrados para iOs tarda los aaaños en actualizar y cuando uno quiere poner una palabra resulta que no existe. ¿Pues en qué diccionario está consultado?


Acabé por hartarme y mejor me dediqué a jugar cosas más interesantes, como Dooors o LogosQuiz, que no son multiplayer pero son mucho más entretenidos y con menos estrellitas (si no los han probado, descárguenlos, están muy buenos). Al menos te quiebras la cabeza un rato Y no te despiertan las actualizaciones a las tres de la mañana.




30 días, 30 juegos II – (11) Juego más adictivo

Hace mucho tiempo que mi hermano lo bajó y se la pasaba pegado al teléfono, pero como el de todas maneras hace eso no le puse mucha atención.

Dudo que siga jugándolo aún, pero ahora me tocó enajenarme a mí. Verán, Apple puso ¿Dónde está mi agua? Para iOs y algunos otros juegos y apps gratis para celebrar su aniversario, y desaprovechar esas oportunidades es un crimen.

Es un juego de lo más sencillo. Tienes que escarbar la tierra para que un depósito de agua llegue a la tubería de un cocodrilo que se quiere bañar, el muy limpio. Diseñado por Disney, los gráficos son de caricatura pero el nivel de dificultad absolutamente no lo es.

Ese cocodrilito es el que me ha tenido como pendejo esta semana completa. Hasta que ayer definitivamente no me ganó el dolor de cabeza del terrible solazo que hizo todo el día no solté el celular, y hoy ni lo he querido ver… seguro tampoco me despegaría a pesar de las muchas cosas que tengo que hacer.


El que es gamer, hasta en el laboratorio.




30 días, 30 juegos II – (10) Juego más fácil que he jugado

¿Qué no se ha dicho de este juego? ¿Quién que se diga gamer (aunque sea casual) no ha jugado ninguna de sus versiones, legales o no?

Tetris, para… bueno, la consola/calculadora/computadora/celular que me digan es de los juegos más intuitivos del mundo. Apela a nuestro desorden obsesivo-compulsivo para hacer encajar las piezas que vienen del techo y uno, al ver un huequito, ya sabe qué es lo que tiene que hacer. Del concepto original salieron juegos de competencia, con premios, de figuras, en 3D… pero haciendo exactamente lo mismo que cuando fuera publicado en 1984 (hace casi 30 años, chavorrucos).


¿O a poco alguno de ustedes necesitó manual para aprender a jugar? 




30 días, 30 juegos II – (9) Juego más difícil que he jugado

De este juego ha habido todo: Torneos, pijamadas, fiestas LAN a escondidas (y descubiertas) y carretadas de horas de sana diversión. Pero yo nomás no puedo con el pinche juego.

La compu no es exactamente mi consola favorita. No tengo buena coordinación mano-ojo y la poca que tengo la domino con controles ergonómicos, no con SZXC y el teclado numérico. Pero aun así, por curiosidad y por no quedarme fuera, hace muchísimos años intenté entrar en el expandible mundo de Age of Empires II para PC.

Sin embargo, me quedé en el intento. No puedo poner a la vez atención en la cantidad de roca, oro y comida, hacer aldeanos, proteger mi ciudad y estar al pendiente de los exploradores. Acababa mandando ovejas a la guerra y clérigos a explorar (seguro así empezaron los Testigos de Jehová) y me mataban a los 10 aldeanos que podía hacer con mis manitas torpes.


Tengo amigos que ni voltean a ver el teclado, se saben los atajos de memoria y crean aldeanos y catapultas aporreando el teclado con una velocidad apabullante (felicidades a sus novias) y cuando se organizan las retas me gusta sentarme a verlos. Pero lo mío lo mío son las peleas por turnos.




Yo mismo sé que este no es exactamente un súper logro, pero me gusta presumirlo en cuanto tengo oportunidad (y además ya había puesto otro en la misma categoría del año pasado).

Cierto día, así muy casual, me dieron tres infecciones al mismo tiempo. La bonita historia de dos diagnósticos equivocados y tres de los peores días en mi vida podría contárselas después, pero por ahora basta para este relato saber que duré una semana en cama con 38 grados de temperatura e inyecciones cada doce horas.

Una semana en la que no podía hacer mucho, como sabrán quienes se han recuperado de infecciones: todo cansa, hasta pensar. La tele aburre después de un rato, leer era mucho esfuerzo y no podía ir a los ensayos. ¿Qué se hace?

Incidentalmente, estaba fuera por alguna razón el Megaman anniversary collection para Playstation 2, una colección de juegos que me sé de memoria. ¿Y si desconecto el cerebro un rato y los vuelvo a pasar?
Pues los volví a pasar todos en tres días. Claro que en pausitas, terminaba dos o tres escenas de alguno de los juegos y el sueño me ganaba una media hora, regresaba a este mundo y le seguía y así ad infinitum. Estuvo divertido, además, ver las diferencias entre juegos, desde el primer juego sin fondos hasta el octavo, con subjefes, cinemas y actores de voz.

En algún otro momento intenté hacer lo mismo con la Megaman X collection, pero después del X4 esa serie me da coraje, así que ese disco se va a quedar ahí guardadito.




Le di vueltas a esta categoría un rato porque tengo dos juegos de los que podría hablar, aunque por razones muy, muy diferentes. Al final me decidí por la historia más bizarra, una de esas que solo suceden en mi familia.

Para los que leyeron la entrada anterior, recordarán el local dedicado específicamente dedicado a rentar y regalar juegos. Contra todo pronóstico y en la tristeza infinita de todos los gamers que teníamos tarjeta, el modelo de negocio no aguantó y el local cerró. La última noticia que tuvimos del dueño es que se había dedicado a vender algo más por las lejanas tierras de Tepeyac. Tlalpan y la GAM, tierras hermanas.

Pero me desvío. Blockbuster, después de desfalcar a Videocentro, vio el nicho de mercado y empezó a rentar juegos, lo que lleva a nuestra historia a un salto temporal como de siete u ocho años, cuando ya había celulares y Nintendo 64.

De modo que precisamente ambos dos a la par son protagonistas del escándalo que traemos a su pantalla hoy. Mi papá manejaba con la familia acomodadita en el coche cuando le hablaron al celular una cosa como sábado en la tarde con tráfico. En los tiempos antes de que fuera delito y corralón, mi papá contestó el celular y empezó a hablar. Que deben, le dicen. Como $1,500, le hacen el cálculo. ¿Y por qué la agresión, oiga?
Dos meses antes (o por ahí) rentó usted Puzzle Bobble 3 para Nintendo 64 y aún no lo regresa. “¿Lo regresamos?” preguntó mi papá y nosotros (mi hermano y yo) contestamos que “claro” con un aplomo que ni la señorita de Confucio y la confusión. No se haga señor, tenemos aquí registrado que usted es el último cliente que lo pidió. Pues yo lo regresé y hágale como quiera, pero a mí me borra ese pinche recargo y como me vuelva a molestar con esto de nuevo les echo a la policía, ¿le quedó claro?

Clarísimo. La tienda estuvo cerrada por inventario desde el día siguiente y por una semana, con toda seguridad buscando el título perdido hasta darse por vencidos.  Perdido estuvo el cartucho como otros tres meses, si no es que se rueda algo abajo del asiento del conductor en el coche y cuando me agacho a buscarlo veo una caja blanca sospechosamente parecida a una película en renta. Mi papá, contrario a lo que podría esperar uno después de severo escandalazo por celular, solo se rio y segurito soltó un comentario como “bueno, ya tienen un juego más”.


A mí me dio pena siquiera acercarme a Blockbuster durante un tiempo; sentía que me agarraría la policía o algo. Y por poco nos vuelve a pasar un día que rentamos un Blu-ray y devolvimos la caja mientras el disco estaba en el PS3, pero basta de seguir ventilando los osos de mi familia.




30 días, 30 juegos II – (6) Juego que me arrepiento de haber cambiado / vendido

Para ser sinceros, no me arrepiento de… no, sí, de este en particular sí me arrepentí cuando supe lo que hice, pero era yo un jovenzuelo, un mocillo que no sabía de la vida.

Muchos de los juegos de esta lista podemos decir que son BIE (Before Internet Era), lo que significa que tenía uno tres maneras de saber qué tal estaba un juego: la Nintendo Power (en inglés e importada, para ricos), la Club Nintendo (y eso si le hacían un reportaje especial) o la Contraportada del juego + un avemaríadamepuntería. En este caso una mezcla de las dos últimas me llevó a pedir (seguramente a los Reyes) The Legend of Zelda – A link to the past para Super Nintendo y jugarlo como Dios me dio a entender a la tierna edad de 10 añitos.

10 añitos en los que no entendía inglés ni tenía la paciencia de dar vueltas en un mundo “abierto” hasta encontrar un mapa para no dar vueltas a lo bestia en un calabozo. Total que me cansé de no entender mi juego y fui a la entonces novísima y popularísima plaza Pericoapa a cambiarlo por The Magical Quest starring Mickey Mouse, que se parecía mucho más a lo que un niño tiene ganas de jugar a esas edades.

No me arrepiento de haber cambiado Zelda POR Magical Quest (el juego es divertido en realidad), sino de haberme deshecho de Zelda desde un principio. Cuando unos dos años después, con el gusto más formado en los RPGs y más formación en inglés seguramente renté Zelda (en un lugar donde a la renta número 20 te regalaban un juego… otros tiempos) y entendí que ese era uno de los juegos de los que uno NO se deshace. Nunca.

La historia tiene un final agridulce: el juego regresó a mí tiempo después y pude jugarlo completo en toda su magnificencia, no sin antes buscarlo como loco en el mencionado bazar, comprado más caro (ya era Greatest hits) y con una cara muy sospechosa de mis papás en cuanto a por qué compraba de nuevo un juego del que me había desprendido a voluntad.

En cuanto a mi copia de Magical Quest, no tengo idea de qué le pasó. No es que me quite el sueño, tampoco.




30 días, 30 juegos II – (5) Juego que presté y jamás me regresaron

Bueno, decir que “jamás” me lo regresaron es un poco extremo. Solo sigue en posesión de un amigo y (espero) volverá a mis manos en cuanto regrese yo a México.

Este chico tiene mi juego desde que un día, platicando en la oficina, me dijo que estaba buscando “cosas nuevas para jugar” porque lo que tenía en casa ya le había aburrido. Yo le dije que podríamos hacer un intercambio de juegos y así nos desintoxicábamos un poco de lo que veníamos jugando en todo el año. Aceptó y el, muy cumplido, al día siguiente me trajo un título. Yo ya empezaba a tener menos tiempo libre que el Preciso y la verdad se me olvidó, pero a los dos o tres días ahí estaba cabal con Bayonetta para Playstation 3.

Cuando me preguntó que qué tipo de juego era, lo más cercano a describirlo correctamente que se me ocurrió fue “Una bruja bien buena con gameplay del primer Devil May Cry y movimientos finales espectaculares” y por poco me lo arrebata de las manos. 
Nier (el juego que me prestó), por culpa mía y de mis ocupaciones, ni siquiera salió de su caja en todo el tiempo que estuvo en mi casa hasta que decidí regresarlo pero el amigo, que sí se había sabido dar tiempo para jugar, me dijo que lo aguantara porque estaba muy entretenido matando ángeles. No es una mala persona, así que no tuve problemas para decir que sí, y hoy, como diez meses después, conmigo en Japón y con la secuela en inminente salida yo sospecho que ha habido tiempo de acabar el juego. Pero de este lado del mundo no puede uno hacer mucho; ya habrá tiempo de organizar mi vida de veras después de regresar de este gran paréntesis con sabor a salsa de soya.


A ver si ahora sí puedo jugarlo yo.




30 días, 30 juegos II – (4) Juego que compré y nunca jugué

Una serie de eventos desafortunados (para el juego)”, debería subtitularse esta entrada.

Ellos dos hicieron grandes cosas por mucho tiempo. Después, uno primero y luego el otro, decidieron que seguir en la misma compañía de siempre no los dejaba desarrollarse. Por eso cuando la noticia de que El Gran Planeador de los RPGs y El Gran Musicalizador de los RPGs harían un título juntos, se me enchinó hasta el vello de la nuca.

Un noviembre, tarjeta en mano y con una orden doble (para, coincidentemente, Saucedo y yo), preordené  por internet The Last Story para Wii. Y no solo el juego, la edición especial Golden Premium Nonplusultra; que no se note la pobreza, pues.

Como todos los pedidos de final de año de Amazon, cuando no se pierden (been there) se tardan lo indecible; y así fue como pasó con este paquete que aun cuando salió ese enero se apersonó en mi puerta hasta dos meses después junto con Final Fantasy XIII, del que ya hablamos hace dos posts. Para saber cuál juego debería jugar primero tomé una dura decisión después de considerar todas las opciones y, en un volado con una moneda de $5, el primer gran obstáculo para el juego de Sakaguchi y Uematsu fue un juego en donde de haber colaborado ellos hubiera sido fantástico. Ironías de la vida.

Después, para  continuar con su azarosa suerte, se me ocurrió un día que fui a casa de Pepe abrir el juego, el mismísimo juego que tenía yo sellado en celofán, y verle todos los detalles del arte, la caja, el disco y la música, quitándole toda la mística a querer abrir el que tenía yo esperando pacientemente su turno en casa.  Por último, y cuando finalmente Vanille y Fang consumaron su a… digo, salvaron a Coccoon, al Bad Luck Game se le cruzó un título robavidas que, teóricamente, sigo jugando pero estoy en un hiato de, digamos, ocho meses (y los que me faltan): Skyrim.


Así que en casa tengo un bundle sellado de un juego de culto que, muy probablemente, nunca llegue a jugar y se quede durmiendo el sueño de los justos.




30 días, 30 juegos II – (3) Juego que jamás terminé

De este juego quizá los gamers más jóvenes no se acuerden. No los culpo, ni fue un exitazo ni debió serlo. Pero uno ve “RPG” y ahí va, con 15 años encima y sin reseñas en internet (apenas había portales dotcom) a ver qué ofrece el título.

Quest64 para (wait for it) N64 es un juego que cuenta una historia nunca antes oída en un videojuego: Un hijo mago que sale al rescate de su papá mago quien fue a buscar al ladrón que robó un libro mágico. Una cosa innovadora, pues.
Y no solo eso, los gráficos no son así fenomenales, aún para la época; el sistema de juego aburridón (teniendo un espacio delimitado para realizar tus acciones en las peleas, subiendo de nivel de acuerdo a tu desempeño en batalla y teniendo que juntar gemas de colores para subir de nivel mágico) y la música como de MIDI hicieron que botara el juego por ahí y me dedicara más bien a su primo el guapo, Ocarina of time, del que todos hemos oído alguna vez en la vida. Mejor se lo presté a un amigo y lo terminó en menos de un mes.


El juego sigue guardado en mi casa, con caja, instructivo y seguramente 400 kilos de polvo. Quizá en 20 años más lo puedo vender como objeto raro y sacarle una lana.




30 días, 30 juegos II – (2) Último juego que acabé

Día dos del reto. O no, los primeros cuatro días los estoy escribiendo en el mismo día para que no me gane el tiempo. Pinche trampas.

El jueeeego, pues. Parece de risa escribir del último juego que acabé (cerca de un año atrás) y hacerme llamar “gamer”, pero eso pasa cuando el poco, poquísimo tiempo que todas tus obligaciones te dejan libre lo quieres pasar yaciendo con ella toda la noche. Ah, mi cama.

Mucha tinta real y virtual se ha derramado acerca de este juego. Si es una burla, si es un túnel, si es un experimento, si es incomprendido, si la mar en coche. La verdad es que a pesar de que es, efectivamente, una línea recta el 90% del tiempo, Final Fantasy XIII para Playstation 3 es un juego que uno puede disfrutar mucho si no se trae puesta la playera de Purista. La historia no es su punto más fuerte (sorpresivamente, hay que decir: el juego anterior tiene una historia política impecablemente construida) pero los personajes son empáticos y te entretienen los cortos.

La mayor innovación (planeada, al menos) que tiene el juego es también su mayor defecto: Los paradigmas son fáciles de programar pero requieren un poco de timing para aplicarlos correctamente, aunque cuando le agarras al truco puedes pasar el juego sin mucho problema o, como en mi caso, matar al jefe final al segundo intento.


Ni tan falto de madre, el Orphan. Cayó rapidito.




30 días, 30 juegos II – (1) Juego que estoy jugando

Ah jijo, estaba sucio por aquí. Consecuencias de tener casi un año (¡UN AÑO!) de no aparecerse por Blogger a soltar la bonita diarrea de ideas, que le dicen.

Para el caso. En este año pasaron muchas cosas (la más relevante es que estoy estudiando en Japón desde marzo y hasta octubre) y es una bonita ocasión la que nos trae aquí con el trapeador y la escoba: Como el año pasado, José Saucedo convoca a una nueva edición de “30 días, 30 juegos” con categorías nunca antes vistas (es decir, la vez pasada) y algunas que repiten. Yo feliz de poder matar dos pájaros de un tiro y al mismo tiempo escribirles mis intimidades y fortalecer el músculo de la escritura, que de tan guango ya parece… bueno, esa es otra historia.

De lleno al mundo gamer.

Haciendo un bonito (y grande) ejercicio de imaginación, digamos que lo sigo jugando. Es decir, me traje la consola, pero no la he tocado para nada. Mejor se la presté a una amiga (que vive a dos horas de donde estoy) y espero que ella lo esté disfrutando más que yo.

Pero es que el juego sí está bonito: Tanto así, que básicamente compré la consola para poder jugarlo el día que pudiera comprarlo (que sucedió un mes natural y seis sin intereses después). Ya me había yo entrenado bien en sus ancestros espirituales, Elite Beat Agents y Osu! Tatakae! Ouendan!, pero seguir el ritmo de las canciones de mi saga favorita de juegos y, como en los tiempos de nuestros abuelos, desbloquear tracks de acuerdo a tu avance, es algo que me tuvo ahí como menso horas en mi casa y algunas veces en el transporte de ida a mi trabajo.

Theatrhythm Final Fantasy, para N3DS, es una rara joya en este mundo de los juegos. No solo por su mecánica basada en ritmo (conozco a lo sumo cinco sagas de juegos que lo hacen), sino porque el juego es más bien escasito. Y no debería, es muy adictivo.

Pero bueno, ¿quién es uno para contradecir las leyes de la Oferta y la Demanda?