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Todo lo se

Las primeras veces siempre son difíciles, sea lo que sea. A mí, por ejemplo, hacer entrevistas de trabajo me costó mucho ídem por que, como todo en mi vida, llegó de madrazo.

Como en los memes que circulan en la red, "será fácil", decía mi jefe. "Tu nada más invéntate un ejercicio de código y uno de base de datos para ponérselos al chico que vamos a entrevistar mañana que no sea tan básico", decía mi jefe. "Vamos". "VAMOS", decía mi jefe.

La palabra me retumbaba un poco en la cabeza de regreso a la casa, debo confesar. Como sea, estaba lloviendo y al río de coches no se le veía fin, así que entre que me hacía pipí (y no se si de nervios), platicaba con amigos desde el celular y tenía frío le empecé a dar vueltas a dos ejercicios que mostraran, al mismo tiempo, que conoces el lenguaje, tienes lógica e imaginación, sabes algo de lo más nuevo en los frameworks, y capacidad de escuchar el problema completo sin que fuera algo verdaderamente manchado -el amigo a entrevistar debía tener nivel de junior.

Al día siguiente estuve puntual. Un poco sudado de haber corrido para llegar con diez minutos de anticipación, pero todo en orden. Mi jefe no llegaba pero el entrevistado ya estaba ahí con su cara de nervioso tomando con fuerza el folder con su currículum... yo mismo estaba así no hacía 15 días.

Pasé a la sala donde me había confrontado mi ahora jefe y traté de guardar la compostura lo más posible. Después de todo, ¿qué hacía yo ahí? ¿Yo, decidiendo quién quedaba y quién no? ¿Basado en qué? ¿Mis muchos años de estar en estos desmadres? ¿Acaso lo sabía todo, o debía de actual como tal?

Estaba en Babaria cuando llega el jefe. Me saluda, deja su mochila y me pregunta que si estoy listo. Mi pancita decía que no, pero tuve que poner la cara que ponía mi mamá cuando las cosas se ponían color de hormiga y dije muy resoluto "sí, cuando quieras".

Todos hemos sufrido las entrevistas de trabajo. Algunas más que otras (y algunos de nosotros más que otros de ustedes, también). Pero estar del otro lado y saber que tienes que ver desde la actitud del cuerpo con las preguntas hasta la respuesta en sí sin parecer que estás juzgando teniendo poker face todo el tiempo es verdaderamente cansado. Y cruel, sobre todo cuando corriges los ejercicios y ves la cara de frustración y de "¡es verdad!" de la gente.

Ya casi para terminar la entrevista entra el chico de Recursos Humanos con un folder y le hace señas a mi jefe, que sale. Mis 1.62 de estatura dando explicaciones sesudas de por qué el boxing es necesario se estremecieron tantito, pero seguí cual catedrático omnisciente hasta que mi jefe regresa y nos pone atención antes de hacer una pregunta del código y mandarnos a sentar. Ésta entrevista casi se acaba.

¿"Ésta"? : el folder misterioso era de otro chico que había venido ese mismo día a hacer entrevista. Así a la de sin susto.

Total que se va uno y entra otro, como escorts de catálogo (me han contado). Mismo ritual: nos presentamos, pedimos el CV (que ya venía en el folder... ¿por qué hacerlo a uno imprimir doble?), y empezamos con las preguntas de donde habías estudiado el kinder y como te ves de viejito sin dientes antes de pasar a los ejercicios; que como se quedaron en la paredpizarrón ahora la idea era que nos dijera el candidato B qué carajos quiso hacer el candidato A.

¿Más entrevistados? Cómo no, que no se note la pobreza. CUATRO entrevistas de una hora y pedacito, con cinco minutitos de chisme entre entrevistadores acerca de cómo vimos a quien se acaba de ir con cara de susto. No les haré el cuento (más) largo (aún), pero con todos pasó el mismo numerito de "¿cuándo saliste?" "¿cuáles son tus fortalezas?" "¿qué opinas del conflicto del Medio Oriente?" y tal.

Se acabaron los postulantes y viene lo divertido: quién es el rival más fuerte. Pero como fueron muchos, había que escoger a dos.
Entró el mismo chico de RRHH de hace como 20 líneas y empezó a platicar con mi jefe de los tres jóvenes y el señor que acaban de ocupar nuestra mañana. Yo los oía y asentía como Japón me enseñó hasta que me preguntaron "¿y tu qué opinas?". Di mi opinión de A, de B, de D y mejor omitimos a C que a nadie nos cayó bien.

"Ok. ¿Y con quién te quedas?" Reflector sobre Toño.

No se si puse cara de horror, pero sí sentí el impulso de aventarme por la ventana. Yo tenía que decidir que en el equipo de trabajo al menos uno de ellos se quedara y los demás no. Creo que ya no juego a esto, ¡me quiero salir!

Miradas de hambre y cansancio de los dos enfrente de mí.

-"Eh... este... bueno... pues creo que ~ lo hizo muy bien en ~. Si tuviera que elegir [que no quiero >.<] me quedaría con él".
>"Ya estás, y yo con ~ por que ~"
*"Si, a mí también se me hicieron los mejorcitos. Entonces les marco a ellos y luego a los otros dos para decirles que no se quedaron" 
...DE LA MANERA MÁS FRESCA. Lo que hace la costumbre, carajo.

Tres de la tarde, gente. Estamos desde las diez de la mañana haciendo preguntas y yo desde las 7 sin comer. Y no teníamos a la mano ni unas galletitas, carajo.

Pues ya que estamos vestidos y con zapatos, ¿por qué no esperamos a la jefa de Recursos Humanos y nos vamos todos a comer?

A veces se nos olvida que la gente con la que trabajamos son humanos, como con los maestros. Van al cine, tienen hambre, tienen problemas, tienen planes, dicen groserías... y todo eso fue la definición de la plática en la comida con mi jefe y el equipo de Recursos Humanos.
Me enteré, por qué no, antes que nadie de la hora y lugar de la cena de fin de año y los bretes para conseguir el espacio. Que se iban a ir a un concierto la jefa y el jefe junto con otra chica de la oficina. Que las clases de idioma no le entran a Perenganita pero ni por favor.

A mí todo me llega de madrazo, les digo.

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Oyendo: Soul hunter - Friends

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