Advertidos todos

La última fiesta de cumpleaños que tuve fue a los 12 años.

Después de eso, por una o por otra, ya no pudo haber festejos. Algunas veces por falta de tiempo, otras por dinero (una ocasión tuve, literal, un Gansito con una vela), y ya mas pa'cá, tenía exámenes o funciones o trabajo (alguna vez salí a las 12 de la noche).
Seguramente el primer año o dos hice berrinche, pero después me fui acostumbrando y ahora, por increíble que parezca, no me gusta festejar mi cumple. Quizá sea la única persona del lado conocido del Universo a la que no le gusta, pero estoy acostumbrado a recibir miradas entre compasivas y nerviosas cada vez que digo esto en público.

Hay gente que se deprime porque no lo felicitan todos sus amigos. A mí me friquea que se acuerden más de dos que cumplo años... qué les puedo decir.

Y si eso pasa con las fiestas, no les cuento con los regalos. Y no nomás de cumpleaños, sino en general; recibir cualquier clase de regalo (hasta un chocolate) me conflictúa terriblemente. Algunos lectores insospechados ya lo intentaron y por poco no viven para contarlo.

Baste un ejemplo: El año pasado me regalaron un juego y un libro, y es la fecha que los veo y me dan nervios. ¿Debo de usarlos, de gastarlos como cualquier otro artículo o los dejo inmaculados como llegaron desvirtuando su fin último? ¿Se enojarían los regaladores si un día llego y les digo "¿Recuerdas tu regalo? Ahora está doblado de las esquinas, con algún restito de comida por aquí o con polvo allá, gracias"? Por si las dudas, el libro tiene el exlibris y un separador y el juego tiene media hora de avance, pero nada más.

En algún momento llegué a pensar que era una cuestión solamente de ego. Que me regalaban cosas como diciendo "Te lo doy por que tu no puedes comprarlo" y mi naturaleza orgullosa se negaba a que me hicieran menos, pero ahora que me administro más y me alcanza para comprarme cosas no tan baratas aún sin ser una fecha especial se me derrumba el argumento. Juro que no tengo la menor idea de qué hacer.

Entiendo que en un mundo donde el cumpleaños es La Fiesta (si te gusta cumplirlos o no es otro cantar) y el cariñómetro se mide por la cantidad de papeles de envolver rotos, afirmaciones como esta resultan extrañísimas y hasta contraculturales. Pero así funciono y me ha resultado.

No pasa así cuando el que regala soy yo. Bueno, he regalado hasta playeras mías sólo por que el que la agarró dijo "me gusta". Creo que cuando me esfuerzo tengo buen tino para los regalos y me encanta hacerlo, y ver la cara de gusto al recibir algo que yo regalé es de mis mayores satisfacciones en la vida.

¿Tengo salvación, doctor?



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Oyendo: Hello Seahorse! - Casa Vacía (acústica)