De cómo los fantasmas se han empezado a ir

Hace ya algún tiempo, una pareja se prometió ir a visitar un centro comercial que estaban apenas abriendo, pero que se veía súper bien a pesar de todavía estar en obra negra. El dichoso centro comercial está donde antes era un famoso parque de beisbol cuya demolición fue polémica. Ambos se prometieron que a la primera oportunidad que tuvieran de ir juntos, lo harían antes de visitarlo con otra persona.

Uno de ellos, fiel a su palabra, conservó la promesa, pero el otro no: su ex le habló para verse, y propuso precisamente el centro comercial... no pudo negarse, a pesar de saber que rompía con lo que había prometido.

Con el tiempo, ellos rompieron (adivinen), pero el que no fue seguía sin ir. El hizo una promesa y ahora que no estaban juntos, no había por qué ir. No hay caso, estaban separados, quería conocerlo a su lado... y no sería posible.


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Ayer me invitaron a Parque Delta para comer: que la vista estaba muy buena, que servía para relajarse un poco, que no me quedara encerrado en la oficina. Y sin pensarlo dos veces, acepté.

No conocía, pero no quería quedarme más tiempo protegiendo promesas que estaban rotas de antemano. Y sí, la vista es muy buena, hay hartas tiendas en tres pisos, la comida es como la de cualquier centro comercial (toda junta en una misma área) y tanto movimiento nos daba un poco de energía para seguir con el día.

Yo comí una papa al horno con jamón y queso y agüita de horchata (de la Antojería Santa Lucía, muy recomendable). Una amiga también pidió papa al horno, pero rellena de guisado. Otra chava arrachera, los de la mesa de enfrente hamburguesa y Domino's, y así. Todos platicando, sacudiéndonos la mala vibra de la oficina, y olvidándonos de que en la oficina la batalla es campal.

Quería helado, y fuimos a Nutrisa. Me receté un helado grandote con triple topping y mientras todos seguíamos viendo las bellezas naturales del lugar, cada quien lo correspondiente. Era viernes, y ya debíamos haber salido de la oficina, de modo que no había prisa de regresar: decidimos irnos caminando, unos 2 kilómetros de sol tibio y tarde tranquila, que nos hicieron lamentar que tuviéramos que regresar a la oficina.

Pero no importa: el plan de regresar la próxima semana al cine está hecho. Y yo lo inicié.

Parque Delta por mucho tiempo representó el bastión de lo último que me unía con Carlos como pareja. La apoteosis de las promesas que se quedaron sin cumplir, pero yo esperaba que todavía pudiéramos rescatar. Pero ahora, es sólo un centro comercial que no tiene la culpa de que a mí me hayan dado calabazas, y desde ayer que lo descubrí y me gustó, pretendo visitarlo sin pena ni remordimiento de conciencia por algo que está acabado desde hace un rato. Lo tuve mucho tiempo, pero ahora que empecé a quitármelo, la inercia debe hacer lo suyo.

Y él, pues... no está. Pero ya no pesa.
Empiezo a sanar.


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Oyendo: Miranda! - Bailarina



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