Guadalajara: el primer fin de semana


Algo que se me olvidó decir en el post pasado es que pasando una caseta (si no mal recuerdo, la de Tepatitlán) había un retén de la policía federal. Por supuesto, un chico guapo viajando solo en un Stratus despierta muchas suspicacias. Para no tardarnos mucho y entrar por completo en el fin de semana dejémoslo en que la revisión se hizo mucho más corta cuando el poli que empezó a checar mi coche vio mi OST de Final Fantasy VII y empezamos a platicar del juego.

Ahora sí: el sábado. Yo, para variar, me levanté estúpidamente temprano y me dispuse, como siempre, a hacerme de desayunar... salvo que no sabía muy bien qué había para el desayuno en esta casa nueva. Así que solo me hice un café, digamos, de modo artesanal y me subí a prender mi compu y ver videos en Youtube. Al poco tiempo Raúl despertó y las cosas se aceleraron. Le pregunté qué fregados se desayuna en esta casa y propuso desayunar en el tianguis, aprovechando que tenía que ir por el filtro de agua de la nueva integrante de la casa, una tortuga. Bonita casa de freaks: dos ingenieros, una gata y una tortuga.
La agenda del día estaba llena y como que no me emocionó el plan, pero era más el hambre que la voluntad y acepté ir.

Al final fue una buena decisión. Desayunamos allá, pero también compramos fruta, ate, queso y algunas cosas que me hacían falta a mí, como un peine y un reloj. Una jericalla se coló en las bolsas. Íbamos a comprar el filtro pero a Rulo se le acabó el dinero y tuvimos que regresar a la casa.

Ida y regreso. Tiempo de hacer el quehacer, en la tarde iba a haber una fiesta. Así que nos pusimos nuestro cosplay de chacha y empezó la barredera, la trapeadera y la cambiada de agua para la Torta (la tortuga, que es como llamar a los tacos Takeshis).

La gente llegaba a las 4, pero antes que eso teníamos dos tasks más que completar, ir en camión a mi trabajo (para medirle el agua a los camotes) y comer, mismos que fueron hechos en cabal orden. Esa fue mi primera vez, y no dolió como pensé que iba a pasar. El lonche (una vil torta) que me comí estaba bastante bueno.

Regresamos a las 4:30 y en menos de lo que puedes decir "all the single ladies" el primer invitado avisó que ya estaba cerca. En lo que yo me metí a bañar Rulo fue por el y cuando llegaron yo ya estaba en toalla completamente sexy. En realidad no, solo tenía el cabello mojado y bajé a recibirlos. La demás gente no tardaría en llegar y decidimos ir por el súper y las pizzas en lo que bien podría llamarse "tres mujeres atacan Zapopan".

Cuando llegamos, las trompetas celestiales (o los gritos de "¡no mames, me vas a ganar!") anunciaban que la fiesta de cumpleaños de Raúl era una reunión geek como hacía años que no veía.

Cuatro jugando Smash, otros dos jugando Pokémon y por allá otros de(s)velopers platicando entre ellos. El cielo, pues. Me presentaron con quien no me conocía y entré derechito a una reta de Smash acompañado por tres rebanadas de pizza y un vodka tonic. El paraíso, les digo. Iba a jugar Mario Kart cuando el festejado decidió que ya quería partir su pastel, nada menos que una pokébola con un Charmander de chocolate en 3D en la parte de arriba. Se apagaron las luces, se cantaron las mañanitas y seguimos jugando. A la nada de tiempo se armó la reta de Just dance y con eso coronamos el día cerca de las 12 de la noche, bailando los habitantes de la casa "Rich girl" y riendo de toda la diversión que yo no había tenido en por lo menos el último mes antes de llegar a Guanatos.

El domingo en la mañana no hubo mucho problema en realidad. Desayunamos pastel ( :3 ) y nos preparamos para el Color Me Rad.

Color Me Rad es un evento raro. Podemos definirlo en pocas palabras como "aviéntense bombas de color los unos a los otros mientras escuchan EDM". Todo era (literal) risas y diversión hasta que por seguir a cierto roomie que conozco en treparse a la pirámide inflable y casi llegar hasta arriba me resbalé en uno de los MUY endebles peldaños y... ¡suelo! (inflable).

Caí tan mal que me lastimé los dos tobillos, si bien uno más que otro. Pegué tal grito que todos los presentes a menos de diez metros voltearon a verme. Entre el culpable y su amigo me cargaron hasta cerca de donde consiguieron botellitas de agua de sabor congeladas para ponerme una en el tobillo izquierdo, que ya empezaba a inflarse como el globito del que me había caído. Mal que bien, como la herida estaba caliente después de un ratito de hielo en el tobillo, aunque ya parecía el hombre elefante, pude caminar al baño (a 60 metros) en cinco pausas. Pero para mí la diversión había terminado... y no se si para ellos también por la hora o por simpatía, de modo que una media hora después en lo que el niño chiquito del amigo lanzaba las últimas bolsitas de color yo estuve sentado.

Pero lo mejor estaba por venir, aunque por desgracia yo no lo vi. Desde que estábamos haciendo fila para entrar, Aaron (el chiquitín) vio un oso de peluche viviente, una botarga para animar a los niños, y nos hizo prometer que iríamos a buscarlo cuando llegáramos. Cuando se decidió que ya estaban cansados y que yo debía irme a descansar (después de ir a hacer un pago) fuimos a buscar al bendito oso. Pero cuando lo vimos en vivo (la botarga debía ser como de 1.80 m) el pobre se espantó y casi se echa a llorar. Cuando al fin lo convencieron de tomarse una foto con el osito, aunque fuera de lejos, el muy cabrón empezó a moverse despacito hacia Aaron y cuando se dio cuenta era demasiado tarde...

Pasadas las risas a costillas del pobrecito, ellos se fueron a su casa y yo con mi dolor directo a pagar el teléfono para no quedarme sin comunicación en mis dos semanas fuera del país. Rulo me hizo favor de llevarme a un CAC muy cerquita de donde estábamos con la promesa de correr (pun intended) a pagar y de ahí a la casa a comer algo mientras me tomaba una pastilla. Para entonces yo ya traía una dona en el tobillo.

Imaginen la escena: dos adultos jóvenes despeinados, sudados, pintados de pies a cabeza de al menos cinco colores diferentes, uno cojeando, paseando casual en uno de los malls más fresas de Guadalajara. Pues esa cara pusieron al menos 100 personas un domingo a las cinco de la tarde mientras subíamos dos pisos. Pero con tan mala suerte que cuando llegamos al CAC y preguntamos por mi factura resulta que el corte había sido un día antes y no se reflejaría sino hasta un día después. Así que hicimos el ridículo en vano y yo a esa hora podía haber estado con la patita vendada.

Para colmo de males, la zona de comida estaba a reventar (¿En domingo en la tarde? ¡Quién lo hubiera pensado!) y lo más que alcanzamos fue media banquita en el pasillo para comer una Carl's Jr. Pasado el penoso episodio, Raúl fue por el coche en lo que yo me sentaba afuerita para esperarlo (y no medio caminar ooootra vez esos 200 metros) y uno de los momentos más felices del día sucedieron de repente. Me encontré con un amigo al que jamás pensé que me fuera a encontrar, sobre todo porque trabaja del otro lado del país. Ya me había dicho que iría a Guadalajara pero no me dijo cuando, aunque resulta que si todo va bien próximamente será uno más de los que estamos invadiendo la Perla de Occidente un joto a la vez.

Llegó Rulo y cojee hasta su coche. Llegamos a Zapopan cerca de las siete sin muchas ganas de hacer nada más que sentarse a ponerme Voltarén y vendarme el tobillo mientras contemplamos el agitado primer fin de semana de un nuevo chilango en Guadalajara y planear cómo haríamos para que llegara a mi primer día de trabajo sin muchos contratiempos, ni físicos ni de tiempo. Como pude subí las escaleras con un sándwich a poner en Facebook (por supuesto) las fotos del bonito evento y el desafortunado otro evento.

Así fue como acabó un gran fin de semana, con todas las pilas para empezar en un nuevo trabajo. Pero para variar, uno pone, Dios dispone...



1 comentarios:

ToweringSage dijo...

Toñin (T_T) quedó pendiente la platicada pues. Me ocupé esos dos días entre que comprando muebles, el examen que me hicieron, tomarme fotos para los trámites que tengo que hacer y un sinfin de cosas aburridas que ni al caso.
Pero como dices, ese fue el momento más importante del día cuando nos saludamos y pronto conquistaremos Narnia... bueno, empezaremos por Zapopan, luego, Guadalajara, Tlaquepaque, etc, etc, etc.
Ya mero caigo por allá, a finales de año. Ya te aviso cuando tenga una fecha mas en concreto porque aun no corto las cuerdas que me atan aca al sureste.

Me dará gusto verte de nuevo por allá. Hechale ganas, te mando un abrazo y hay que seguir en contacto :D