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No se si dar las gracias

Pasa que cuando uno está de viaje en un lugar al que normalmente no va, todo mundo tiene una (o dos o veinte) peticiones que hacer.

Entonces, al momento llevo, además de mi ropa, dos playeras, un control remoto, un celular, una funda de celular, unos audífonos y dos lápices labiales. Sí, oyó usted bien, dos lipsticks. No está mal que le pidan cosas a la gente que viaja (yo mismo lo he hecho algunas veces), pero hacerlo a la mitad de un viaje de trabajo pidiendo cosas MUY específicas es una mentada de madre.

La historia es como sigue: cierta persona que conozco creyó que era una buena idea que pagara un taxi de ida y uno de regreso a una tienda a media hora de mi hotel para conseguir unos lipsticks para su novia. Pero además la señorita (la novia), que es de gustos refinados, quería alguna de dos marcas muy nice o nada, y dentro de esas dos marcas había dos tonos que le hacían ojitos. Todo lo cual, claro, pedido con un "pero solo si puedes" al mejor estilo del Gato con botas por la señorita (el novio).



Yo que soy pendejo pero voy a misa pedí una transferencia por adelantado. Solo faltaba que los pusiera yo y me los pagaran cuando fuera al D.F. Se acordó que el movimiento se haría en la tarde (misteriosamente el banco decidió que sábado en la mañana era un buen momento para hacerle mantenimiento a su sitio) pero para las 4 p.m. no había noticias, de modo que yo seguí en las labores propias de mi sexo (o sea, estaba lavando ropa) y no salí a ningún lado.

El lunes, pues. Una vez más, en la más brutal de las casualidades, la transferencia "no cayó" y todo apuntaba a que las dos señoritas solicitantes se la iban a pelar. Pero como la fortuna es más perra que uno el compa con el que vine de trabajo quería ir al mall más cercano y preguntó si yo también quería ir. Por las razones que quieran me daba MUCHA flojera ir a aguantar gabachos odiosos solo y dije que sí. Lo peor que puede pasar es que nomás me de una vuelta en vano.

Nos dio aventón un gordito de la oficina y, la verdad sea dicha, nos aventó en la puerta. Todo un mall a la mitad de la carretera para nosotros solitos.

Nos metimos al centro comercial por un Sears. En lo que el vato (es de Tijuana) buscaba tenis yo buscaba el área de maquillaje, que acabó siendo una mini islita en medio de la ropa.

Nada para nadie. Salimos para adentro (es decir, salimos de Sears por dentro del centro comercial) y en lo que el se metía a una tienda especializada yo me separé para buscar un mapita del lugar. No lo encontré a la primera, pero me topé con JCPenney, Macy's y Nordstrom, pero en ningún pinche lugar vendían MAC. Hasta que ahí a lo lejos, en Dillard's, a punto de cerrar, encontré el apartado de Makeup Art Cosmetics.

Muy bonito todo, tengo la repisa de labiales enfrente... ¿cuál chingados quería?
Entre tanto ver los labiales esperando que me acordara de milagro de los tonos se me acerca la chica a cargo del área y me pregunta si estoy bien o necesito algo. No hubo testigos afortunadamente, pero sospecho que me puse del tono fucsia del labial que estaba tomando en ese momento.

Llamada rápida internacional. Que tampoco se acuerda, que me manda la imagen. Dos minutos y nada. Le quiero volver a marcar y mi teléfono me manda por las cocas, sospecho que por falta de saldo internacional o algo. Las dependientas despidiéndose y yo perdiendo mi zen poco a poco.

En ese momento, caídas del cielo, aparecieron tres rayitas de internet en mi teléfono. ¡Había Wifi libre! Mandé mensajes como si no hubiera un mañana -y en un sentido estricto no lo habría, yo pensaba no volver a salir tan pinche lejos del hotel en la semana como no fuera al centro por una chela.- Ahí la cosa cambió, el novio empezó a mandar mensajes como si estuviera pidiendo que lo salvaran del Ébola. Pero lo bueno es que me llegaron las fotos de los tonos y me barrí en safe antes de que cerraran.

-Si, estos dos. 
-¿Algo más? 
-Nada más, muchas gracias. 
-Perfecto, son 34 dólares.

¡Jesucristo del huerto! Si nomás quiero las barritas, no el spa incluido. Pero bueno, no lo voy a pagar yo al final del día, así que apliqué el plan Z del viaje... la tarjeta de crédito.

-Gracias por su compra,que tenga un buen resto del día.

Voy a tener un buen día cuando vea esos 34 dólares en mi cuenta, antes lo dudo. Pero ya tenía demasiado sueño hasta para enojarme, lo único que quería era encontrar a Efr...
Pero a Efrén lo dejé 30 minutos y 476 tiendas atrás, y no tengo su celular. Entonces no queda otro remedio que caminar hacia el último lugar donde lo vi, a ver si de casualidad sigue probándose tenis.

En la planta alta no estaba el joven, así que a huevo debería estar en la planta baja, pero con el tobillo que aún me duele no iba a bajar escaleritas de caracol y volverlas a subir a menos que fuera absolutamente necesario. Va todo de regreso pero fijándose en el piso de abajo.

En cualquier otra circunstancia no me alteraría este curioso hecho, pero aquí el agravante es que no traía suficiente dinero para tomar el taxi de regreso y básicamente dependía del vatillo para no dormir cobijado por las chamarras de las tiendas. Al final nos encontramos a la mitad pero en planos diferentes.
Dos tiendas más (una de ellas de cremas y joterías para las señoritas -aparentemente las novias son muy malinchistas-) y nos subimos a cenar al área de comida rápida.

La cara de destrucción de los dos era de notarse. El domingo cambió el horario de verano en estos desiérticos lares de la tierra y llevábamos nueve horas de quebrarnos el coco. Al menos yo estaba a punto de quedarme dormido encima del teriyaki con sabor a plástico.
Muertos por el día de hoy nos enfilamos a la salida cuando nos cayó el veinte que esto no era Perisur: aquí no hay sitio de taxis a la salida (máxime que de verdad el centro comercial está a la mitad de una carretera interestatal). ¿Qué hacemos? ¿Ofrecemos sexo a cambio de que nos lleven de perdida cerca del hotel?

No (por ahora). El tijuanense emérito trae celular de Estados Unidos y con lo poquito que le quedaba de saldo marcó a un sitio de taxis para que pasara por dos mexicanos con bolsitas con tinta color rosa parados a un lado de "Abuelo's - Mexican restaurant" para llevarlos a su hotel. Las aventuras de Priscilla, reina del desierto, pues.

Y cuales señoritas de moral cuestionable, estábamos parados en el inmenso estacionamiento, con un helado, enfrente de una troca que traía narcocorridos a todo volumen.

El taxi llegó a los veinte minutos. Pero si usted pensó que este desmadre había acabado, ¡error! El camerunés que venía al volante hablaba español y le iba al América por el simple hecho de que habían fichado a Kalusha Bwalya hace veinte años. Sabía (mejor que Efrén) fechas y nombres de efemérides de México y de verdad fue la cerecita del pastel de este día digno del mejor trip ácido que hayan tenido sus Mercedes.

Si hoy sueño con estelantes y guartas no me va a caer de extraño. Son de esas cosas que uno TIENE que contarle a los hijos en su momento, pero por ahora ustedes tienen la primicia.

Además, este viaje internacional no había tenido mucho chiste. Porque no es viaje hasta que no te subes a una ambulancia de urgencia, pierdes un vuelo al otro lado del país, o vas cazando lipsticks en lunes a las siete de la tarde.

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