El santo de los indigentes, cap. 3


-"Las más difíciles eran las mujeres. Siempre quedaba la duda de si detrás de ese cuerpo calcinado, ahogado o muerto de frío no habría un hijo qué lamentar. Todavía tengo duda de algunas de ellas que no tenían tan mala ropa, aunque hubieran visto mejores ayeres. Podrían ser madres desamparadas, o homeless con mucha suerte. Pero nada que hacer ahora."

 

-"Naturalmente, los primeros diez llevados donde el Señor pasaron desapercibidos: 'un árbol cae sobre un joven', 'Se incendia la casa de campaña de un anciano', 'Amanece flotando en el Hudson una señora sin casa', de quienes no estoy particularmente orgulloso, pero es mejor que verlos sufrir."

 

-"¿Qué nunca pensó en llamar a Asistencia Social?" preguntó el juez, ya más calmado.

 

-"¿Para qué? ¿Para una sopa caliente por un día antes de regresar a su miseria? ¿Rechazados por sus ropas o sus deformidades? No Señoría, es más humillante para ellos." Dijo Sukahara a un lado de un abogado cada vez más pálido.

 

-"Y ese es otro punto. Sus manos chuecas u ojos tuertos. Pies colgando o brazos gangrenados. Cuando no se les ignora, se les insulta o incluso se les golpea. Eso, señor, no es trato humano.

Muertos deberían estar los profanos hipócritas que rezan preocupadísimos por ellos y a la hora de la realidad voltean al otro lado."

 

Algunas caras de la audiencia voltearon a ver al piso.



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