Primer post (y doble) del año

¡Feliz año nuevo!

No, no me cansé del blog. La cosa es que en la oficina bloquearon (entre otras páginas) Youtube y la página de acceso a Blogger, y ahora para pasar las horas de aburrimiento allá me he metido a jugar en Yahoo! Games. Ya me estoy haciendo bueno en Bejeweled y Dominó.

El chiste es que he tenido la intención de escribir, pero por una u otra no lo había hecho. Pero anécdotas nos sobran, así que hoy tenemos no una ¡sino DOS entradas! Y bastante larguitas, por cierto, para que no me extrañen mucho.

Disculpen la larga espera.

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UNO-1-UNO

En mi familia le sabemos a las manualidades...

Todos en la familia de mi papá tenemos la vena artística muy desarrollada. Carlos, mi ex, me dijo (no sin cierto tono burlón) que la mía era 'una familia muy varonil' porque le comenté que dos fines de semana antes de navidad fuimos mi papá, mi hermano y yo al mercado de artesanías de Coyoacán a aprender a hacer manualidades. Arturo aprendió a tejer por que quería hacerle una bufanda a su novia, yo me fui a las clases de origami para aprender a hacer cajas de papel con forma de estrellas de seis picos (muy monas, por cierto) y mi papá por no dejar se sentó conmigo, pero a aprender a hacer flores de papel. Lo que se le escapa al pobre de Carlos es que él también se pone a hacer manualidades con su hermana y que mi papá dibuja mejor que él y yo juntos. Pero en fin.

No era el caso de este post, regresemos. Un fin de semana antes de navidad fuimos a casa de mi abuela por que mi hermano estaba necio en que quería que mi abuela le ayudara a tejer la bendita bufanda porque, siendo novato (y buga), se hacía bolas con las agujas. Cuando llegamos, ellos ya tenían la mitad de la casa arreglada para Navidá pero estaban haciendo la otra mitad de los arreglos. Mi tío Roberto, que es maestro de Artes Plásticas en una secundaria (y closetero con una relación de cerca de 20 años) es el encargado y cabecilla de todos estos menesteres, seguido por mi abuela (que pinta cerámica, borda en listón y teje en todos los estilos) y mi tía Mónica (que también pinta cerámica además de tela). Pero todos en la casa hacemos cosas -más o menos- artísticas de un estilo u otro.

Total: llegamos y mi abuela se puso a enseñarle a Arturo lo que le faltaba y dónde le fallaba mientras yo le enseñaba a otra de mis tías a hacer cajitas de papel de otro tipo; ya desde ahí perfilaba cómo iba a estar el resto de la tarde. Un poco después, fuimos todos en procesión a conseguir el material que faltaba a Fantasías Miguel y como sucede en estos casos, salimos con material de más.

Llegamos a la casa, y mi abuela (que se había quedado terminando la bufanda de la novia de Arturo) ya tenía la bufanda y la comida listas. Comimos todos y después de un rato de sobremesa todo mundo -hombres, mujeres, adultos, niños, gays, bugas- le entró durísimo a lo de los adornos que faltaban. Imaginen la escena: mi papá y mi abuela pintando y decorando un bote, y nosotros como en producción en masa; yo hacía cadenitas de cuentas con un primo, las pasabamos a mi tía y mi otro primo que las acomodaban en unos palitos, ellos se las pasaban a otra tía y su hija que las acomodaban en las guirnaldas para hacer coronas, mientras Arturo y mi tío Roberto pegaban todo. Diez personas, una familia, haciendo manualidades y hablando como loros una tarde de domingo. Salimos de ahí como a las 6:30 de la tarde pero acabamos todas las joterías que estábamos haciendo. Por cierto que las coronas quedaron de buen tamaño, como de 50cm de diámetro. E hicimos bastantitas, como diez.

Ha sido de las ocasiones en las que más me ha gustado ir a casa de mi abuela.

Ahora a un poquito de distancia, y con un poco de ardor (sí, lo admito), me pregunto que hubiera dicho Carlos de habernos visto: O acaba por decirnos putos a todos, o pregunta en que puede ayudar.

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DOS-2-DOS

...pero también a la mecánica.

"Es una cantina de mariscos", me dijo Yasmín cuando me invitó. Y tenía razón: El Ocean Drive, aquí al sur de la Ciudad, es una cantina fresa donde igual te dan unas quesadillas de camarones deliciosas que te llevan un dominó; aunque en el privado, que era donde estábamos Yasmín, Mariné, su hermano, los amigos del hermano y yo el pasado viernes 29, probablemente hubiera estado fuera de lugar pedir un juego.

Hasta donde tengo entendido, se invitó a varias personas pero de todos los invitados fueron pocos. Especialmente sobresalía un ausente: Alejandro, que desde la escuela juega a ser nuestra madre. La Puta Madre, para ser precisos.

Ale había quedado de llegar al Ocean a las 12 de la noche pero no se había aparecido y es muy raro que él no responda a una invitación de éstas, así que le mandamos mensajes para saber qué había pasado. La razón: estaba en una gasolinera a dos cuadras, pero con una llanta ponchada cortesía de un bar cercano llamado Trastévere (Luego nos enteramos que a otra chica le hicieron lo mismo). Y siendo gay, era MUY improbable que él solo pudiera (o supiera) cambiar una llanta.

Para entonces, el hermano de Mariné and co. ya se querían ir a seguirla en casa de alguno de ellos (por que para variar les faltó dinero), y Yasmín y Mariné querían ir a otro lado, así que me fui con ellas primero por la Madre y de ahí pasaríamos al barcito donde una amiga de la Nena (Yasmín) nos había invitado.

Fuimos tres coches por Alejandro: Yasmín y Mariné en uno, la amiga y dos chavos bugas en otro, y yo solito en mi Chevycito. Alejandro tenía las intermitentes puestas y sorpresivamente, ya había quitado cuatro birlos de la llanta. Faltaba quitar el birlo de seguridad (que no entraba en la llave) y levantar el coche para sacar una llanta y meter otra. Aquí es donde viene lo divertido.

Resulta que éramos tres coches y NINGUNO traíamos herramienta mas que la de agencia, que es una llave pequeñita que no sirve de nada y un gato de manivela que es todavía más inútil, pero la mejor parte sucedió a partir de cuando todo mundo se quedó viendose la cara a la hora de poner el gato. Todos con licencia de manejo y nadie, NADIE, sabía poner un gato, más que su seguro servilleta. Entonces, con todo y pantalones nuevos (NUEVOS, recién estrenados), me acosté en el piso a poner el gato para, al menos, subir el coche un poquito. Yo no tengo fuerza en las manos, pero al menos puse el gato lo mejor que pude para que uno de los bugas que estaban con nosotros me hiciera el favor de levantar el coche. Cuando llamé a uno, en lugar de acostarse, la señorita se pone en cuclillas (ni las rodillas apoyó) y desde ahí intentó darle vuelta a la manivela. Desde luego, no pudo, y el tiempo seguía corriendo.

Un señor que había ido a cargar gasolina nos vio, se apiadó de nosotros, se acercó para preguntar si podía ayudar y como Deus Ex Machina, sacó un bonito gato de patín y una llave donde el birlo de seguridad si entraba, y mientras él me hacía favor de quitar un gato y meter el otro, yo hacía fuerza con el birlo de seguridad. Pero los bugas seguían sin moverse, Ale cruzado de brazos (el manicure francés sale carízzimo) y las viejas echando chisme.

Y mientras el señor y yo forcejeábamos con la maldita llanta que estaba metida a presión y no salía, todos ellos se nos quedaban viendo, pero sin hacer nada. Ni echarnos porras, vaya. Al final la llanta salió y metimos la otra, que estaba chueca y sólo aceptaba cuatro birlos. Y ellos sólo salieron del marasmo para agradecer (produndamente, eso sí) al señor que al igual que yo, tenia la ropa y las manos NEGRAS. Y como las toallitas que traía la Madre para limpiarse las manos ya se le habían acabado, fui a la manguera de agua a enjuagarme lo más que pude, pero igual ya estaba todo lleno de grasa.

Ya todos metieron su herramienta, cerraron los coches y nos pusimos en marcha para la siguente parada: El bar. ¿Si? Pues no. La amiga de Yas se adelantó junto con los bugas al bar y nos dejaron, pero nosotros veníamos al pendiente de lo que le pudiera pasar a Ale, con tan mala suerte que a dos cuadras de la gasolinera la llanta le empezó a vibrar y nos tuvimos que detener a ver que pasaba ahora.

Los birlos estaban flojos, el de seguridad de plano se había desenroscado por completo. Eran 1.45am en Av. Revolución y nosotros atorados esperando un taxi o una patrulla que nos pudieran prestar una llave de cruz. Después de varios semáforos y ningún taxi, tomamos la determinación de quitar el de seguridad y poner el otro birlo normal en su lugar, pero una vez más, Alejandro cruzado de brazos y Yas y Mariné viéndome hacer toda la fuerza posible para apretar bien los birlos y que no se fueran a salir de nuevo.

Tanto ajetreo había cansado a Alejandro, que mejor decidió regresarse a su casa y yo le hice segunda, puesto que el día no había sido bueno para mí tampoco y con la llanta ésta, menos. Las Nenas si se fueron al bar pero yo llegué a mi casa a lavarme las manos y a echar el pantalón (con doce horas de haberlo estrenado) a la lavadora, decidido a comprarme herramienta para que no me vuelva a pasar esto, pero al final contento de saber que si se me poncha una llanta, al menos no necesitaré que me rescaten.

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Oyendo: Bengala - Domingo a las seis (versión de estudio)



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Oye!!
Y por que no me habias dicho para encargarte unos buenos adornitos pa'l escritorio!!
Como que a mi lugar le falta "espiritu navideño"

Que lindos todos en tu casa, by the way!! Y que super open-minded tu hermano que teja! La mayoria de los chavos que conozco no lo harían ni en defensa propia!

Oye, te sacaron fotos mientras cambiabas la llanta?? No se de nada tan, pero tan sexy que un hombre ensuciandose las manos mientras arregla su coche!!
Deberias poner esa foto en tu perfil! Vas a ser el más popular!!!

Luv ya, man

PD-Enseñame a hacer cajas en forma de estrella!! Por favooor!!!!!

PDD- Eso, macho!!

Anónimo dijo...

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