Estudiábamos juntos. Éramos buenos amigos. Y además, teníamos el mismo juego.

La única falla es que yo le dedicaba más tiempo al juego que el, entonces iba más adelantado.
Y digo falla porque, para variar y citando al Chapulín Colorado, se aprovechaban de mi nobleza.

La mitad del juego la pasó el conmigo al teléfono soplándole los cuartos de los calabozos de memoria (qué memoria, oiga usted... eran otros tiempos y había menos en qué preocuparse). Hasta que un día nos agarramos de malas y el me exigió que lo ayudara en un momento en donde estaba ocupado, yo le dije que no tenía por qué ayudarle, me dijo egoísta, algo más habré dicho yo y colgamos, muy enojados. 

Y el Ice Palace se le quedó a la mitad. No se si lo haya pasado pero de que es difícil, lo es.



En fin. Con todo y que The legend of Zelda: A Link to the past para Super Nintendo es el juego gracias al cual me peleé con alguien, fue de las primeras veces que defendí mi posición y evité seguir dando mi tiempo contra mi voluntad. 

Y la costumbre ya no se me quitó.

Siguiente nivel: Juego que nunca pude jugar



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