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Guadalajara: días 0 y 0.5

Por ahí me escribieron que se apostaba a ver cuánto tardaría en quejarme de mi nueva locación.

Sin embargo, eso va a esperar. Esperemos que mucho tiempo.
Tengo más miedo del que dejo ver, sospecho que todos lo saben. No por vivir solo (ocho meses del otro lado del mundo hablando tres idiomas es un buen entrenamiento, creo), sino porque ahora no estoy subvencionado. Vaya, acá SÍ me tengo que ganar la comida que me trago y los pasajes para ir a hacer que todo esto funcione. Sin contar que estoy viendo tecnologías que JAMÁS había visto y voy a entrar a un proyecto de desarrollo que las usa todas. También por ahí me dijeron que lo tomara como un reto y así lo estoy haciendo, solo que una semanita más no le hubiera hecho daño a nadie.

Pero desvarío. Si ya hice hace muchos años una crónica de una semana de locos en Guadalulú aquí les va otra crónica, espero que de la primera de muchísimas semanas aquí.
Hoy les presentamos: El preludio.

Empecemos por el principio (duh): salí el jueves a las cinco de la tarde de la hermana república de Coapita la bella, (muy al) al sur de la ciudad. Pasé en diez minutos y dos vueltas por una medicina y me arranqué con rumbo a lo casi literalmente desconocido, acompañado de un Ades, mi botella de agua y mi Viewma...digo, el celular.

El tráfico. EL PUTO TRÁFICO. Pasar Polanco no fue el problema, el desmadre era desde Cuatro caminos hasta... wait for it... la primera caseta, y yo desde San Antonio me estaba haciendo pis.
No pasa nada, en la primera gasolinera que vea me orillo, de todas maneras el coche necesita gasolina. ¿Si?

Donde me pude salir a una gasolinera era por donde estaba Divertido, el parque de diversiones de Echegaray. DOS HORAS DESPUÉS DE SAN ANTONIO.

No hay bronca, Paso 1: gas. Paso 2: baño. ¡WROOONG!

Estaban lavando el baño. Yo no se con qué cara me vio la chica que me puso gasolina, que me dijo "pero a menos de dos kilómetros hay otra gasolinera". Gracias, buenas noches, besitos, Chips en el Oxxo y córrele.

Pudieron haber sido dos kilómetros pero caminando hubiera llegado más rápido.Entre cantar juerte y projundo y leer Twitter (así de pesado estaba el tráfico) nos dieron, como dice Sabina, las diez y las once. Las doce y la una y... bueno, como las 8:30 pm.

Ni permiso pedí. Estacioné el coche y casi tacleo a dos monitos. Con la pee bar completamente vacía, hasta las lágrimas se me salieron. Yo creo que también era pis mágica, por que misteriosamente el tránsito empezó a ser un poco más fluido... como agüita corriendo...

Basta. Me subí al coche y le seguí. En el camino me tocó ver cómo la llanta de un Volkswagen literalmente explotó en los carriles centrales. Enllegandito a Perinorte vi dos choques a metros de distancia, justo en la zona donde las dos carreteras se hacen una. ¡Albricias! ¡Ya puedo ir a más de 60 kph!

...hasta como 10 km antes de la caseta, más o menos, donde ooootra vez estaban detenidos los coches por oooootro choque. Pasando la caseta devisé un Italian coffee y la pee bar estaba en rojo de nuevo.

"Deme un café, EL QUE SEA", casi le grito al dependiente. Pero la serenidad se apoderó de mí y todavía pude escoger con (no mucha) calma mi capuccino sabor rompope. Me lo dieron y me lo dieron (el café y el password de internet, cochinos) y caminé con el mayor estilo que pude hacia el baño.Ya con la pee bar despejada de nuevo, me dije a mí mismo "Mí mismo: la pastilla. Now or never". Lo cual sería sencillo... si hubiera encontrado la bolsa donde tenía el frasquito, claro. Pero como este road trip venía escrito por un don al que le encantan los thrillers, obviamente la chingada bolsa estaba hasta el fondo.

Por lo que Toño, cansado, acalorado, con hambre y sueño decide que perder lo poquito que tenía aún de glamour no era tan grave: aquí nadie lo conoce. De modo que se decide a sacar (con cuidado, eso sí) todas las bolsas necesarias para encontrar el bendito frasco. Salió a la tercera, afortunadamente.

Jaueber, hay que meter las bolsas de nuevo. Apliqué lo que los jóvenes modernos le dicen YOLO (y en mis tiempos era "chinguesumadre") y básicamente las aventé pa dentro.

Pastilla, café, gestos y listo. Mad max who?

En serio niños y niñas, no le den el avión a los letreros de "no maneje cansado" y MENOS en carretera en remodelación a las 10 de la noche. No es exactamente que haya estado a punto de embarrarme, pero con conitos naranjas que cierran la carretera de tres carriles a UNO puestos a menos de 50 metros corría uno el riesgo de que le hicieran película y se llamara "KM 52+200".

Está bien padre que estén arreglando la carretera, lo aplaudo de verdad, pero no se vale cerrar tramos de diez metros cada 30 kilómetros.

Al menos la mitad del trayecto entre Tepotzotlán y el otrora Querétaro de Arteaga está sitiada por hombrecillos con chaleco naranja. Por supuesto, lo que en el libro de texto dice se que hace en tres horas y media (DF - Querétaro) yo hice en la fantástica cantidad de SIETE HORAS.

Cuando llegué a casa de Javier (ca. la media noche) refunfuñando y de gesto amenazante solo pudo decirme "pues sí, ya lo sabía". Algo tiene Javi que siempre me pone de buenas y en menos de 15 minutos ya estaba yo riéndome en camino a comprar la cena.

Fui, vi y me vin... digo, regresamos a la casa. Estábanse dos 研修員es cenando cuando llega la mamá (de Javier) a contarle al Diseñador emérito de KIT su día en el Yak.

Yo las di (las gracias) y me excusé. Dos nativos (de Santiago de Querétaro) hicieron lo mismo y me señalaron el cuarto de visitas (nice!) que acabó siendo el cuarto de la hermana (de Javier) ya que ella estudia justo en la parte de la ciudad de donde vengo.

Las reglas de la decencia dicen que si duermes sin pantalones al menos hay que cerrarle a la puerta. ¡Fatal error! A las tres de la madrugada tuve que bajar por un vaso de agua pues moría de calor (seguro en ese momento hacía más calor que en todo mayo en el D.F.). Como sea, nos dieron las siete y media. En lo que Javier intentaba quitar el pecado de su cuerpo me encargó hacer el café... con su prensa japonesa a la que nunca le entendí estando allá. Pero ahora era arriesgarme o no comer nada hasta llegar acá.

Acabó, se vistió y bajó a supervisar que la cocina no hubiera explotado. Todo en orden, de modo que viene la parte bonita de la historia del día 0.5: le desayuné.

8:45 salimos como los pollitos del huacal. El a su trabajo y yo a mi versión del video de Scar tissue.
Hizo frío media hora y el resto del tiempo la bufanda en crochet que traía para la ocasión se acabó convirtiendo en una especie de manga de taxista. Pero el espíritu no decayó, con todo y más cierres en la carretera.

¿Han oído de la famosa "velocidad pendeja"? ¿Esa donde el de enfrente no se quita pero nada más lo intentas rebasar le acelera? Ándenle. Protagonistas: una troca de caja (el villano), una SUV y un Stratus (los sufridos protas). El villano venía a no más de 60 en el carril de alta de una autopista pero se encabronaba cuando uno intentaba rebasar y le metía tantita pata. Una vez estuvo a punto de hacer que la SUV se embarrara con un camión foráneo, que se cansó de defensear. Yo apliqué el cosmo chilango y los rebasé por la derecha sobre el acotamiento. There. El iba de verdad tan lento que ya no lo volví a ver.

Siguiente episodio en esta blogonovela: la incorporación de dos carreteras tratando de cruzar León, donde de un total de 6 carriles se hacen DOS. Algo así como lo de Perinorte que les describí arriba pero en esta incorporación ningún automóvil fue lastimado. Solo gente que se hace pelotas con más de 10 coches.

Inhala rosa, exhala negro. Back on track. Todo iba estupendo (Toño a 140 cantando "Voulez vous" en una carretera recta con una vista increíble) cuando el último episodio maldito de la carretera hace su entrada; nomás sentí un "puf" en el parabrisas y de repente vi un puntote naranja temblando peor que alumno burro en entrega de calificaciones: me había echado una monarca perdida.

Todavía pensando que estaba viva pero atrapada en la pluma me orillé a mi orilla y bajé lo más que pude la velocidad (temí que la troca me alcanzara) sólo para ver las patitas tiesas. Casi lloro, pero me di un zape mental pensando que llorar por ella 1) no la iba a revivir y 2) era más probable que no viera a los trabajadores o los conos e hiciera chuza. Entonces salieron tres de cocodrilo y me volví a pasar a la extrema izquierda. En algún momento el cuerpecito moreliano salió disparado.

¡Bien! "Guadalajara" mostrábase en el letrero de la extrema derecha, lo que dice que está más cerca que Puerto Vallarta, en la extrema derecha. Dicen las instrucciones "en cuanto la carretera se convierta en calle, te sales a la derecha hacia Periférico". En efecto, a los 15 minutos había una salida como para coches Smart que decía "salida a Periférico" pero ese pedazo todavía era autopista.

Pensé que como en todos lados eso nomás me iba a hacer dar una súper vuelta y lo ignoré, siguiéndome derecho. Me di cuenta de mi error cuando el cuarto letrero decía "Guadalajara centro". En cuanto pude me di vuelta a la derecha esperando poder enderezar el camino y los dioses quisieron que me tocara un alto. ¡San Steve Jobs, sálvame!, murmuré, y abrí Google maps.

La buena: sí hay manera de llegar al perihistérico tapatío desde aquí.
La mala: son como 6 kilómetros en ciudad con semáforos y algo como 32°.

Ni Pepsi, dijo la Coca. Síguete. Claro, en esa hora de perdición Google maps fue mi bro, mi compa, mi valedor. UNA BENDITA HORA POR CINCO KILÓMETROS QUE ME PASÉ, en los cuales, por qué no, me perdí otras dos veces (una por desesperado) mientras veía con mucha suspicacia a los fellow conductores más tapatíos que las jericallas.

Para no hacerles el cuento (más) largo, llegué aquí, desde donde escribo, a las cuatro de la tarde con... ya se la saben: calor, cansancio, hambre. Ya llegué ¡whooo!

...nel. Baja todo tu desmadre del coche, sube un piso y aviéntalo en lo que comes un sandwich para ir acomodando todo en ganchos y cajones.

Así fue como un viernes 17 de octubre, a las 9 de la noche, este cuarto (que ahora es mío) quedó más o menos decente y este joven apuesto, galante y soberanamente guarro se acostó a dormir por ahí de las once en su... nueva casa, pensando que todo lo que ahora ve raro después podría llamarlo "su casa".

次回予告 - El fin de semana: del cielo geek al "¡córtenme la pierna!"

¡Solo en esta gustada sección "Los ingequeers también lloran"!


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Oyendo: SBTRKT - Higher

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