Dicen, para básicamente todo, que "miles de fans no pueden estar equivocados". Quizá no, pero tampoco podemos decir que tengan la verdad universal.

Para variar, el primero en probarlo fue mi hermano, que se hizo fan de todo el producto mediático en tres patadas. Admito que cuando salió la primera generación de Pokémon para Game boy y el joven me dijo "¡mira, esta bien padre!" intenté seguirle el paso, primero viendo como jugaba y luego intentando avanzar en el juego yo mismo. Pero me atrapó más la serie de tele que el mismísimo cartucho (no es RPG, no es Aventura, no es Puzzle), y le dejé a mi hermano la ardua y difícil tarea de aprenderse todos los nombres, tipos, y poderes de 150 animalitos, cuando todavía parecían animalitos y estaban lindos.

El cumplió a cabalidad... y yo como a tres cuartas partes (quizá oir el Pokérap 50 veces al día tuvo algo que ver). Después de la segunda generación me perdieron y solo ubico algunos, sin nombre. La generación actual me tiene completamente sin cuidado, aunque en este preciso momento más de dos fans hayan cerrado esta página.

Otro día con calmita les cuento del coraje que hizo mi hermano con su cartucho amarillo. Es una cosa para morir de risa.




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