Para ser sinceros, no me arrepiento de… no, sí, de este en particular sí me arrepentí cuando supe lo que hice, pero era yo un jovenzuelo, un mocillo que no sabía de la vida.

Muchos de los juegos de esta lista podemos decir que son BIE (Before Internet Era), lo que significa que tenía uno tres maneras de saber qué tal estaba un juego: la Nintendo Power (en inglés e importada, para ricos), la Club Nintendo (y eso si le hacían un reportaje especial) o la Contraportada del juego + un avemaríadamepuntería. En este caso una mezcla de las dos últimas me llevó a pedir (seguramente a los Reyes) The Legend of Zelda – A link to the past para Super Nintendo y jugarlo como Dios me dio a entender a la tierna edad de 10 añitos.

10 añitos en los que no entendía inglés ni tenía la paciencia de dar vueltas en un mundo “abierto” hasta encontrar un mapa para no dar vueltas a lo bestia en un calabozo. Total que me cansé de no entender mi juego y fui a la entonces novísima y popularísima plaza Pericoapa a cambiarlo por The Magical Quest starring Mickey Mouse, que se parecía mucho más a lo que un niño tiene ganas de jugar a esas edades.

No me arrepiento de haber cambiado Zelda POR Magical Quest (el juego es divertido en realidad), sino de haberme deshecho de Zelda desde un principio. Cuando unos dos años después, con el gusto más formado en los RPGs y más formación en inglés seguramente renté Zelda (en un lugar donde a la renta número 20 te regalaban un juego… otros tiempos) y entendí que ese era uno de los juegos de los que uno NO se deshace. Nunca.

La historia tiene un final agridulce: el juego regresó a mí tiempo después y pude jugarlo completo en toda su magnificencia, no sin antes buscarlo como loco en el mencionado bazar, comprado más caro (ya era Greatest hits) y con una cara muy sospechosa de mis papás en cuanto a por qué compraba de nuevo un juego del que me había desprendido a voluntad.

En cuanto a mi copia de Magical Quest, no tengo idea de qué le pasó. No es que me quite el sueño, tampoco.




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