Martes: Dios bendiga a Guadalajara y su vista privilegiada

El día empezó a las 8. Me levanté a bañarme, me vestí y como habíamos quedado, yo ya estaba listo en la recepción del hotel 8:40.

Salvo Liz –mi jefa directa- que fue previsora y pidió su desayuno desde ayer, nadie había desayunado (yo ni cené), así que todos nos moríamos de hambre. Pedí piedad para ir al Sanborns por un chocolate pero no me la dieron. Pasamos a la promotoría y con tanta suerte corrimos que no bien llegamos nos pidieron 10 minutos para limpiar, así que el Mario el gerente nos dijo al otro Mario y a mí que lo acompañáramos por “un juguito”. Acabamos en el buffet de Sanborns (al fin íbamos con el director del equipo) y me salí con la mía de comprar un chocolate para la media mañana.

El resto de la mañana fue rápido. Mi aprendizaje, también. Ayer, Rolando y Liz tuvieron que entrevistar al encargado de Sistemas y salieron cono el hígado al revés pues el ídem del chavo es de estos freaks de computación que se creen reencarnaciones de Bill Gates –pero Región 4-, fan de Star Wars y amo y señor del área de Sistemas. Yo estoy acostumbrado a tratar a éste tipo de personas (había varias en mi carrera) así que ofrecí mi natural empatía y mi carismática sonrisa (además de mis muchas ganas de subir en puntos dentro del equipo y a los ojos de los gerentes) para servir de entrevistador y recoger los datos que faltaron del día anterior. No hubo diagrama de flujo pero si varias observaciones específicas que se fueron directo a los archivos que yo tenía que completar, además de ganar la, uh, simpatía del tipo y lograr que soltara datos que a ellos no se los había querido dar. Liz (jefa de equipo, próxima promovible a gerente y quien me recomendó para el proyecto) me acompañó a la entrevista y quedó sorprendida.

La hora de la comida. El Sanborns no sería la opción hoy, pero las Tortas ahogadas sí. Teníamos antojo de algo típico y nos recomendaron un puestecito que estaba en la calle de atrás de donde está la promotoría.

Cabe resaltar que hasta el momento, Guadalajara había sido mayoritariamente femenino. Dentro de la misma promotoría, sólo hay 5 hombres y todo el resto del edificio está poblado de mujeres, más o menos la misma distribución del hotel y en general, de la ruta hotel-oficina-hotel. No es necesario decir que el equipo estaba maravillado (no es para menos, las chicas están rebien), pero yo esperaba algo más como para mí, aunque hasta el momento se me había negado.

Doblamos la esquina para la calle atrás de la oficina, y se hizo la luz.

¡Con que aquí estaban escondidos todos los hombres! Casi todos eran altos, guapos y fuertotes, pero todos, TODOS, tenían esos ojos tapatíos de leyenda que, bendito Dios, no son leyenda urbana.

Comimos en las tortas ahogadas y hasta me tocó jericalla. A mí me pareció todo medio desabrido, pero a mucha hambre no hay pan duro, y además satisfice mis ganas de algo típico. Después seguimos por la calle hasta una heladería y seguía la pasarela de hombres aunque desafortunadamente doblando la calle se me acabó el encanto.

Regresamos a la oficina y seguimos trabajando. Ésta vez sí salimos a las 6 pero tanto Liz como Rolando o yo no queríamos encerrarnos en el hotel a pesar de que ellos todavía tenían trabajo que hacer. Decidimos que como no sabíamos si el resto de la semana tendríamos chance de salir, iríamos a conocer el centro.

Fuimos al hotel a dejar las laptops, a pasar al baño y yo además tomé la cámara. Nos vimos en el lobby, y fuimos al centro. Extrañamente, para llegar al centro de Guadalajara, tomamos Chapultepec, doblamos en Hidalgo (donde vi un bar gay y como diez sexshops… ¿no que muy mochos?), pasamos Revolución y el taxi nos dejó enfrente de la Catedral, pero en el camino el taxista, muy amable, nos dejó interrogarlo acerca de buenos lugares para cenar, para comprar, para tomar, para ver, dónde estábamos, dónde quedaba el norte, a cuánto quedaba la Minerva…todo con una sonrisa y con su amable pero muy informada opinión.

Agradecimos profundamente y nos dedicamos a caminar por una gran parte del centro. Guadalajara en este momento pasó de ser una metrópoli agitada a un gran pueblo con aire de tranquilidad: Siendo las 8 de la noche, la gente hacía uso sano y hasta inocente de sus plazas públicas; fuera de los turistas que abarrotaban los restaurantes con terracita, el kiosco y la plaza a un lado de la catedral estaban ocupadas por niños corriendo, adultos sentados en las bancas platicando y en grupitos, adolescentes echando novio o gente simplemente paseando y disfrutando de una noche fresca en la tercera ciudad más grande de México en santa paz.

Nosotros hicimos lo propio. El taxista nos dio una pequeña ruta para la noche y nos dispusimos a seguirla. La relación fotográfica en orden, vacas incluidas:

[La Catedral de noche]
[El kiosko que está a un lado de la catedral]
[El ayuntamiento de Guadalajara]
[El escudo de Guadalajara]
[Beatriz Hernández, una de las primeras colonizadoras]
[La fuente de los Fundadores, atrás del Teatro Degollado]
[El Teatro Degollado]
[La plaza de las Dos Copas, entre el Teatro Degollado y la Catedral]
(nótese cómo la gente ocupa sus espacios en paz)
[La Muunerva]
[Leonardo da Vaca]
[Leonardo da Vaca con fondo de la Catedral]

No cenamos en el centro, mejor nos regresamos al hotel y allí cada quien pidió servicio a la habitación. Yo me puse la pijama y pedí cena de niño: chocolate y tarta tartin. Iba a la mitad de mi crónica del día (para ser precisos, cuando las tortas ahogadas) cuando sonó el teléfono. Era Rolando, que me esperaban en la recepción para cenar, así que le di save a la lap y me volví a cambiar para salir. Estaban todos, menos Liz (cuyo teléfono estuvo ocupado), así que en medio de puros bugas salí a cenar.

Por norma general, todo viaje debe tener algún imprevisto y nosotros nos habíamos salvado hasta el momento. Pero no por mucho tiempo: el taxi que nos llevaba a la mitad de la comitiva fue chocado por detrás de la manera más tarada (¡en un alto!) por un mono que iba contestando un mensaje. Al taxi sólo se le sumió la defensa, pero al coche del otro chico (un BMW) se le sumió la parrilla completa y la placa. El tipo aceptó la culpa y le pagó al taxista lo que le pidió -$1500- sin pensarlo. La cosa es que tenía que ir al cajero por el dinero, y el taxista por precaución lo acompañó para que no se le fuera a pirar, de modo que nos pidió que lo esperáramos cinco minutos. Mario el gerente (que venía con nosotros) ya quería llegar y prefirió esperar otro taxi que nos llevara. Sin embargo, mejor regresó el taxi con su lana por nosotros que otro taxi pasara por donde estábamos.

Llegamos al Amorcito Corazón), un restaurante bar con jardín muy monón pero fresa donde se ve que va parte de la gente bien de Guanatos, como la mesa de chicas que estaba en una esquina dejó ver. Claro, los otros estaban que se les volteaban los ojos, mientras yo checaba las instalaciones, la música ambiental harto bien seleccionada (Bossanova - Madredeus – Árabe – Enigma), la carta variadita y nada cara y en general, el lugar donde había caído.

Se pidió un tentempié de aguachile (camarones al limón en salsita de chile y cebolla morada) y de queso fundido en lo que llegaban los de otro proyecto aquí en Guadalajara. El aguachile estaba buenisisísimo, pero picaba y el quesito era una maravilla.

Llegaron los del otro proyecto: puro buga, y buga en serio. Entre todos, éramos 15 y de ellos 14 se seguían sabroseando a las chavas (la verdad es que había buen material) en lo que llegaba la cena. Yo pedí unas crepas poblanas buenérrimas y entre Mario el nuevo y yo le ayudamos a Mario el gerente con un molcajete enorme de carnes que le llevaron.

La cena transcurrió en buen tono. Los del proyecto nuevo son chistosísimos y todos nos estábamos riendo bastante, tanto que nos dieron la 1 de la mañana en el restaurant. La cuenta tardó siglos en llegar (“Bienvenidos a Guadalajara”, nos dijo un chico del otro proyecto) y al final nos dividimos en dos grupos: Los que íbamos para el hotel a dormir o acabar sus trabajos y el grupo que iba a seguir la fiesta, conformado mayoritariamente por los gerentes. Yo pa’ variar me estaba durmiendo y tan pronto me puse la pijama y toqué la almohada, me quedé dormido.

Además, el miércoles pintaba para ser un día muy pesado.



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